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miércoles, mayo 12, 2010

El lugar que habitamos

Sabías que no era sencillo, o pensaste que tal vez podías hacerlo mejor. Yo no sé mucho de eso. Afuera las señoras encendían velas para meditar. Nuestros caballeros favoritos dormían en sus casas la tempestad, mientras que tú te interponías entre los disparos. Las balas silbaron al pasarme al lado. Te lo juro, muchacha, no titubeé ni un instante.
Y cerramos los ojos, allí en el remanso, nos cerramos. Queríamos comerlo todo, tragar la luz del sol, exponernos cara a cara con la marejada y los perros que corrían bajo la sombra en la bahía, querías descubrir por qué,
y se supone que debió ser mejor, que esperábamos más que la primera vez.

Pecamos porque te incluía a ti también, porque aunque fuera un trecho largo yo busqué un atajo que cortara a través del mar. En vez de eso alguien murmuraba en la cocina sobre los precios del almacén y lo apolillado de los reposteros y otro lobo aullaba y no era yo...

Nos dejaron todas sus caricias, nos robaron parte de la piel. Los fantasmas se mostraron como sangre que caía desde el techo y mojaba las paredes con un líquido negro y nos empapaban hasta que nos conertíamos en una masa informe de color,
y hubo noches (recuérdalo bien) en que tu ciudad me forzó a verme en la candela, y hubo noches (recuérdalo también) de agua y acertijos y una pinza de tu pelo me formaba estrellas,

pero todas las ciudades se inclinaban. Pecamos porque a nadie le debía una respuesta más que a ti, el mar cedió en su superficie falsa y yo solo te pensaba cuando
no es ningún salvavidas, no. Amor, no hay nadie que me haya habitado
tantas veces.

viernes, mayo 07, 2010

Despierta, mira que es de noche

Te he oído nacer
por vez primera, como a la luz de una pantalla desdibujada por el tiempo.
Me he tomado el trabajo de recogerme, de intentar salvarte,
no,
yo también habría muerto.
Por la noche los temblores de las drogas me suscitan al silencio abierto,
pero nada puede más que la fuerza en las muñecas
y la daga sobre el pecho hirviendo.
Imagíname,
cuando no me ames, imagíname, incapaz de hacerle frente a tantas sombras,
retorcido como vivo en este cuerpo joven que a duras penas puede soportar el golpe
de tantos años de derrota.
Recuerdo que decías "lo andaremos. El camino irá sinuoso y lo andaremos".
Si tan solo tuviera la voz de otra persona, podría ser oído,
nunca me he sentido más pobre que esta noche,
solo en la miseria de mi ser que acampa,
cada vez más lejos.
Las estrellas clarean en un cielo que a la vista se hace inmenso,
plagado de constelaciones que no predicen nada más que otra mala noche
de falsos derroches de alcohol, de viento,
de volverme sobre mi costado para ver las paredes desnudas y tu ausencia.
Discúlpame si he sido torpe, si en mi libertad no existe nada tan valioso
como para comprar el abismo que separa el mar de nuestros lechos de costumbre.
Pero aquí la sombra ya se erige vencedora sobre toda la colina,
los pájaros del día trinan aunque sé no están despiertos, mi aullido quiebra los filamentos de la noche en su melancolía y sé que no me queda mucho tiempo.
Mi piel sigue espasmando para despertar al monstruo que se arrulla sobre mí
y mi ropa está empapada de las lágrimas que mis drogas desintegran;
solamente así, vencido como un ser tullido y repugnante,
me atrevo a clamar mi himno de guerra:
defiéndeme si no es de mí,
perdóname si es lo de menos,
ven si quieres probar cómo se siente,
pero ámame si muero en el intento.

lunes, abril 26, 2010

Un domingo te pedí perdón

Todavía no han bajado las primeras gotas
que anuncian la llovizna invernal que jamás será diluvio.
Mi único entretenimiento consiste en perderme entre los pájaros que bajan,
sedientos de migajas, heridos tras rozar el sol,
y el amor en que confío será después de mí solo un papel para arrugar.

