Hay algunos libros, muy pocos en la vida de un lector, que se terminan convirtiendo en libros recurrentes y uno nunca llega a enterarse de por qué. Eso es lo que me pasa a mí con este libro, y por eso reseñarlo puede resultar algo peligroso. Pero vale la pena, creo, porque de cualquier forma este libro ya nunca será "mi" libro, debido a una horrible (en lo personal), pero reveladora circunstancia: un día, hace ya algunos años, mandaron a leer No me esperen en abril en el curso de literatura de mi colegio. Y extrañamente, a la mayoría de mi promoción le gustó, lo cual me pareció sumamente extraño por sus muchas referencias históricas (yo lo había leído un par de años antes, pues estaba en la biblioteca de mi madre, vaya uno a saber por qué). Pero entonces se me reveló el misterio cuando una de las personas de mi promoción me dijo que sólo había leído las partes del romance entre Manongo y Tere, los protagonistas, y se había saltado lo demás.
Ciertamente, es un libro que puede a primera instancia interpretarse como un libro adolescente. Pero si alguno de ustedes ha leído antes un libro de Bryce, se dará cuenta de inmediato que dista mucho de eso. O que, en todo caso, todos los libros de Bryce tienen ese olor a juventud, y que siempre es más por nostalgia que por ingenuidad. No me esperen en abril no es sólo un libro sobre el amor o la amistad, sino sobre el tiempo. Por eso el título es tan sugerente (personalmente es mi título favorito entre las obras de Bryce) al respecto, y por eso la novela es tan voluminosa: es la historia de toda una vida, la vida de Manongo Sterne Tovar y de Teresa, un adolescente distraído de la alta clase limeña, cuya historia nos empieza en los años 50 de Nat King Cole, San Isidro y el Hotel Country, y que termina (si se le puede poner un final), en algo así como la actualidad. Su vida es solitaria y eso que se dice "incomprendida" cuando un suceso de lo más trivial termina por marcar su reputación y finaliza en su expulsión del colegio. Pero es entonces que su vida da un giro: conoce a un grupo de amigos y, en una fiesta, a quien será luego el gran amor de su vida, la joven Tere Mancini. Allí es donde la novela empieza a desarrollarse como una larga y delicada carta de amor, como el ejemplo de un amor inquebrantable y delicioso, inocente y lleno de experiencia, porque tanto Manongo como Tere son personas que van más allá de lo meramente humano para confesarse su amor: se aman y toman todo lo que les rodea como parte de su relación.
Pero como toda carta de amor, sobretodo en una novela de Bryce, hay un factor condicionante que lo cambia todo: el tiempo. Y la novela continúa desenvolviéndose, contándonos sucesos de aquí y allá en el Perú de ese entonces, haciendo un larguísimo y a veces extremadamente pertinente recorrido por algunos de los sucesos más importantes con ese humor que sólo Bryce en su estilo absolutamente único saber hilvanar; y en estos sucesos se ven envueltos nuestros personajes, cuyo amor a primera vista hermoso y apasionado, termina volviéndose frágil frente a la inexpugnabilidad de una vida que lo contempla todo desde la frialdad del designio, un reloj que marca los meses y los obliga a pasar las páginas muy antes de lo que deberían o quisieran. Así la opción de crecer aparece frente a ellos sin que la hayan buscado, pero Manongo Sterne no busca crecer u olvidar toda la felicidad que vive como adolescente, sino que piensa cargar consigo esa época, a sus amigos de entonces y sus amores y fantasmas. Manongo busca, con toda su fuerza y todos los logros de su vida, recuperar aquello que el tiempo, que la realidad se llevaron y no lo han dejado volver a ver. ¿Pero es su vida una ensoñación sin sentido? ¿O es que los demás no pueden ver lo que él ha descubierto en sus constantes desvaríos?
Extraordinario ensayo sobre la soledad y la nostalgia, sobre el pasado y los recorridos de la vida en sí, esta novela es una obra absolutamente esencial para todos los que, como Manongo, las emociones no nos son rasgos ailsados que uno se da el lujo de seleccionar, sino justamente una integridad que está llena de sabores diferentes que sólo uno (o dos si tenemos suerte), podemos descifrar de manera correcta.
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Recomendable: Ni idea. Capaz cuando estás enamorado y quieres torturarte. Definitivamente cuando estás nostálgico. No todo el tiempo, porque no lo terminas. Cuando estás harto del siglo XXI.
Ficha técnica:

Bryce Echenique, Alfredo
No me esperen en abril - Anagrama; 1995.
611 p.; 14x22 cm. (Panorama de narrativas)
ISBN: 8433909886
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"Y tú encantada de la vida. O sea que yo no pude ir a buscarte. Ni te busqué en otra mujer ni nada. Ni siquiera te molesté. Lo que hice fue meterme en mi mundo para poderte esperar siempre ahí y fingir que la vida cotidiana también me era posible. Encontré toda una vida de sedantes en mis amigos y me reía y los hice reír y canté y me emborraché y trabajé y empecé a eso que se dice triunfar y bailé (pésimo siempre) y narices respingadas hubo, por decirlo de alguna manera, y algunas cruelmente mejor respingadas que las tuyas pero bastaba siempre con acercarme bien para que nadie fuera como tú eres así. Y mi esperanza fue por dentro. Sigue yendo por dentro. Y a veces se ríe o se burla de mí cuando en la vida cotidiana hasta parece que fuera un canalla, unas veces; un cretino, otras, o aquel muchacho que empezó desde cero por eso de que, cuando iluminé un MG rojo, faltaban pocos meses para terminar el colegio y el baile de promoción era sagrado y cada uno debía asistir con la chica más maravillosa de su vida."