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sábado, abril 18, 2009

Cerdo juez de disciplina

Arrástralo hasta el surco arrástralo hasta que la sangre deje un rastro (para que el camino a casa sea claro la madrastra no nos pueda dejar

en el medio del bosque con las fieras y los pájaros carnívoros) canta una canción de cuna y lanza el dado avanza fichas hasta gritar bingo salta el humo de la carta recto en el tabique y gancho en el estómago quiebra las costillas quiebra la espina como una varilla para andar roba en tu bolsillo y en tu paga y en las ganas de decir te amo y arman la canción de tres un juez dos jueces tres jueces cuatro jueces con las manos rojas sangre de los niños las esposas y los viejos no te atrevas a decir culpable no te atrevas no culpable culpable culpable no te atrevas y culpable muere mierda muere mierda muere culpable toma la pena como recompensa tómala y sonríe para cámaras llévala al estrado y saluda

déjenme volver ver a mi hija déjenme volver no diré nada no cantaré no criticaré al presidente ni a su hermano no me quejaré cuando haya que besar sus pies alguien haga algo traigan las armas pie de guerra pie de guerra a las armas desterrado desterrado desterrado vamos con los jueces encarcélenme encarcélenme encarcélenme encarcélenme

me he sentado frente al cerdo juez de disciplina y lo he domado bien pero insiste en acosarme y en querer mojar mi cama deja cartas todo el tiempo y me amenaza con no dejarme nunca regresar y que no veré la luz del sol si me atreviese a hablar a pedir ayuda a la ley nadie me acobarda nadie me acobarda pero en vez bajo la cabeza bajo el cuerpo dejo todo ir un puñal oculto en la garganta y ver al cerdo sangrar sangrar sangrar solo en mis sueños en la realidad me clava por la espalda yo solo sueño con sangrar sangrar sangrar sangrar

miércoles, mayo 21, 2008

Armas en arados

Vuelvo convertido en el hombre fuerte cuya mirada es capaz de devastar a quienes una vez me hicieron daño. Ya no le temo a los espejos ni a las muchachas de ojos claros ni a los imbéciles de migraciones ni a las calles y sus reflejos.

Y sin embargo, no busco venganza ni despertar envidia. Busco simplemente el tránsito ligero de quien da un paso sin pensarlo y puede por eso darse el lujo de olvidarlo.

Quizás por ello me he vuelto tan implacable. Sí. Quizás en eso consiste esta fortaleza forjada de cicatrices. En volver convertido en sanador a donde una vez fui un asesino.