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lunes, enero 14, 2008

10 cuentos para este verano (o el próximo si vives en el hemisferio norte)

El caso es que mi madre decidió invitarnos a una casa de playa durante los últimos diez días. Estuve volviendo a Lima para ir al trabajo, así que realmente sólo estuve los fines de semana a tiempo completo, pero eso me bastó para recordar qué excelente lugar es la playa para leer. Particularmente si tienes una casa, con lo que, a media tarde, no vas a tener mucho qué hacer si ya recorriste y paseaste a tus anchas durante los primeros días... Entonces, ¿por qué no una nueva lista de Un whisky doble para el alma?

Aquí están, diez cuentos para que el verano esté hasta en lo que lees, diez cuentos que los piratas deberían llevar en su mochila, diez cuentos que, al fin y al cabo, se pueden leer siempre, pero también siempre tienen ese sabor a playa, calor y mar.

Así que hagan sitio en la sombrilla, vaso en mano con el trago de su elección (whisky on the rocks para mí, gracias), y agarren color como sin darse cuenta...


1. El descubrimiento de América - Alfredo Bryce Echenique
Sin ser fanático de Bryce, creo que este es uno de los cuentos más interesantes que tiene. Ideal para el verano adolescente en Lima (aquellas épocas). Ah, una chica me dijo una vez que este cuento describe al 99% de los hombres. Yo creo que estaba muy equivocada, la mayoría no se esforzaría tanto.

2. Una noche de verano - Ambrose Bierce
Cuento con ambiente escalofriante y personajes de esos que no te quieres cruzar en la vida. Sólo Ambrose Bierce podía contar una historia así con un tono tan natural, casual y cotidiano. Una especie de cuento para aquellos que terminan perdidos sabrá Dios dónde después de una fiesta. Para que sepan dónde no quieren estar.

Whisky con link: Una noche de verano


3. Al pie del acantilado - Julio Ramón Ribeyro
Una de las joyas de esta lista, el maestro Ribeyro aparece aquí con un cuento que pasa por más de un momento de absoluta genialidad. Emocionante, conmovedor, crudo. Este es uno de los fundamentales para el verano en cualquier lugar del mundo. Frase extraordinaria: "El mar da, el mar también quita". Como quien dice la vida, pero muy veraniegamente, eso sí.


4. Nube - Augusto Monterroso
La nota minimalista con este genio del llamado "microcuento". Como para no olvidarnos de qué se tratan las estaciones de la vida.

Whisky con link: Nube


5. Fue en verano... - Franz Kafka
Qué se puede decir cuando se trata de Kafka... Cuento brillante a la El proceso. Ambiente onírico como en una pesadilla, espacios inquietantes, situaciones escalofriantes, en fin, Kafka en su máximo esplendor.


6. El navaja - Vladimir Nabokov
Cuento escalofriante de principio a fin que ocurre un caluroso día de verano. Nabokov nos ofrece en él una situación tensa, al más fiel estilo nabokovniano. Consejo: léanlo antes de ir a la peluquería, nunca está de más algo de masoquismo psicológico.

Whisky con link: El navaja (Denle abrir y luego busquen con ctrl+f "el navaja")


7. Asomándose desde la abrupta costa - Ítalo Calvino
Cuento extraordinario de uno de los mejores autores italianos de su generación. Pocas veces un autor logra una narrativa de tal calidad descriptiva y semejante fuerza narrativa. Fascinante historia que el autor nos va revelando a través de la extraña visión del mundo del protagonista, cuyos pensamientos sumergen al lector en un universo dotado de un singular e inquietante hálito de misterio.


8. El mar cambia - Ernest Hemingway
Quizás valga la pena recordar que la novela más famosa de Hemingway, El viejo y el mar, lo sitúa como uno de los autores clásicos de cualquier lectura veraniega. Quizás hay muchos más relatos para elegir tratándose de este gigante de la literatura estadounidense, pero aquí ocurre lo que hace memorables la mayoría de aventuras que le ocurren a uno en cualquier estación del año: la humanidad cobra fuerza por encima del tiempo y sitúa una historia íntima en el ojo de una inusitada pero desgarradora realidad. Eso y que, cuanta razón tiene Hemingway, el mar cambia. El mar siempre cambia.

