sábado, enero 20, 2007

La negativa // Franz Kafka

La negativa es uno de esos relatos tempranos de Kafka en los que asoman desde ya tanto la ironía como ese conocido toque kafkiano de resignación. Llama la atención la pertinencia, el golpe de dados de un relato que bien podría ser una fotografía de una calle en este siglo XXI. Sobre Kafka se ha escrito y se sabe demasiado. Pocos autores hay tan estudiados como él, y eso es absolutamente comprensible, si aceptamos que el alemán tiene, probablemente, la obra narrativa más importante del siglo XX. Así que no pienso alargar demasiado esta reseña, primero porque es uno de mis autores favoritos, y probablemente al que más recurro cuando es necesario refugiarse en la genialidad (lo que implica muchos posts venideros sobre Kafka, claro); y segundo porque me he tomado la molestia de transcribir este relato. Y sobre lo escrito, sobre todo cuando lo ha escrito Kafka, poner más palabras puede resultar hasta una especie de herejía.

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Recomendable: Para cuando sales a bailar y no te dan bola ni las moscas. Para cuando te das cuenta que las mujeres mienten, y aunque no sea su culpa, te jode.
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"Si me encuentro a una muchachita bonita y le pido: "Sé buena, ven conmigo", y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa:
"Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo".
"Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando".
"Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?". "

Desconcierto

No es raro escuchar a las mujeres quejándose de que los hombres carecen de sensibilidad, que sus intenciones son demasiado superficiales; ulteriormente, que no las entienden. Pero lo interesante del tema es que, efectivamente, los hombres no las entendemos, o al menos no en el sentido en que ellas quisieran. Y por otro lado, ellas creen que sí nos entienden y eso es también una gran mentira.

Paso una noche en la playa de Asia, en una discoteca. Mis amigos y yo intentamos sacar a varios grupos de chicas a bailar, pero siempre con el mismo resultado, en diferentes versiones: "tengo enamorado", "estoy en grupo", "después". Eventualmente una que otra acepta, algunas con mejor cara, otras con más o menos educación. Llega un momento de la noche en que algunos "no" pasan de lo descortés y empiezan a sonar como si aceptar el baile fuera una herejía, una especie de violación a un código sagrado. Al respecto, sólo se me ocurre la posibilidad de que en algún rincón remoto de esas chicas, esa proposición es una invitación a mucho más. Que uno las ha visto como algo inaccesible, algo que se desea de manera hasta hiriente. Y supongo también que se siente bien poder decir que no, con la actitud de que se es mejor que eso que te saca a bailar. Pero la verdad es que esa especie de acuerdo no escrito es esa absurda barrera invisible para que tanto ellas como nosotros nos simplifiquemos la vida. Habría que aprender que tanto las mujeres como los hombres, en determinados momentos, sólo queremos bailar.

Al fin y al cabo, lo curioso es que las mujeres en particular diseñan un patrón de señas, un lenguaje propio, pero finalmente no transmiten la manera de descifrarlo y esperan que nosotros desvivamos esfuerzos para leer esa extrañísima serie de señales crípticas. Iluso de su parte y descortés de la nuestra no intentarlo más. Es triste que vivamos resignados a ello, porque nos perjudica a ambos, pero nadie hace nada por remediarlo. Y es que toda mujer, alguna vez en la vida, ha dicho que no al chico que la sacó a bailar, aunque se muriera de ganas y lo que es peor, de aburrimiento.

miércoles, enero 10, 2007

El monte de las ánimas // Gustavo Adolfo Bécquer

La verdad es que Bécquer no es de mis autores favoritos. Quizás porque nunca me gustó mucho el romanticismo en general, tal vez porque no leo tanta poesía y la poca que leo no se orienta mucho hacia las Rimas de este español que, sin embargo, influenció a algunos de mis poetas favoritos, como Rubén Darío. Sea como sea, su cuento, o leyenda, como lo llamarían probablemente los becquerianos, El monte de las ánimas, es uno de mis cuentos de terror favoritos. Y como en el caso de la mayoría de libros que vengo reseñando aquí, no puedo decir exactamente por qué.

Bueno, para contar la historia completa, estuve dedicándole un par de días a reordenar mi biblioteca (sí, al fin todo ordenado por editoriales y todo), y saqué de entre esa pila de libros que uno ya ni recuerda que tiene, una antología de cuentos de terror ("horror", en realidad, es lo que se lee en la portada). Y allí, entre algunos cuentos clásicos y otros bastante mediocres, está este cuento del que supe por primera vez de manera oral, gracias a un tío que, durante muchos años, nos contó a mi hermano y a mí toda clase de cuentos. Durante un par de semanas, pues, mi tío sacó del baúl, a petición nuestra, muchos clásicos de terror que me estoy dando el trabajo de cazar de nuevo por estos días. Ahí va la dedicatoria para mi tío, y ahora vamos con este cuento en particular...

Así como Bécquer no es un autor que me fascine particularmente, este cuento no tiene tampoco nada que lo convierta en algo espectacular. No es, definitivamente, la clase de cuento que mete un gol de media cancha, ni el que uno recuerda para toda la vida. Pero sí es un jugador de repetición, sí es el cuento que llamó mi atención tan pronto pasé sobre él mientras ordenaba absolutamente toda mi biblioteca.

