Un axioma es, señores, una manera de abrir, pero también cerrar un sistema. Proponer uno significaría restringir este ensayo a un pequeño mundo de ficción donde absolutamente todo funcionaría dentro de él. Evidentemente, esto es útil en algunas circunstancias, pero en este momento, se los aseguro, completamente ineficiente. Tomemos por ejemplo, algunos axiomas euclidianos: “Cosas iguales a una misma cosa son iguales entre sí”, o “Si a cosas iguales se le agregan cosas iguales, son iguales entre sí”. Pues bien… Suena bastante lógico, de hecho, en la matemática funciona… Pero cabe preguntarse hasta qué punto una noción tan básica puede explicar sistemas más complejos, donde las variables no son únicamente lógicas. En ese caso, ¿es aplicable la idea de un axioma? La respuesta es simple y contundentemente… "Puede ser". Hace muchos años, un cierto señor llamado Sigmund Freud, escribió sobre algo que él llamó “inconsciente”. Bien, en el inconsciente las cosas pueden ser o no ser, estar y no estar, confundirse y aclararse al momento de subir a un nivel subconsciente o consciente… ¿Qué demonios pasa por la mente humana? Quizás el mayor impulso del ser humano es la voluntad. O su carencia. ¿Podemos hacer un axioma de ello? Una vez más, no… Un axioma debe ser no demostrable y cierto siempre y en este sistema de estudio no estoy dispuesto a correr ese riesgo. Pero les diré qué… Desarrollar este sistema ha tomado años y su comprensión es extremadamente compleja. Así que, a la manera bíblica, nos haré un favor y pondré la voluntad en términos lógicos. Con el sencillo fin de que podamos comprender su alcance. Helo aquí:
Todos queremos lo que no tenemos.
Yo no quiero nada.
Lo tengo todo.
En el principio, aquel a quien algunos llaman Dios decidió crear el mundo. Éste era, antes de eso, caos, oscuridad, confusión; y sólo el viento de Éste a quien algunos llaman Dios existía encima de este desorden. Siete días se necesitaron para ordenar el mundo, siete días de ése al que algunos llaman Dios. Uno para separar la luz de la oscuridad; otro para separar al cielo del firmamento; otro para crear los mares y la tierra y ponerle vegetación; un cuarto día para crear la luna, las estrellas y al sol (que al fin y al cabo es también una estrella, pero para ese entonces no existía aún la astronomía, era apenas el cuarto día); un quinto día aún para las aves y los peces; y, a falta de quien se los pudiera comer, un sexto día para crear a los animales (entiéndase que el hombre está incluido en este conjunto, le pese a quien le pese). Y finalmente, un séptimo día para crear las vacaciones.
Desde entonces aquel mundo en principio ordenado empezó a moverse según la ciclicidad establecida por su orden espacial-temporal. Y, en la eterna búsqueda por su comprensión, ese animal que aquel al que algunos llaman Dios bautizó “hombre”, empezó a reconocerlo como propio, como morada y como entorno. Aquel al que algunos llaman Dios dejó entonces que el tiempo transcurriera sobre este nuevo mundo, y eso es lo que el tiempo hizo, porque nada más sabe hacer. Hasta que un día, Dios pensó que la vida del hombre era demasiado sencilla, creó a la mujer, y con ella el conflicto. Aquella fue la primera guerra. Y el hombre la perdió y fue expulsado del paraíso, pero esa es otra historia para ser contada en otra ocasión.
Sobre ese que se dice yo
- Daniel Zúñiga-Rivera
- Lima, Peru
- Nací en Lima, un viernes santo. Mis viejos dicen que por joder. Mi primer juguete fue un caballo de madera. Mi primer libro, El conde de Montecristo. Odié el colegio, me divertí en la universidad y aprendí algo de la vida en las calles. Viví solo en Buenos Aires por cuatro años. Fue difícil, pero me encantó. Mi mejor amigo es mi perro y el gran amor de mi vida, Vendetta. Escribo en un libro blanco. Me gusta tomar con amigos. A veces digo la verdad. A veces. Pero definitivamente soy mejor mintiendo.
Top 10
- 1. Pálido fuego - Vladimir Nabokov
- 2. La metamorfosis - Franz Kafka
- 3. Prosas apátridas - Julio Ramón Ribeyro
- 4. La vida, instrucciones de uso - Georges Perec
- 5. El orden natural de las cosas - António Lobo Antunes
- 6. La casa de cartón - Martín Adán
- 7. Perorata del apestado - Gesualdo Bufalino
- 8. El extranjero - Albert Camus
- 9. Una princesa en Berlín - Arthur G. Solmssen
- 10. Todo Mafalda - Quino
Archivo del blog
- noviembre 2009 (2)
- octubre 2009 (3)
- septiembre 2009 (4)
- mayo 2009 (1)
- abril 2009 (2)
- marzo 2009 (3)
- febrero 2009 (5)
- enero 2009 (1)
- diciembre 2008 (2)
- noviembre 2008 (2)
- octubre 2008 (2)
- septiembre 2008 (1)
- agosto 2008 (3)
- julio 2008 (4)
- junio 2008 (5)
- mayo 2008 (5)
- abril 2008 (4)
- marzo 2008 (5)
- febrero 2008 (1)
- enero 2008 (4)
- diciembre 2007 (3)
- noviembre 2007 (4)
- octubre 2007 (4)
- septiembre 2007 (4)
- agosto 2007 (6)
- julio 2007 (8)
- junio 2007 (7)
- mayo 2007 (8)
- abril 2007 (5)
- marzo 2007 (2)
- febrero 2007 (2)
- enero 2007 (4)
- noviembre 2006 (1)
- octubre 2006 (4)
- septiembre 2006 (6)
- julio 2006 (1)
- junio 2006 (4)