Cuando el tiempo se presenta así
y los recuerdos se convierten en paredes de hormigón,
la frente tibia en que chocábamos antes del beso me recuerda a algo,
despojado de mis velos, coronado solo por las lágrimas del miedo,
las pastillas surten bien su efecto: por la mañana ya no seré yo.

Y quisiera desear (es decir, poder pedirlo sin que sea mala acción),
la posibilidad de que me oyeras algo, que no volvieras a sentenciar
"vuelve allá si quieres, olvídate de mí si eso es lo que sientes".
Pero lo único que quiero es recoger una vez más tu mano.
Mis explicaciones sirven un momento, pero las dudas permanecen más.

Podría ser que entiendas lo mucho que llegas a significar,
que mis lágrimas son solo la felicidad de haber huido
de las fauces de un demonio que espinó mi corazón en cada tarde.
Los domingos muestran sus esquinas desoladas,
mañana entre murmullos el único solo seré yo.

Y puede ser que entiendas, que tu sonrisa y tu capacidad de amar
sean más fuertes que mis días de enfermedad y desvarío.
Puede ser que sí podamos ignorar, después de todo, la emoción que me impulsa al filo de la muerte que inventé.
Pero los pájaros siguen llamando sin saber en qué estación volar.
Y el amor que inventas por las noches,
no me alcanza para huir de pesadillas y enfrentar la realidad.

La verdad es que no podría amarte más.
La verdad es que si no dijera, no sabría cómo compartir
las partes de mí a las que les tengo tanto miedo.
Sé que puedes intentar huir, que no es necesario enfrentar el riesgo de mirarnos a la cara.
Pero creo que esta vez podría ser distinto,
que me amas de verdad,
que puedo llorar sin esperar reproches,
que algunas palabras, por mucho que nos hagan daño,
fueron hechas con el mismo amor que los silencios que nos llegan a salvar.

sábado, abril 24, 2010

Arrogante

Puede ser
que detrás de las heridas hayas descubierto
los rastros del gigante.
No hay mucho más que hacer, podemos resignarnos,
a la noche incólumne y marchita.
No somos de ninguna forma consecuencia de ninguno de los actos
a los que les debimos tanta fe.
Puede ser, digo,
que hayan terminado las madrugadas de aplazar el sueño
para vernos un instante más.
Pero yo no sé muy bien
por qué no quieres compartir conmigo la liturgia de tu mano
cuando esos momentos antes de dormir,
después de habernos prometido el cuerpo;
no sé cómo fingir durante el día
que puedo ser feliz con menos de lo que me duele obviar.
De todas formas no he aprendido a despertarme
sin el rencor de las torpezas que tanto me han costado.
No puedo contemplarte demasiado
sin acunarme de inmediato en brazos del insomnio,
no puedo ser yo mismo mucho tiempo
sin ser brutal y tercamente honesto:
te odio.
Y para una criatura como yo,
un montaraz herido y cimarrón,
compartir tu tiempo es más soberbio
que la sed de sangre que me inspira el mundo.

sábado, abril 10, 2010

Sobre empacar

Odio empacar. Lo hace todo tan real. Tan objetivo. Me parece demasiado mundano, vaciar cajones, buscar en las esquinas de un cuarto, mirar debajo de la cama y recordar de pronto los escondites caprichosos donde se perdía nuestra ropa. Algunas esquinas guardan un olor, otras alguna frase que nos dimos el lujo de esculpir con cuidado. En otras todo se me hace anónimo. Y entonces la partida ya no me resulta nostálgica, sino lejana, casi impersonal.

No quiero viajar sin llevar conmigo lo importante. Y de todo lo que llevo, es justamente eso lo que dejo. Preferiría no tomar nada, dejarlo todo aquí. Viajar liviano, libre, como sin saber exactamente a dónde voy o cómo solucionaré la ausencia de las cosas a las que me he acostumbrado demasiado.