El monte de las ánimas ocurre durante el Día de todos los Santos. Día en que la caza de nuestro protagonista, Alonso, termina temprano: deben alejarse del Monte de las Ánimas antes que anochezca. Su prima, Beatriz, quien viene desde Francia, no comprende por qué, pero Alonso le cuenta la historia de la terrible guerra que allí se libró, así como los terribles relatos que han nacido de ella: los ruidos extraños, el repicar de las campanas, el aullido de los lobos que se oyen todos venir del monte en ese día de los difuntos... Y sin embargo, quizás porque lo considera una falsa habladuría campechana, quizás por curiosidad, quizás porque es mujer y tiene que hacer honor a su género, Beatriz se las ingenia para enviar a Alonso a ese monte durante la noche en busca de un lazo que ella perdió allí, completamente solo... Y entonces el motor de la aventura ha empezado aandar por el gesto más trivial, más insustancial del mundo; que termina siendo, en manos de una mujer, el nudo maravilloso de este cuento por todos los medios recomendable.

Dos cosas vale la pena añadir: primero, que entre los muchos cuentos de terror que mi tío me contó hace muchos años, este fue el único que me dejó una noche en vela. Segundo, que en este tipo de obra, la prosa descriptiva de Bécquer y su eterna fijación con la naturaleza la dotan de un ambiente único. Así que les recomiendo conseguirlo (o imprimirlo, pues está disponible en varias páginas de internet) y llevarlo a la playa, como uno de los fundamentales para leer de noche, a la luz de una fogata.

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Recomendable: En un campamento, para asustar a las chicas y a los cobardes del grupo.

Ficha técnica:

Bécquer, Gustavo Adolfo
Rimas y leyendas - Alfaguara.
216 p. - (Serie Roja Alfaguara)






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"- Tú lo sabes porque lo habrás oído mil veces: en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendientes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud; todo el ardor hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; yo he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y sin embargo, esta noche..., esta noche, ¿a qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡Las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa a dónde.

Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña. arrojando chispas de mil colores:

- ¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!"

Antojos femeninos

Me pregunto, ¿qué tendrán las mujeres que tienen la capacidad de manejar el curso de las cosas sin mayor requerimiento que el capricho? Y peor aún, ¿por qué lo hacen?

¿Se trata de simple crueldad? ¿Es su naturaleza dominarnos a nosotros, machos brutos que por siglos las hemos sometido a las más variadas humillaciones? ¿Es entonces una forma de venganza? Pero al fin y al cabo una venganza requiere, para ser verdaderamente válida, el esfuerzo de capturar a una presa digna. Ellas, sin embargo, parecen no necesitar de mucho esfuerzo para colgarnos en su pared como una anécdota más qué contar. No somos ni siquiera un trofeo. Para dominarnos; para conducirnos a donde de ningún otro modo hubiéramos ido, les basta una sonrisa, una palabra clave que suena absolutamente trivial, una mirada que intriga y a la vez no dice nada.

Nostros recaemos, hacemos, desafiamos lo increíble y nos desesperamos intentando impresionarlas. Y al final los aplausos se los lleva el titiritero y la marioneta vuelve a su caja de madera.

miércoles, noviembre 01, 2006

Silencio // Edgar Allan Poe

Venía pensando en postear algo diferente para el 31 de octubre, y pasaron por mi mente muchísimas cosas... Principalmente cuentos bastante clásicos de terror, y considerando que la riqueza del género permitiría citar obras por un buen rato, incluso en un momento consideré hacer una especie de "top 10"... Pero ni el tiempo era muy apropiado ni tampoco la idea terminaba de convencerme, finalmente no soy tan aficionado a la novela negra como para atreverme a hacer semejante tipo de catalogación. Así que recordé un par de antologías que cayeron en mis manos y muchos relatos pasaron por mi cabeza. Finalmente opté por un relato no tan conocido del magistral Edgar Allan Poe, un lado B, como diría un buen amigo. Silencio (Fábula), ese relato de Poe que no se parece a Poe. Por supuesto, de él habría mucho más que citar... Si se trata de hacer honor a un día de terror, valdría la pena comprar su obra completa y echarse a leer, garantizo que si apagan las luces y se dejan iluminar las páginas del libro con únicamente una vela, el resultado es grandioso... La caída de la casa de Usher es sencillamente sublime, El corazón delator, El gato negro, El pozo y el péndulo... En fin, hay demasiados cuentos extraordinarios de este autor que influenciaría la obra de autores tan importantes como Kafka, Borges o Cortázar.

Pero bien, ¿por qué Silencio? Hay algo especialmente magistral en ese relato. Algo que es distinto a todo lo que Poe escribiría, pero además algo distinto a todo lo que el resto de autores del género escribirían. Personalmente, hay un romanticismo detrás de todo eso, claro: ese fue el primer cuento de Poe que me hizo comprar uno de sus libros. Lo leí hace bastantes años, y terminó siendo uno de los cuentos más influyentes en mi propia obra. Y es que hasta que leí Silencio, creo que no se me había ocurrido que se podía escribir de esa manera. Tenía 10 años y mi profesora de lenguaje acababa de jalarme por no presentar un cuento con la estructura inicio-nudo-final. Y entonces apareció ese cuento fantástico y por primera vez en mi vida descubrí que los adultos no siempre tienen la razón. Aunque sean profesores.