Whisky con link: El mar cambia


9. La autopista del sur - Julio Cortázar
Para leer cuando se atora el tráfico de regreso a la ciudad por culpa de ______ (llenar con el nombre de tu funcionario público favorito para insultar en estas circunstancias). Quizá uno de los mejores cuentos de Cortázar, donde lleva su absurdismo a límites insospechados y convierte una situación cotidiana en un evento literario de la más alta jerarquía.

Whisky con link: La autopista del sur


10. La dama del perrito - Anton Chejov
Si hiciera un top 10 de cuentos, probablemente este estaría allí. Creo que es uno de los cuentos más pulcros y perfectos de la literatura universal, un cuento que no destella como ese sol radiante que saca a todos de sus casas, sino como esa luz discreta que hay el día que caminas por la playa y ocurre alguno de los momentos más especiales de tu vida. Así, como quien le cuenta una historia a un amigo y consigue que el amigo se vea en el lugar del otro. Así como solo este cuentista extraordinario supo hacer. Cierto que ya reseñé este cuento. Me estoy poniendo repetitivo, pero es que este cuento tenía que ir a la lista, sí o sí.

Whisky con link: La dama del perrito

sábado, junio 02, 2007

10 cuentos para el chico/a con fiebre un sábado por la noche

O sea que ni para eso tuviste suerte. No te bastó con una semana de aquellas, encima cuando dijiste "hoy voy y me desquito", resulta que no, que estás en la cama, con ningunas ganas de ni siquiera pararte para ir al baño, y lo único que vas a tomar es algún jarabe para la tos o algo así. O capaz no estás enfermo, capaz simplemente te quedaste sin planes, te cancelaron todos a última hora. O capaz estás en esa fase en la que simplemente no quieres saber nada de la calle. La cosa es que ya no sabes qué hacer. ¿La tele? No pues, es sábado por la noche y evidentemente no hay nada interesante allí tampoco, a menos que por interesante entiendas el partido de fútbol intrascendente que pusieron para rellenar; o el capítulo de la serie que sigues, pero que ya viste tres veces esta semana.

Pero quizás quieres intentar algo diferente. Un whisky doble para el alma tiene algo para ti: 10 cuentos especialmente recomendados para esta noche (o cualquier noche que suene parecida). No son, definitivamente, los mejores cuentos que conozco. Pero sé que son cuentos que encuentro divertidos. Tampoco son la clase de cuentos que te cambian la suerte. Pero sí son, de eso estoy seguro, cuentos que tienen que ver con la suerte de un modo u otro. Y sabes qué. A veces la mejor forma de atraer a la buena suerte es mandarla reverendamente al diablo. Estos 10 cuentos hacen eso. Así que si no sabías cómo, servido.

1. Escándalo en Bohemia - Sir Arthur Conan Doyle

Difícil elegir un cuento de la larguísima serie de Sherlock Holmes... Pero finalmente quedó por dos motivos: primero, porque es un excelente cuento para abrir cualquier lista, y segundo porque es uno de los cuentos más versátiles de esta saga detectivesca: ideal primer cuento para quienes jamás llegaron a leer sobre el detective londinense más famoso de todos los tiempos, y excelente cuento para volver cuando ya estamos familiarizados con este mundo. Además, siempre tuve algo por la mujer.

Whisky con link: Escándalo en Bohemia


2. Una rebelión de los dioses - Ambrose Bierce

Para quienes no leyeron El diccionario del diablo, pues aquí les traigo a un autor que verdaderamente vale la pena conocer. La irreverencia de Ambrose Bierce, es la dosis exacta que uno necesita para burlarse de la vida. Este cuento va porque, como siempre digo, la vida siempre se ríe de uno, así que qué nos queda a nosotros sino hacer lo mismo con ella. Bueno, aquí hay una excelente razón para hacerlo.

Whisky con link: Una rebelión de los dioses


3. El desafío - Mario Vargas LLosa

Cuento considerablemente más "serio" que los demás, es el toque dramático de la lista. Cuento tenso, de los primeros de Vargas Llosa, pero que definitivamente vale la pena leer. No sé por qué se me ocurrió que combinaba bien, capaz tiene que ver con algo así como poner algo de tensión en el camino, o capaz porque en algún punto siempre lo he considerado un buen ejemplo de las situaciones que comúnmente enfrentamos. Pero probablemente es sólo porque el cuento es muy bueno.

P.S.: Dedicado a la amiga que tuvo un sueño en el que yo le decía "total... hoy es un buen día para dejarse matar".