Cuando esa sensación me asalta de golpe y de repente me doy cuenta de que del otro lado no estarás, me concentro en el vacío que queda cuando dejamos un lugar desocupado. El anonimato vuelve. Parte de ello me parece espantoso: he borrado en menos de una hora lo que tardé días en construir con mi desorden y mis ganas de repartirte por todos los espacios. Y ahora, al borde de la cama destendida, me sorprende la sensación asfixiante de la angustia. Ya es bastante malo irse. Pero empacar, ¿no es como preparar nuestra propia soga?

martes, diciembre 01, 2009

Desapariciones

Solías sacudir la tierra, solías sacudir el mundo en el que piso y todo lo demás se convertía en los recuerdos grises del camino detrás,
y solías también cantar para mí,
después de la tormenta.
Cuando las nubes se juntaban y la tiniebla me llegaba a la fragilidad del cuello,
aparecías y brillabas.

Se llamaba Timón y lo conocían como un vagabundo afortunado: todas las casas eran suyas, todos los caminos
seguían su huella.

Pero sabes que la noche es un alud irreemplazable, que el día siempre calla.
Así aprendimos desde niños a vivir a la fuerza para no saber morir,
y dije no, no dejaré que me destruya,
no lo haré, no lo haré.

Y Timón esperaba con el oído aguzado, para decirnos "estará bien todo",
para mirar contigo la tormenta
para burlarse de las iglesias profanas y lo sábados de profecía.

Nos tomamos de la mano, extendimos nuestros rostros al universo y su llovizna, nos dejamos empapar. Nos dijimos dame fuerzas, resistiremos, por el dolor de nuestra tierra y nuestro corazón anclado en esta casa,
resistiremos.

Timón inició el viaje sin nosotros, dejó detrás la huella, los perfumes de enero y las canciones que cantabas para adormecerlo antes del mar,
antes de que todo fuera verdaderamente nuestro.
Y yo lo contemplaba todo desde mi escondite abierto,
vano en el silencio, joven como jamás me he permitido,
perverso como una bruja que maldice entre las llamas
y dice un nombre que no conoce todavía.

Llegará un tiempo, lo verás, con nombres parecidos a los míos.

Nos aferramos, cómo no hacerlo. Nos aferramos a lo que no sabíamos para naufragar entre los otros cuerpos. Vimos la verdad de otros y enfrentamos el engaño de ser nosotros mismos. Por eso me sostengo. Me sostengo y no me dejaré caer. Te sostengo y no me dejarías nunca.

Y Timón llegaría al último desierto: donde nadie puede pronunciarnos. Y sabría en el recuerdo del dolor y las señales y las marcas en tus brazos y diría no,
sostente, no puedes caer, no desistas nunca,
aférrate
a los nombres que soportan la marea.

Y yo te dije, llegará algún día un tiempo, lo verás, y aprenderás mi nombre para hacerlo un nombre, aprenderás los nombres que soplaban desde su recuerdo: Fen, dirás, Asobi, tiempo... Volverás la vista al mar y dejarás que la calma se convierta en nuestro escudo. Yo diré algo intrascendente y tú sacudirás mi pelo.

Por eso sé que resistiremos,
resistiremos.

viernes, noviembre 13, 2009

La vida, instrucciones de uso :: Geroges Perec

Valoración: 5.0/5.0
(Estoy enamorado de ti)



Una tarde armaba un rompecabezas con esposa. Nos aburrimos después de un rato de no encajar nada y nos fuimos a dormir. La noche siguiente, la encontré con su parte mucho más avanzada que el día anterior. Me dijo, sonriendo: "por un momento parece que faltaran piezas. Luego te distraes, te concentras en otra cosa. Y cuando vuelves, todo se ve distinto, como con otra perspectiva. Y te das cuenta que las piezas siempre estuvieron ahí". Y siempre estuvieron ahí.

Todavía hoy me gusta armar rompecabezas. Es una afición que me empezó desde muy chico, con mi abuela. Lo triste es que no encuentras demasiados rompecabezas hoy en día. Bueno, al menos no en mi ciudad (hago la anotación mental de intentar hacer alguna línea de eso con la editorial, aunque solo sea para darme el gusto). Y es cierto. En la paciencia de recrear el mundo debe estar congregada la esencia misma de escribir, del arte, de la vida. Y eso es algo que debe haber sabido demasiado bien el genial francés Georges Perec cuando se decidió a crear este rompecabezas que no es sino una novela magnífica disfrazada de muchas otras cosas.