Lean este relato de Poe; es sumamente corto y además lo van a encontrar en el internet fácilmente (y aunque a pocos les importe, es perfectamente legal que sea así). Quizás no tenga la extraordinaria calidad rítmica de sus otros cuentos, pero eso es perfectamente coherente, porque se trata de un cuento absolutamente experimental. Y no en el sentido de esos autores que pretenden hacer ruido con las palabras y hacerlo pasar por arte, sino en el olimpo literario de los maestros de la literatura de ambiente, lo cual convierte a Silencio en una obra absolutamente adelantada a su tiempo. Bien, esta es mi sugerencia para Halloween, y si luego se quedan ávidos de más, intenten mi experimento, corran a una librería y regresen con Poe bajo el brazo... Prendan una vela y no dejen de comentarme la experiencia...

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Recomendable: Luz de velas, campamentos, playas, casas viejas, cualquier lugar donde quieras pegarte el susto de tu vida. Mientras escuchas algo tétrico como Mars Volta.

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"Era de noche y caía la lluvia. Y cuando caía, era lluvia; pero caída ya, dijérase sangre.

Encontrábame en medio de la marisma, y cerca de los nenúfares gigantescos, y caía la lluvia sobre mi cabeza, en tanto suspiraban los nenúfares. El cuadro era de una desolación solemne.

De pronto, a través del leve velo de la funérea niebla, se levantó la luna. Una luna roja. Y mis ojos se fijaron entonces en una gran roca gris que se alzaba en la margen del río y a la que aquélla iluminaba. La roca era gris, siniestra, altísima... En ella había unos caracteres grabados. Avancé hacia ella por la larga marisma de nenúfares, hasta que me encontré próximo a la orilla, para poder leer aquellos caracteres grabados en la piedra. Pero no podía descifrarlos. Decidí, en esto, retroceder, y la luna brilló entonces con un rojo más vivo. Me volví y miré otra vez hacia la roca. Volví a mirar los caracteres. Y finalmente, pude leer estas palabras: DESOLACIÓN."

domingo, octubre 29, 2006

Tratado de las pasiones del alma // António Lobo Antunes

A este libro le tengo un cariño muy muy especial, porque es el primer libro de Lobo Antunes que cayó en mis manos y fue también el que convirtió en uno de mis autores favoritos. Me lo regalaron una navidad y aunque tenía muchas ganas de leerlo, lo tuve medio abandonado por un tiempo. Me acuerdo perfectamente cuándo lo abrí por primera vez: fue en el aeropuerto, rumbo a Buenos Aires, unos meses antes de mudarme. La verdad lo abrí sin saber muy bien qué podía esperar, y fue como chocarse con la maravilla sin estarla buscando: una sensación suprema. De más está decir que fue el mejor vuelo que he tenido en mi vida... Poco tiempo después lograría hacerme de la trilogía completa de esta serie maravillosa y más aún, llegaría a ver la presentación de una de sus novelas en la feria del libro de Buenos Aires, presentación por demás memorable de un tipo cuyo sentido literario es tan contundente como su obra.

La verdad es que hace mucho no había vuelto a pensar en este libro, pero hace poco me reencontré con una amiga de hace muchos años... Un reencuentro de verdad emotivo, porque compartimos un pasado bastante tragicómico (la época digamos que fue más trágica que cómica, pero los dos tenemos la manía de burlarnos de la vida un poco), pero sobretodo porque por mucho que hayamos cambiado y por mucho que tengamos para contarnos, creo que es lindo encontrar a alguien que puede renovar tu vida de alguna manera, aunque sea con un sabor conocido y que hasta en algún momento dejaste pasar. Pensando en una novela qué postear, se me ocurrió esta que tiene mucho que ver con mezclar el pasado con el presente e incluso con un inminente futuro, pero basándolo todo en las cosas que ocurrieron alguna vez que, sin llegar a predeterminar el curso de la vida, la hacen ir en alguna dirección.

Tratado de las pasiones del alma es el primer libro de una trilogía sobre la muerte, compuesta además por El orden natural de las cosas (en mi opinión la mejor novela de António Lobo Antunes y una de las más extraordinarias novelas que he leído en mi vida) y por La muerte de Carlos Gardel. Sin embargo, aquí la muerte está plasmada como una función ulterior, como algo alrededor de lo cual giran todas las demás cosas: el pasado que nos aparece repentinamente en el camino, lo esperemos o no; nuestras motivaciones, nuestros miedos, nuestros objetivos y proyectos, y quizás también nuestros amores, nuestros odios... en fin, todo aquello que Lobo Antunes llama con absoluta pertinencia "las pasiones del alma". La trama es sencilla y complejísima a la vez: un terrorista, el Hombre, es sometido a un interrogatorio por un Juez de Instrucción, quien resulta ser un compañero de infancia al que no ha visto en años. Su conversación empieza así a convertirse en un torrencial de sucesos e imágenes pasadas, que se van enmarañando y confundiendo, por un lado el presente y la situación de estos hombres, en posiciones absolutamente distintas; por el otro un pasado completamente distinto: el Juez de Instrucción era un niño de familia humilde, que trabajó en las tierras del abuelo del terrorista que ahora interroga. Y es entonces que surge una dicotomía interna en el personaje del Juez de Instrucción: ¿debe intentar salvar a su antiguo amigo de una condena casi inevitable? ¿O debe mantener su posición y dejar atrás el pasado que le sigue atormentando?