Whisky con link: El desafío


4. Fracaso - Anton Chejov

Chejov tenía que venir a esta fiesta, y aunque seguramente hay muchos cuentos que podrían haber quedado en esta lista, si hablamos de suerte, este es el cuento ideal... Dedicado especialmente a todos los solteros empedernidos.

Whisky con link: Fracaso


5. El corazón delator - Edgar Allan Poe

¿Clásico? Sí ¿Conocidísimo? Sí ¿Hartos? Nunca.

Whisky con link: El corazón delator


6. La muerte y la brújula - Jorge Luis Borges
Qué cuento extraordinario y para colmo divertido... Para leer con detalle y disfrutarlo íntegro. Aquí es donde el maestro Borges nos da una cátedra acerca del significado de la "suerte", como un detalle, una pieza mínima que pudo pasar inadvertida para todos, pero que termina subvirtiendo el orden completamente, cambiando los destinos, alterando el curso de lo esperado... De lo mejorcito de Borges.

Whisky con link: La muerte y la brújula


7. El viejo en el puente - Ernest Hemingway

Está bien, este no es un cuento, sino un relato... a quién le importa. Para los que creen que tienen mala suerte. Sólo que a veces es simple cuestión de perspectivas.

Whisky con link: El viejo en el puente


8. La noche boca arriba - Julio Cortázar

Cortázar siempre aportándonos los elementos para una noche divertida: cuento fantasioso, con excelente ritmo, y si de verdad estás tan maldito que tienes fiebre un sábado por la noche, pues para colmo por ahí terminas identificado con el personaje. Si eso pasara, pues qué miedo.

Whisky con link: La noche boca arriba


9. Un comentario - Franz Kafka

"Era muy temprano por la mañana, las calles estaban completamente vacías, yo me dirigía a la estacion. Cuando comparé la hora de mi reloj con la del reloj de una torre, comprobé que era más tarde de lo que yo había creído. Tenía que darme mucha prisa, el susto que me dio el retraso hizo que quedara inseguro acerca del camino que debía tomar, no conocía muy bien la ciudad, afortunadamente había un policía cerca, corrí hacia él y le pregunté por el camino sin respiración. Él sonrió y dijo:

- ¿De mí quieres saber el camino?
- Sí - dije -, pues no lo puedo encontrar.
- Renuncia, renuncia. - dijo él, y se dio la vuelta con gran ímpetu, como la gente que quiere estar a solas con su risa."


10. La insignia - Julio Ramón Ribeyro

Y, por supuesto, esta obra maestra de Ribeyro. Como quien dice "mejor suerte para la próxima".

Whisky con link: La insignia

sábado, mayo 05, 2007

Prosas apátridas // Julio Ramón Ribeyro

Es raro y a la vez extremadamente delicioso cuando un libro lo puedes leer una y otra y otra vez. Cuando algo sencillo y a la vez extremadamente rico te toca en el alma, pero puede volver a hacerlo, siempre con las mismas palabras. Cuando las mismas frases encierran mil sentimientos diferentes dependiendo del momento en que decidas abrir esas páginas. Y hay pocos libros así en la vida. Demasiado pocos como para no atreverse a buscarlos.

Prosas apátridas no es una novela. Ni tampoco una colección de cuentos, ni nada que pretenda un fin. Es fragmento. Son fragmentos. Pequeños pedazos de literatura arrancados al vacío, pedazos que no pretenden formar nada más que eso. Desde luego, una dispersión constante siempre da una ilusión de concentración, por supuesto que la obra, leída de continuo, tiene un peso total. Pero lo cierto es que la intención no es esa. Los fragmentos que nos deja Ribeyro son pequeñas reflexiones que se le arrancan a la vida, instantáneas, pensamientos, desvaríos, gritos o susurros. Y su idea no es más que agotarse en el fragmento: brillar por un breve momento. Luego, haberlo subvertido todo.

Lo extraño es que la voz de este autor es como un paseo, donde nuestro acompañante es tan lúcido, tiene una voz tan terriblemente irónica algunas veces, tan hermosamente nostálgica otras, que uno no siente más que la necesidad de dejarle hablar, arrancarle trozos de sabiduría a los eventos más mínimos, a las visiones más cotidianas. Y es que la elegancia de Ribeyro consiste en eso, en mirar al mundo como la suma de millones de pequeños fragmentos que pueden ser rescatados de cuando en cuando, como un observador que se vuelve el gran catalizador del universo y de pronto divisa un fenómeno invisible a todo el resto de personas, haciendo que su existencia dependa de él, de su mirada, de sus pensamientos, de su capacidad de revelarlo al resto.