Imaginen un edificio parisino y luego imaginen que la fachada es invisible, de manera que pueden ver la estructura de la construcción como en un plano. Verían entonces cada habitación, cada fragmento de la vida de las personas que habitan allí, podrían describirlo de manera casi exacta. Y describir es lo que hace Perec. Siguiendo esta estructura monumental, nos inserta a cada habitación de ese edificio y analiza, de forma taxativa y minuciosa, cada objeto, cada fragmento y cada fantasma que habita en esos cuartos. Si hay una persona, su historia acompaña la descripción. Si allí vivió alguien antes, también su recuerdo es evocado. Pronto descubrimos que esta inusual forma de insertarnos en ese pequeño universo no es sino una excusa para armar un rompecabezas gigantesco: los personajes y sus historias no son sino un pretexto narrativo del más alto calibre, la posibilidad de crear una enumeración del mundo en la cual terminemos por descifrarnos a nosotros mismos.

Asombroso ejercicio sobre la inmortalidad y la fugacidad del ser humano, me confieso un admirador total de esta obra, la cual, seguramente, está entre mis libros favoritos, no solo por sus innegables cualidades narrativas, sino también por su esencia primal: somos las piezas que faltan para completar el rompecabezas de un mundo que no es sino nuestro mundo. Y por ser nosotros mismos las piezas que faltamos, pasamos toda la vida buscándola en otros solo para descubrir (con suerte no demasiado tarde), que la pieza siempre estuvo ahí, que nunca habrá forma de completar el rompecabezas, que todo lo que creímos el mundo, no es en realidad sino una pieza más del armazón de otro.

Voy a terminar compartiendo con ustedes las razones de una fecha especial. Algunas pocas veces en la vida uno encuentra una pieza que lo hace a uno sentirse absolutamente completo. Menos veces aun tiene uno la suerte de compartir su vida entera con ella. Decir gracias es poco. Por suerte para eso se han escrito los libros: no habría nada peor que vivir toda una vida de excesos, aventuras y peripecias, solo para descubrir, en mis últimos instantes, que la única pieza que necesitaba la dejé ir en vez de dejarme completar con ella. Y decirle a esa persona (la persona más importante de mi vida), que el único gesto de amor del que podría ser capaz entonces es el de esperar que también yo pueda ser el uno que te hace tanta falta.


Se lo regalaría a: Todas las personas que gustan de armar rompecabezas. ¡Que vivan las costumbres anticuadas!

domingo, octubre 04, 2009

Caído -sanarán las alas antes que su cuerpo-

Viviré con las heridas sobre la ropa,
enemistado con las palabras que pronuncio, demasiado torpes para explicarte nada,
para hallar una solución de adultos.
Quizá porque crecí entre notas musicales
y todo lo que aprendí del mundo lo saqué de libros. No puedo ser mucho mejor que los personajes que morían
o los villanos en que al final me he convertido.
Amo como en los finales imposibles:
es difícil encontrarme libre, desencadenado.
Y amarte me resulta tan sencillo como eso,
pero perdonarme, también por eso mismo,
el único secreto que jamás sabré de mí.

lunes, septiembre 21, 2009

Pirógena

Soy un mal esposo. Sé que lo soy.
Debería amarte siempre, sin fijaciones ni espejos ni temor de ningún tipo.
Pero temo
cuando alzas la voz o quiebras mi aullido,
sé que debería amarte como eres, sin cambiarte en nada, sin exigirte nada para mí;
que debería por ejemplo,
pasear a los perros y ayudarte sin que me lo digas a lavar la vajilla los domingos. Que podría hacer limpiar tu auto por dentro, y sorprenderte con la ropa ordenada,
que debería ser puntual y amarte solo lo necesario,
que no debería buscar tu roce cuando tienes sueño,
que debería respetar tu espacio cuando te enojas y entender
siempre entender,
que no querrás cambiar por nadie.
Pero soy un mal esposo.
Paso las tardes mirando las cartas del tarot y escribiendo en las paredes,
cosechando las flores silvestres de mis castillos de humo,
lamentándome de mi incapacidad de ser más fuerte.
Y solo no puedo amarte,
cómo puedo,
cuando sabes que soy tan sensible, tan emocional, tan frágil
y te pido que me salves con un beso, una palabra a destiempo, un verbo que no espero,
y en vez susurras
"yo sí quiero morir".