Valiéndose de una prosa musical y absolutamente desgarradora, Lobo Antunes consigue que esta novela se nos abra como un abanico de imágenes y sucesos, tiempos que se confunden y emociones que terminan pareciéndonos propias: la muerte que aguarda al final de todo, la nostalgia por el pasado y el presente donde todo eso se mezcla, intentando hallar claridad en un mundo del que solo podemos esperar nubes oscuras.

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Recomendable: Cuando tienes ganas de "refugiarte", de meterte en un libro que te excede y no quieres estar en otro lugar.
Se lo regalalaría a:
Esa gente que uno no se encuentra hace tiempo y cuando reaparece lo hace dejando huella.

Ficha técnica:

Lobo Antunes, António
Tratado de las pasiones del alma - Siruela.
414 p.; 14 x 22 cm. - (Biblioteca Lobo Antunes)
ISBN 8497932501






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"Si me dejases recomenzar desde el principio, pensé, si pudiese borrar las cosas imperfectas de nuestra historia y diseñarla de nuevo, te compraría un anillo de coral y el cartel de tu signo, y comería, lo juro, de lunes a viernes contigo, repartiendo la chuleta y el periódico deportivo, transido de amor, aturdido por las complicaciones de los cubiertos. Estoy casi seguro de que me alegraría si leyeses el fútbol antes que yo siempre que me contases los titulares, estoy casi seguro de que no saldría de noche, por las cervecerías de la Penha de França, a comer mariscos con los colegas, rodeado de travestis y de jarras vacías, y te ayudaría a levantar la mesa, a lavar la vajilla y a guardar los platos y los tenedores en el armario, estoy casi seguro de que metería la servilleta enrollada en el aro y aprendería ganchillo para impregnarme de la inmensa soledad de las casadas, pescando redes con una agujita de anzuelo."

viernes, octubre 27, 2006

La llamada de lo salvaje // Jack London

Estaba buscando un libro adecuado para abrir esta fase del blog y postear el primer review. Pero mi vida es tan caótica en este momento que mis gustos están volcados en algo demasiado específico y la idea era abrir con un libro quizás más simple, quizás más fiel a la idea de aquello que quería lograr escribiendo sobre lo ya escrito (vano acto de redundancia, ciertamente). Pero buscando entre algunos papeles encontré el rastro de este libro, que no he leído en muchos, muchos años, y sobre el que hace poco tuve una conversación de lo más grata. No fue tanto esto lo que me decidió a incluirlo, sino que fue además uno de los primeros libros que me hicieron entender por qué la literatura es lo que es y uno solo puede apreciar los libros en la medida en que necesite leerlos. Es decir, que nunca, por nada de este mundo se trata de lo que uno escribe, sino de lo que alguien más lee. Como anécdota personal, recuerdo que este libro llegó a mis manos por culpa de ese colegio cuyo nombre prefiero no recordar. El nivel del curso de literatura era bastante bajo en general a lo largo de todos los años, pero recuerdo que era séptimo grado y que nos mandaron a leer 4 libros: La llamada de lo salvaje; las Narraciones extraordinarias de Poe; El Principito y una narración de la historia de la guerra de Troya llamada Naves negras ante Troya: la historia de la Ilíada, de la británica Rosemary Sutcliff. Al año siguiente, nos hicieron una encuesta sobre cuál de los libros nos había gustado más. Yo fui el único que votó por La llamada de lo salvaje. La pregunta no es, desde luego, por qué votaron los demás por lo que votaron, la pregunta era por qué voté yo por ese libro. La llamada de lo salvaje no es, definitivamente, la mejor obra de London. Si hubiera que recomendar algo de él, probablemente sería mejor empezar por sus relatos cortos (To build a fire es particularmente excepcional), sin embargo, hay algo en ese libro que inspira nostalgia por lo simple. Los escenarios de Jack London son bastante similares siempre: una vida dura, externa, que no podemos domar por más que intentemos y a la que simplemente hay que enfrentar de la manera más ardua: sobreviviendo si nos es posible. Pero en La llamda de lo salvaje, ocurre algo extraordinario porque el protagonista, un perro llamado Buck, es sacado de su ambiente natural, un hogar, un lugar donde todos sus instintos han sido dormidos, para ser puesto en el ojo de la tormenta: en esa vida que a él nunca le enseñaron a enfrentar. Pese a que el libro fue traducido muchas veces como "La llamada de la selva", La llamada de lo salvaje es una traducción mucho más fiel: habla de un llamado en el sentido más estricto de la palabra, no solo una cuestión de adaptación, sino de pertenencia. Y es que mientras el protagonista duela con la mejor manera de hacerse a un mundo que no comprende, descubre también que fue hecho para él, que en realidad su ambiente natural es ese afuera, ese orden donde hay que pelear para sobrevivir y vivir "en la ley del garrote", como tan magistralmente narra London en una de las escenas más memorables del libro. Llena de una dureza única, y una ternura absolutamente desgarradora, esta novela es un viaje de la vida: la gente que uno conoce, la que va dejando atrás; los momentos y las circunstancias que cambian constantemente, nos hallamos adaptado a ellas ya o no; un invierno que parece durar para siempre, las personas especiales que aparecen en medio de él, aunque luego tengan que partir. Y sobre todo un mundo absolutamente salvaje, cuya llamada algunas veces odiaremos, otras veces estaremos dispuestos a seguir. Pero una llamada que al fin y al cabo, nadie puede atreverse a ignorar.