Resulta fascinante encontrar lo mejor de Ribeyro en un libro que se aleja tanto de su proyecto de retratar a la sociedad peruana en sus cuentos... Y sin embargo, aunque el Ribeyro cuentista es también digno de la más absoluta admiración, es aquí donde encontramos al Ribeyro más honesto. Y, verdades sean dichas, la honestidad rara vez es una cualidad en un escritor. A menos que seas Ribeyro.

Y ahora es cuando dejo de escribir, porque hay mucho más qué decir, pero también inútil. Desde luego, para libros como éste, uno siempre creerá que no ha dicho suficiente, pero como siempre digo, decir sobre lo escrito es redundar cuando la obra vale la pena. Quizás sólo agregar que este es un libro para leer siempre, una cualidad que tampoco muchos libros poseen. Y yo tengo a mi lado las Prosas, es un día gris allá afuera, después de uno de esos días difíciles, demasiado duros como para no acusar huella, o al menos cansancio; así que con su permiso, voy a entretenerme un rato con la maravilla. Digo, para esta vez sacarle yo la lengua al mundo.

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Recomendable: Siempre. Para cuando estás solo y no tienes nada qué hacer. Para cuando estás con alguien y quieres pasar un buen rato. En un parque cuando hay lindo día. Para cuando llueve. Para cuando odias todo. Cuando estás de buen humor. Cuando extrañas. Cuando quieres hacer algo diferente con tu enamorada. Cuando todo da vueltas. Cuando estás borracho. Cuando tienes la desgracia de no estarlo. Cuando vas en colectivo. Cuando esperas demasiado por uno. Cuando tienes necesidad de escuchar. Hoy. Todos los días que se pueda.
Se lo regalaría a: N.

Ficha técnica:

Ribeyro, Julio Ramón
Prosas apátridas - Seix Barral; 2007
144 p.; 13x23 cm. (Biblioteca breve)
ISBN: 843221230X








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Por la misma vereda desierta por donde yo camino, un hombre viene hacia mí, a unos cien metros de distancia. La vereda es ancha, de modo que hay sitio de más para que pasemos sin tocarnos. Pero a medida que el hombre se acerca, la especie de radar que todos llevamos dentro se descompone, tanto el hombre como yo vacilamos, zigzagueamos, tratamos de evitarnos, pero con tanta torpeza que no hacemos sino precipitarnos hacia una inminente colisión. Ésta finalmente no se produce, pues faltando unos centímetros logramos frenar, cara contra cara. Y durante una fracción de segundo, antes de proseguir nuestra marcha, cruzamos una fulminante mirada de odio.

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Mi error ha consistido en haber querido observar la entraña de las cosas, olvidando el precepto de Joubert: "Cuídate de husmear bajo los cimientos." Como el niño con el juguete que rompe, no descubro bajo la forma admirable más que el vil mecanismo. Y al mismo tiempo que descompongo el objeto destruyo la ilusión.

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Hay veces en que el itinerario que habitualmente seguimos, sin mayor contratiempo, se puebla de toda clase de obstáculos: un enorme camión nos impide cruzar la pista, un taxi está a punto de atropellarnos, un viejo gordo con bastón y bolsa obstruye toda la vereda, una zanja que el día anterior no estaba allí nos obliga a dar un rodeo, un perro sale de un portal y nos ladra, no encontramos sino luces rojas en los cruces, empieza a llover y no hemos traído paraguas, recordamos haber olvidado en casa la billetera, algún imbécil que no queremos saludar nos aborda, en fin, todos aquellos pequeños accidentes que en el curso de un mes se dan aisladamente, se conecentran en un solo viaje, por un desfallecimiento en el mecanismo de las probabilidades, como cuando la ruleta arroja veinte veces seguidas el color negro. Extrapolando esta obervación de una jornada a la escala de una vida, es esa falla lo que diferencia la felicidad de la infelicidad. A unos les toca un mal día como a otros una mala vida.

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Hay momentos en que el sufrimiento alcanza tal grado de incandescencia que diríase nos cristaliza y nos vuelve por ello indestructibles."