jueves, mayo 21, 2009

Nicho

Hoy me ofrecieron venderme un nicho fúnebre. Algo así como "evitarle problemas a mis familiares", "prevenir lo inevitable", etc. Eso me hace pensar que uno envejece, indefectiblemente. Que la idea que ahora me causa un poco de gracia puede terminar siendo una verdadera preocupación.

Y si voy a envejecer, quiero que sea contigo.

Pensando en todo eso, recordé esta canción. La transcribo traducida, cosa que normalmente no hago, pero esta vez es para alguien más. La canción es de Radiohead y se llama "A reminder". Un recordatorio de todo lo que quiero tener en mente si alguna vez pierdo la cordura. Si alguna vez envejezco demasiado como para recordar lo mucho que necesito ser el hombre que sabe lo que siente. Un recordatorio de lo mejor de mi vida y lo mucho que quiero conservarlo. Un recordatorio de ti. Va:

Un recordatorio

Si envejezco, no me rendiré
Pero si lo hago, recuérdame esto.
Recuérdame que, alguna vez, fui libre.
Alguna vez fui genial, alguna vez fui yo.

Y si me sentara y cruzara los brazos,
Aférrame dentro, de esta canción.

Déjame inconsciente, aplasta mi cerebro
Si tomo una silla, empiezo a hablar mierda...

Si envejezco, recuérdame esto:
La noche en que nos besamos, y realmente lo hice en serio.

No importa qué pase, si todavía hablamos.
Levanta el teléfono, ponme esta canción.

miércoles, diciembre 10, 2008

Lullaby

Dime qué canción cantas a tus sueños por las noches, dime qué noción del día tienes de mí. Y dime si necesitas de mi voz para llevarte más lejos aun.

Quién se puede complacer con esto de no pertenecer al mundo, quién como nosotros de la locura que nos abstrae de él. Quién hace lo justo donde otros buscan daño.

O cantaría mi canción para escuchar tu voz entrelazada con la mía. O dejaría oír tu voz en la noche alrededor.

Es un momento que he esperado siempre.

Continúo en este andar porque es más fácil que dejarlo. Continúo para pasar tiempo contigo. Y si cantaras una canción a tus sueños por las noches,

podría unir mi voz si quieres. Y dejarnos conocer por un momento que he esperado siempre.

O decir te amo.

Simplemente.

miércoles, noviembre 26, 2008

Dirección única // Walter Benjamin

A mediados de este sorprendente y acontecido (todo en lo personal, claro está) 2008, paseaba yo por el parque Rivadavia de Buenos Aires, pensando en lo mucho que extrañaba todavía esta ciudad. En Lima pocas veces puede uno mezclar el paseo con la literatura. Y así como quien no quiere la cosa, se me vinieron a la mente los nombres de autores varios que han hecho ese ejercicio de pensadores nómadas. Allí el fantástico Robert Walser, allí Cees Nooteboom, Sergio Pitol, WG Sebald. Y finalmente, se me vino a la mente el nombre de este libro de Walter Benjamin, mi favorito entre su extensa pero poco literaria bibliografía. Y, oh sorpresa, allí, en uno de los puestitos de libros usados del parque, una colección muy barata de la Biblioteca de Filosofía de Madrid con una serie de títulos de filosofía e ideología izquierdista, junto a los cuales, no tengo idea de por qué, aparecía este extraordinario Dirección única, el único texto que Benjamin publicó como libro.