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Recomendable: Siempre en invierno.

Ficha Técnica:

London, Jack
La llamda de lo salvaje - Vicens Vives.
224 p. ; 13,5x19,7 cm. - (Aula de literatura)
ISBN
8431673427









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"Lo habían derrotado (Buck lo sabía), pero no vencido. Se dio cuenta, de una vez por todas, de que no tenía ninguna posibilidad frente a un hombre con garrote. Había aprendido la lección, y nunca en su vida la olvidaría. El garrote fue una revelación. Fue su carta de presentación en el reino de la ley primitiva y aceptó las reglas del juego. Los sucesos de la vida tomaron un aspecto más cruel; y aunque afrontó este aspecto sin arredrarse, lo hizo con toda la astucia latente que se había despertado en su carácter. Con el paso de los días, llegaron más perros, en cajones o atados con sogas, unos dócilmente y otros bramando y rugiendo como había llegado él; y, uno tras otro, los vio pasar al dominio del hombre del suéter rojo. Una tras otra, cuando observaba aquellas acciones tan brutales, Buck recordaba la lección aprendida: un hombre con garrote era el legislador, un amo al que obedecer, aunque no necesariamente para ganarse su amistad. Buck no hizo esto último, aunque había visto perros apaleados que fingían delante del hombre, meneando la cola y lamiéndole la mano. También vio a un perro que no se apaciguó ni obedeció y, finalmente, murió en aquella lucha por el dominio."

Una imagen, tal vez

Habría que confesar que no era el fin de este proyecto, pero luego dije "por qué no". La teoría del whisky implicaba entre muchas otras cosas, el análisis del mundo a través de una teoría, pero un proceso semejante, bien puede compartir su espacio con una imagen, tal vez. Y esa imagen es una tarde cualquiera, en un salón lleno de libros y discos, y un etiqueta negra sobre una mesita de roble. Al lado, uno mismo en un sillón, pensando en todos esos ratos del día que nos hacen recordar a alguno de esos libros, alguna de esas canciones, al vaso que sostenemos en la mano.

sábado, octubre 14, 2006

La teoría del whisky: implicancias

La teoría del whisky no es una teoría de categorización general, o por lo menos no se limita únicamente a su función organizativa. Posee también la bondad de servir de teoría explicativa para otro tipo de clasificaciones. Para aplicar esta característica, plantearemos aquí un tipo de clasificación sistemática de algunos de los perfiles de mujeres que existen. Pese a que lo más ordenado científicamente sería exponer el origen de esta clasificación, pasaremos directamente a la aplicación, razón también por la cual analizaremos mujeres antes que hombres: sencillamente las consultas recibidas fueron hechas mayoritariamente por varones. Aplicaremos, pues, la teoría lejos de explicarla en sí, es decir, la teoría para el uso, y no la teoría para la teoría. Por ello empezaremos con estas consultas de índole personal, consultas que, probablemente, no remiten a un grupo tan reducido de personas, sino que conciernen a más de un lector allá afuera.
El orden en que se resolverán los problemas utilizando la teoría del whisky, será, pues, más producto de la necesidad empírica que de la clasificación científica organizativa.

sábado, septiembre 23, 2006

Dolor

La razón por la que el whisky es la solución última, la más apropiada, la mejor: la sensación de poder encerrarse en uno mismo mientras el mundo afuera colapsa en una nebulosa. Qué terrible, sin embargo, contemplarse uno mismo en el espejo del whisky para descubrirse más solo que nunca; qué difícil verse y descubrir, ya sin posibilidad de mentirse ni uno mismo, que solo somos un alma contemplando la verdad en un vaso vacío. Que el whisky se termina y el reflejo de nuestra soledad perdura.

lunes, septiembre 04, 2006

Salud, André

Uno fuma un cigarro y mira a través de la ventana y se da cuenta inmediatamente de lo difícil que es la vida. No pongo en tela de juicio si es hermosa o no. Pero es difícil, es verdaderamente difícil. Uno se da cuenta que las cosas han cambiado y siguen cambiando mientras el cigarro se consume, que un momento puede hacer la diferencia de una vida para alguien. Todo mientras uno se fuma un cigarro y pierde el tiempo (o 5 minutos de vida). Y entonces uno se da cuenta que el tiempo es justamente esa barrera imposible, ese enemigo que nadie puede franquear.

