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martes, julio 01, 2008

A media luz

Ha sido demasiado tiempo (o tal vez muy poco), y sí, sigo pensando tu nombre (mis labios se cortan) allí cuando amanece y

todo se detiene cuando otra droga me arrebata el miedo al mundo, siempre allí en la oscuridad. Diciendo tu nombre con la grganta áspera...

Y ahora estoy tratando de explicar por qué hay abismos y pánicos de nieve y mi cuerpo no reacciona y estoy más muerto que una canción mal entonada, y siempre he sido traicionado, no hay nada nuevo que agregar, nací un lobo de caza, con el alma tullida y la ansiedad en los poros, y mira lo que el mundo ha hecho conmigo, dije, ¿no te atreverías a ver el verdadero yo? Pero solo hay miedo en tus ojos como en todos los demás y no hay forma de salir de esta pesadilla ni aun ahora que aprendí a vencerte.

Puede que esté triste, pero quién no lo estaría. Tal vez no he sido suficientemente fuerte, pero la fortaleza no está en no caer, sino en caminar aun con las heridas, y yo sigo mi camino de sangre y siempre resucito, ¿por qué no te bastan mis promesas? De ti me es suficiente las palabras que te sobran.

Tu belleza es un aura de color dentro de la oscuridad, allí, decir tu nombre que resbala en mi garganta,

y ahora estoy tratando de contarte de mi vida y de decirte que he caído porque ya he vencido y que en mi afán de protegerte nunca moriría. No pienses que me dejo derribar, tan solo es una prueba, ¿no encuentras solitario este lugar? No me observes demasiado y más bien huye conmigo, la vida es un juego que ya hemos intentado, ¿estás cansada? Apuesto a que nunca has intentado

descansar sobre el piso.

domingo, agosto 26, 2007

Fantasmagoría

No… Ha sido todo verdaderamente injusto. Fue injusto desde el momento en que te vi, fue injusto desde el momento en que me hablaste en esa calle helada que debió quedarse con los trazos del silencio que pudimos dibujar sin más. Fue injusto desde que naciste, desde que mis ojos te descubrieron entre lo acostumbrado y desde que te hiciste querer. Fue injusto desde que me sonreíste, desde que confié en ti y desde que me hiciste dejar la espada en otro lugar sólo para teñirla con mi propia sangre. Fue injusto porque yo que dudo de absolutamente todo te creí y fuiste tú la que prefirió que la palabra duda quede inferida entre nosotros, como si realmente el abismo debiera permanecer en vez de desvanecerse, como si lo único importante que rescatar de mí fueran unos minutos diarios y el resto estuviera mejor donde estaba.

Pudiste advertirme tantas cosas. Pudiste hablarme en vez de dejarlo siempre todo sobreentendido, para así hacerme sentir que me tratabas exactamente igual como a tantos otros, que no evitábamos el contacto con un mundo que nos había lastimado tanto a ambos. Pudiste haberme evitado antes y acercarte después en vez de hacerlo de manera opuesta. Pudiste haberme explicado, pudiste haber no confiado en mí desde el primer momento, pudiste no aceptar mis disculpas y pudiste dejarte ser en una frialdad hiriente que no era más que los rezagos de la ciudad a la que perteneces. Pero fuiste otra cosa, completamente otra. Tú eras la única argentina del mundo que sonreía como si no hubiera nada de qué desconfiar. Eras eso y no porque yo te hubiera convertido, sino porque en tu naturaleza se dibujaba esa sonrisa como lo único rescatable de un montón de espejos infranqueables. Y no tienes ni idea de lo mucho que me doliste. No tienes idea de cuántos años le toma a un hombre aprender a llorar en silencio. No tienes idea de lo mucho que golpea una realidad que se ha ocultado detrás de una sonrisa como la tuya y que aparece en un cuarto oscuro, como una red pegajosa de oscuridades impalpables, como un reloj que se mueve demasiado a prisa para la lentitud y demasiado sosegado para el transcurso verdadero del tiempo, como una soledad próxima, dulce y por eso más dolorosa, como el filo de una noche más en vela, añorando cada espacio, cada porción de un recuerdo que no es más que todo lo que uno conoce ve y ha visto, que no es más que el inventario perfecto de un montón de líneas que no dijeron nada nunca y que pudieron más bien permanecer en silencio como tú pudiste permanecer en silencio y evitarme una noche de confrontarme a mí y perder contra todo el universo.