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viernes, abril 25, 2008

La autopista del sur // Julio Cortázar

Hace un tiempo pensé que sería buena idea dejar de postear sobre cuentos y poner el libro completo. Pero después me recordé por enésima vez que este blog es mío y que si no me da la gana de que haya reglas no las hay y punto. Entonces el miércoles, mientras dictaba una clase, sugerí este título como un ejemplo perfecto del absurdo irrumpiendo en la realidad pero manteniendo la verosimilitud de la trama. Cuestión que luego vuelvo a mi casa, me doy cuenta que me volví a meter al cubo (expresión con pronta explicación en mi siguiente libro), y redescubro mis propia sugerencia cuando me doy cuenta que ese cuento es una metáfora de mis días recientes.

Eso es estar en el cubo, pero lo que es peor, acostumbrarte a él. Es decir, aceptar que no se puede salir y por lo tanto empezar a decorarlo y armar nuestra vida en el sistema mínimo que el cubo nos permite. Y creo que no puede haber metáfora más perfecta que esta (particularmente si vives en Lima en estos días en que el tráfico es una verdadera cárcel. Dicho sea de paso, vaya un aplauso para todos los que planificaron destruir la ciudad sin que nos demos cuenta, nos agarraron a todos, ¡muy buen trabajo!). En fin, lo interesante de este cuento es que el protagonista termina por volverse un amante de su prisión. No con la nostalgia amor/odio con que se vive en un encierro, sino con una verdadera adaptación a ese cubo del que hablo: un volverse parte de su fauna, un convertirse en el ser del cubo.

Y también el qué pasará si se destruye ese mundo perfecto y conocido en que se ha convertido la prisión que creíamos eterna. Mirar alrededor, pedir que dure unas horas más porque se sabe que cualquier encierro es solo temporal, que tarde o temprano aparecen las llaves, se desgastan las paredes, se termina la condena o sencillamente la inexorable muerte aparece para liberarnos.

¿El argumento? Un atasco de tráfico tan largo que obliga a las personas atrapadas en él a crear una nueva forma de vida: crean un sistema organizado, empiezan a buscar alimento y compartirlo y crean una sociedad en torno a ese atasco, una sociedad en la que todo funciona de acuerdo al encierro al que se han visto obligados: para sobrevivir, para encontrar las necesidades básicas y las no tan básicas, para encontrar el amor, la esperanza, ulteriormente, la vida.

No me quiero preguntar qué va a pasar conmigo cuando se disipe el encierro. Hay días que son para dormir y no para responderse preguntas. Al menos no para responderlas bien. En cuanto a Cortázar, he reseñado mucho de él en este blog, pero qué les puedo decir... Tiene demasiados cuentos a los cuales echar mano para esos días de estática.

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Recomendable: Para cuando estás en el cubo, pero no quieres salir, sea por la razón que sea.
Se lo regalaría a: Este año, a todos los que están esperando en el tráfico a que el auto del frente se mueva un centímetro.
Este cuento está en: Todos los fuegos el fuego (1966).
Whisky con link: La autopista del sur

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"A la cuarta vez de encontrarse con todo eso, de hacer todo eso, el ingeniero había decidido no salir más de su coche, a la espera de que la policía disolviese de alguna manera el embotellamiento. El calor de agosto se sumaba a ese tiempo a ras de neumáticos para que la inmovilidad fuese cada vez más enervante. Todo era olor a gasolina, gritos destemplados de los jovencitos del Simca, brillo del sol rebotando en los cristales y en los bordes cromados, y para colmo sensación contradictoria del encierro en plena selva de máquinas pensadas para correr. El 404 del ingeniero ocupa el segundo lugar de la pista de la derecha contando desde la franja divisoria de las dos pistas, con lo cual tenía otros cuatro autos a su derecha y siete a su izquierda, aunque de hecho sólo pudiera ver distintamente los ocho coches que lo rodeaban y sus ocupantes que ya había detallado hasta cansarse. Había charlado con todos, salvo con los muchachos del Simca que caían antipáticos; entre trecho y trecho se había discutido la situación en sus menores detalles, y la impresión general era que hasta Corbeil-Essones se avanzaría al paso o poco menos, pero que entre Corbeil y Juvisy el ritmo iría acelerándose una vez que los helicópteros y los motociclistas lograran quebrar lo peor del embotellamiento. A nadie le cabía duda de que algún accidente muy grave debía haberse producido en la zona, única explicación de una lentitud tan increíble. Y con eso el gobierno, el calor, los impuestos, la vialidad, un tópico tras otro, tres metros, otro lugar común, cinco metros, una frase sentenciosa o una maldición contenida."