Hoy es un día 3 de septiembre del año 2006. Para algunos habrá sido un día cualquiera, para otros uno especial (recuerdo a alguien que solía decir que cualquier día es especial hasta que te mueres). Pero para mí hoy siempre será el día que una leyenda ha dejado su lugar entre los hombres para encontrar una constelación en la inmortalidad. André Agassi es sólo un tenista, claro. Un deportista, un hombre que no ha hecho nada más que empuñar una raqueta y golpear una pelota por 20 años de su vida. Pero a mí no me importa cómo se gana la gente la inmortalidad. Me importa lo que ésta representa. Y André Agassi es un hombre que le ganó a la vida. Y alguien que ha hecho eso no solo merece respeto, sino algo muchísimo más esquivo: merece admiración. No por lo que ha hecho para el deporte en sí (algo que merece también reconocimiento, pero dejaré eso para los columnistas deportivos de todo el mundo), sino porque Agassi es uno de esos casos raros que inspiran en lo que hacen, pero también en la vida. Y es que este hombre logró lo que para muchos era imposible: desafió las leyes del tiempo, volvió de sus heridas, sus años y su alejamiento de las grandes canchas y se convirtió una vez más en el mejor. Superó lo que muchos juzgaban como ridículo, ganó a jugadores más jóvenes, más prometedores, más innovadores que él... y cuando perdió, murió de pie. Incluso hoy cayó de pie, en un partido que no estuvo tan lejos de ganar él mismo. Y alguien que se retira de esa forma, alguien que ha hecho lo que él hizo en todos los años en que se dedicó a lo que él amaba, no solo ha logrado ganarle a la vida, sino que ha dejado una verdadera estela que mirar para los tiempos en veda.

Hoy es un día triste. Es un día triste porque tener a André Agassi jugando en las canchas de tennis, aunque uno no disfrute el tennis, era una seguridad de que alguien en el mundo había sido capaz de desafiar a la vida en su juego y ganarle. Y ahora al voltear ahí habrá un vacío enorme. Una sensación terrible de que eso que fue fugaz perdurará siempre, pero que sencillamente ya no podremos verlo. Agassi debe sentirse como el general que gana la batalla al día siguiente de concluída ésta. Ve sus botas y va a limpiarlas y se da cuenta que ha logrado algo que parecía imposible, pero que al mismo tiempo, el tiempo se ha devorado la obra y el presente sigue siendo igual de cruel. Y ni hablar del futuro.

Bien, al final la vida siempre gana. Es una cuestión de longevidad, de que ella puede permitirse el tiempo para quedarse aquí todo lo que quiera y nosotros no. Y hoy siempre será un día triste porque la leyenda se ha terminado. Pero hay algo que la vida no sabe: y es que así como hoy ha sido el último día, mañana será el primero. Así que hoy es día de sacar el whisky más fino y alzar los vasos en un silencio respetuoso, de brindar sin celebrar. Y no hay que tener duda alguna: mañana la resaca aparecerá, cruel y endemoniada como siempre. Pero esta vez, mientras las primeras punzadas del dolor de cabeza aparecen, pasará algo que muy pocas veces en la vida se da uno el lujo de decir: "Valió la pena". Y es que los grandes hombres como Agassi logran lo que han logrado justamente porque no les importa el pasado: ellos quieren ver lo que renace de esas cenizas. En un partido de tennis, en una guerra, en una relación, en un día cualquiera. Es triste porque tenemos que despedirnos de eso que nos inspiró, de esos tiempos en que nos sentimos cuidados por un grande. Pero sabemos que él mirará lo que renace.

Bien, sólo puedo terminar diciendo que espero haber aprendido más de una lección de ese hombre magnífico. Inspirar, haciendo absolutamente cualquier cosa, es algo que pocos pueden hacer. Bueno, él lo logró. Y quizás algún día pueda yo retirarme de mis propias canchas y pensar, como quien desafía a la vida, que ha valido la pena; que algunas veces, en algo tan duro como la resaca después de un día terrible, se encuentra el secreto de la verdadera inmortalidad.

viernes, septiembre 01, 2006

La teoría del whisky - fase primera

La fase primera de la teoría del whisky implica categorizar las formas de tomar whisky y complementarlas con rasgos de comportamiento comunes al grupo de bebedores. Para ello, llamaremos a los sujetos "consumidores" y a los modos de tomar el whisky "consumo". El whisky representa a la vida como estímulo externo y la manera de beberlo la manera de afrontar este estímulo, proyectada subconscientemente. En los casos en que se agrega otros ingredientes (variable y), se trata de las conductas y mecanismos desarrollados de manera interna por los sujetos para contrarrestar los hechos puntuales que le desagradan de la vida. Luego, en los casos en los que no se agrega nada o se agrega más whisky (variable o), el consumo es analizado ya no como un mecanismo de afrontarla, sino de integrarse a ella tal cual se le percibe. Dicho esto, pasamos a la categorización de los diferentes consumidores de acuerdo a su tipo de consumo:

Consumo con coca-cola (WyC) - Los consumidores WyC son aquellos que, incapaces de aceptar que no les gusta el whisky, tratan de mostrar a la sociedad que también pueden consumirlo. Este tipo de consumidor tiende a preocuparse mucho respecto a su imagen frente a los demás y al juicio de valor que otras personas puedan tener respecto a ellos. Suelen ser dubitativos, ya que necesitan recurrentemente la opinión de otra persona (sea esta una autoridad en la materia o no) para llegar a tomar una decisión. Gustan de planificar (muchas veces en exceso), son dependientes y a menudo obsesivos. Afrontan la vida como algo incómodo, pero no lo demuestran. Por el contrario, buscan adaptarse a las reglas de los demás, por lo que muchas veces cambian su propia opinión o la modifican para favorecer la aceptación social. Son sumamente sociables, pero dejan percibir sus características rápidamente y por lo tanto inspiran necesidad de protección, lo cual puede ser explotado por otras personas. En sus mejores aspectos, el consumidor WyC es previsor y meticuloso; en sus peores, dependiente, inseguro y obsesivo.

Consumo con agua (WyA) - Este consumidor gusta de agregar un ingrediente al whisky que diluye su sabor pero sin reemplazarlo por uno distinto. Esto se interpreta como una persona cuyo principal mecanismo de control consiste en buscar equilibrio. Esta persona "agrega" tranquilidad a todas las situaciones exaltantes, buscando diluir la emoción con la calma suficiente para poder disfrutar plenamente de la vida. Por ello busca tener control sobre todas las situaciones que afronta, pero nunca de una manera que considere agresiva, o forzada. El consumidor WyA se guía por una dicotomía interna que puede comportarse de manera complementaria o simétrica en distintos momentos de su vida: el yo pasivo (representado por el agua) y el yo activo (representado por el whisky). Mientras más agua agregue el consumidor WyA al whisky, tenderá más hacia la pasividad (la medida estándar o punto de equilibrio medio es duplicar la cantidad de agua por cada dos dedos de whisky). Son personas que gustan de tomarse su tiempo antes de tomar decisiones o ejecutar acciones. No son excesivamente sociales, pero disfrutan la compañía de los amigos cercanos, y su sociabilidad está directamente ligada a su yo predominante (es decir, son más sociables mientras más marcada es su tendencia a ser activos). Cabe señalar que su yo predominante puede variar en distintos momentos de su vida, en cuyo caso cambiarán también la cantidad de agua del whisky que beben. En sus mejores aspectos, el consumidor WyA es calmo, reflexivo y analítico; en los peores, indeciso y oscilante.

Consumo con hielo (WyH) - Este consumidor disfruta tanto de la emoción y de la intimidad como de las reuniones sociales. Sin embargo, suele ser cerrado en sus verdaderos sentimientos y busca denotar fortaleza o seguridad (cosa que no le es difícil conseguir, pese a que no siempre se encuentre emocionalmente seguro), y muchas veces sus sentimientos son considerablemente más profundos de lo que saca a relucir. Socialmente, se trata de individuos activos, ligeramente demandantes con las personas que los rodean, y capaces de ser exageradamente desprendidos o egoístas, muchas veces sin percatarse. Al igual que en el caso de los consumidores WyA, mientras más hielo agregan a su whisky, más marcados son los rasgos de su carácter WyH. De mente elaborada y carácter estable, este consumidor suele ser terco y de principios firmes, con un sentido estricto de valores que pueden tanto ser autónomos como sociales, pero que una vez incorporados practica como leyes de vida. En sus mejores aspectos, el consumidor WyH es centrado, consecuente y fiel a sus principios; en los peores, terco, de mente cerrada y falso.

Consumo con energizantes (WyE) - Para este tipo de consumidor, la vida no necesita absolutamente nada más que emnoción para estar completa, por lo que prefiere la cantidad a la calidad (busca el efecto del alcohol del whisky por encima de cualquiera de sus otras virtudes). Por ello suele ser optimista y alejarse de los problemas y es capaz de aburrirse rápidamente si las cosas no son propensas a la recompensa inmediata. Suele tomar sus decisiones de manera rápida y espontánea, sin preocuparse demasiado de si los resultados no son como los esperaba, pues no pierde el tiempo lamentándose y el olvido le es sencillo. Socialmente suelen ser personas muy aceptadas y divertidas; sin embargo, les cuesta lograr relaciones profundas y, en general, llenar aspectos significativos de su vida. Sus características hacen que muchas veces lastimen a la gente que les rodea, intencionada o desintencionadamente, pero debido a su falta de arrepentimiento y retrospectiva, no son indivuduos propensos a las disculpas, lo cual les provoca constantes roces con otros. No suelen mostrar sus verdaderos sentimientos, pues prefieren obviarlos y solucionarlos a través de otras áreas de su vida. En sus mejores aspectos, el consumidor WyE es desprendido, divertido, espontáneo y relajado; en los peroes, frívolo, descuidado, temeroso de la confrontación e inmediatista.

Consumo puro (o plain) (WoP) - Este tipo de consumidor es altamente receptivo y ve a la vida como una fuerza de la cual poco puede ser modificado, por lo que prefiere tomarla como es antes que tratar de controlarla. Suele cuestionarse al respecto, pero acepta las cosas que no puede cambiar y busca elegir por sí mismo las cosas que sí. Por eso procura siempre estar informado antes de tomar decisiones y conoce mediana o expertamente el tema (el whisky) que aborda. Socialmente es un individuo carismático, que en algunos casos es muy activo y en otros más bien tranquilo, pero nunca pasa desapercibido, pues posee un espíritu interesante por naturaleza. Debido a que cree firmemente que las cosas tienen una razón de ser (pese a que esta no siempre pueda ser descifrada) o que carecen absolutamente de ella, cuando cuestiona los sucesos de su vida lo hace con el único fin de disminuir el margen de error ante la posibilidad de haber llegado una conclusión errada. Suele ser consecuente debido a que ha analizado previamente las situaciones en que se involucró, pero no gusta en absoluto de equivocarse y su peor temor suele ser la frustración. En sus mejores aspectos, el consumidor WoP es adaptable, estable e informado; en los peores, fatalista, frío y poco creativo.

Consumo de whisky doble (WoD) - Este tipo de consumidor busca disfrutar cada momento hasta el límite y trata de optimizar el triángulo tiempo-calidad-cantidad. No se conforma nunca, es emprendedor y firme en sus decisiones y acciones. Suele ser muy creativo, por lo que no le cuesta adaptarse a situaciones nuevas; sin embargo, no le gusta que las cosas no salgan a su manera. Este consumidor suele ser muy intenso y apasionado con sus actividades, ya sea en situaciones positivas o negativas. No se preocupa demasiado del equilibrio, pues posee un balance natural, ya que puede disfrutar mucho con muy poco, aunque también sufrir de esa manera. Socialmente es una persona llamativa, aunque algunas veces puede resultar incomprendida e indescifrable para muchos. Suele ser excesivamente modesto u orgulloso, o incluso oscilar entre esos dos polos en distintos aspectos de su vida. Se entusiasma fácilmente y rara vez tiene emociones solo pasajeras; sin embargo le cuesta olvidar cosas que pueden terminar por hacerle daño. En sus mejores aspectos, el consumidor WoD es apasionado, independiente, luchador y creativo; en los peores es exagerado, orgulloso y vulnerable.

Consumo mixto (WoM) - Los consumidores WoM son aquellos que, o bien no siempre consumen el whisky de la misma manera (no nos referimos a que eventualmente hagan excepciones, sino que cambian su consumo de manera significativa); o bien suelen hacer alguna combinación con los tipos nombrados anteriormente. Por ello, el consumidor WoM se divide en consumidor WoM variable (WoMV) y consumidor WoM constante (WoMC).

En el caso del consumidor WoMV, se trata de personas que adoptan diferentes filosofías de acuerdo a su momento de vida. De acuerdo al tipo de whisky que tomen para cada momento, adoptan siempre las mejores y peores costumbres de cada uno, ya que suelen ser bruscos y radicales en sus decisiones y cambios de perspectiva. Por ello consideran que la facultad de cambiar rápidamente es lo principal, y que se debe estar preparado para este oscilar constante, ya que de no hacerlo uno mismo la vida misma forzará la situación sin dejar un margen de decisión. Este consumidor suele ser extravagante, y ni sus amistades más cercanas creen conocerlo realmente. Su vida social depende de su momento de vida, por lo que siempre es una icógnita si requiere, desea o desdeña a sus amistades o incluso la necesidad de relacionarse con otras personas. En sus mejores aspectos es innovador y experimental; y en los peores inmaduro, volátil y barroco, pero puede sumar o modificar estas cualidades con cualquiera de las demás que adopte.

El consumidor WoMC, por otro lado, sólo se da en combinaciones limitadas, las cuales pueden ser: hielo y agua; hielo y doble; energizante y hielo; y coca-cola y hielo. En esos casos, combina aspectos de cada uno de los consumos de manera simbiótica, y crea una mecánica simétrica o complementaria para esta combinación. Es decir, toma los mejores aspectos de un consumo y los peores del otro; o bien los mejores y peores de de ambos. En sus mejores aspectos, el consumidor WoMC tiene una gran variedad de cualidades, y en los peores, de defectos.

No consumo (NoW) - Este consumidor, definido más bien como un no-consumidor, toma las características del consumidor que le correspondería de tomar whisky. El hecho de que no consuma recurrentemente whisky, no impide que tenga preferencia por algún tipo de consumo antes que por otro. Sin embargo, debido a que este consumidor tenderá normalmente a diluirlo de alguna manera, el análisis deberá ser todavía más profundo. En el caso del no-consumidor, el análisis no deberá hacerse respecto a su manera hipotética de beber whisky, pues, sino de su manera efectiva de hacerlo. Para ello, la comprobación empírica más efectiva es embriagarlo con algún otro tipo de licor y luego pedirle que beba el whisky de alguna de las maneras nombradas anteriormente. De no aceptar, debemos considerarlo por asociación como un consumidor WyH, con el agregado particular de la obsesión por el control y la búsqueda de verdades absolutas. En sus peores aspectos, al no-consumidor no le gusta el whisky y debe ser contemplado como un sujeto peligroso y propenso a la coacción.


Con esto hemos cubierto las bases del análisis de la conducta humana en base a la teoría del whisky. Sin embargo, el fin de esta teoría no es la comprobación empírica, por lo que sus implicancias serán explayadas a través de consecuentes categorizaciones en entradas posteriores.