Creo que si tuviera que compararlo con algún libro lo compararía con las Prosas apátridas de Ribeyro o con los Microgramas de Walser, con unas gotitas de los Cuadernos en octavo de Kafka. Pero en el fondo no sería hacerle justicia, porque este libro brilla con luz propia. Para un autor que realmente no puede ser considerado como tal en el sentido de la literatura alternativa, esta es una obra brillante en todos sus aspectos: la estructura fragmentaria, el manejo de la técnica que sobrepasa la intención reflexiva, el estilo pulcro y contundente de un Walter Benjamin que nos revela aquí un lado muchísimo más íntimo que en la mayoría de su obra.

Hay quienes dicen que es un libro de amor. Que lo escribió para una muchacha que conoció y del que estaba muy enamorado. Alguna vez lo oí por ahí, no estoy seguro de que sea del todo cierto. Lo que sí sé es que de amor hay en este libro, lo mismo que de observación. Se trata de un hombre que ha observado minuciosamente el mundo que lo rodea y ha llegado a la conclusión de que es falso aquello de que al andar se hace camino, sino que uno hace su camino conforme decide dar un paso en tal o cual dirección. Como el verdadero amor, es decir. El amor que se renueva y se decide revivir en cada instante en que nos es posible. Y ahora que creo en el amor y creo en la forma en que este libro nos lo muestra, se me abre también la posibilidad de interpretar este libro como más que un libro de amor: es un libro sobre la capacidad del ser humano de contemplarse íntegro y por lo tanto darse completamente. Todo lo cual, viene, finalmente a llamarse amor cuando queremos decirlo de una forma más corta.

Dirección única es uno de esos libros que uno puede leer siempre. Que no dejan de sorprender, que tienen alguna frase que siempre se podrá arrancar a los momentos duros. Y lo más importante, es un libro que se puede compartir. Un libro en el que uno se puede perder totalmente porque la condición está dada: hay un único sendero por el cual transitar. Así que si nos perdemos, no será demasiado problema. La ruta siempre seguirá estando al frente. No importa cuánto esfuerzo hagamos por poner nosotros los obstáculos para seguirla transitando.

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Recomendable: Para leer de a dos, para leer en la calle, para leer cuando tenemos tiempo de sobra para detenernos en un fragmento y pensar u observar. Para leer con café.
Se lo regalaría a: Erika, pero no sé si por algunos fragmentos en particular o solo porque me encantaría compartir esta lectura con ella.

Ficha técnica:
Benjamin, Walter
Dirección única - Biblioteca de Filosofía, Madrid.
2002
88 p.
ISBN: 8458137681

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"Abanico. Todo el mundo habrá tenido la experiencia siguiente: cuando se ama a una persona, incluso cuando solo se piensa intensamente en ella, casi no hay libro en el que no se descubra su retrato. Y hasta se presenta como protagonista o antagonista. En los relatos, novelas y cuentos reaparece en metamorfosis siempre nuevas. Y de esto se deduce: la capacidad de la fantasía es el don de interpolar dentro de lo infinitamente pequeño, de inventarle una plenitud nueva, compacta, a cada intensidad que se traduzca en extension; en pocas palabras, de considerar cada imagen como si fuera la de un abanico cerrado que solo toma aliento al desplegarse, y, en su nueva dimensión, exhibe los rasgos de la persona amada que ocultaba en su interior."

lunes, noviembre 10, 2008

Canción en E

La noche se pierde entre susurros y canciones y también nosotros

sabemos el significado de que el mundo no nos halle.

El mar nos recoge y en su rumor descubro las historias que aprendí desde que era un niño y tú

y tus manos

y tus miedos

y tu beso que me dura en los labios

me ayudan a redescubrir el mundo. En ti el mar se vuelve otra vez algo que se redescubre (la magia extraña y pavorosa de ya no sentirse solo).

Y piérdeme si te es posible,

piérdete conmigo.

viernes, julio 25, 2008

Frigio

Cierra mis ojos

y oblígate a sentir el roce de mis manos, ámame

porque yo nunca te he amado.

El tiempo parte con la locura de este ruido que no cesa

y unas veces es el mar y otras el suspiro en el trapecio antes de un salto.

Cuelgas a tu cuello promesas robadas en que me amarías;

si yo pudiera amarte

tumbados sobre el piso dibujando mapas,

clavando esquirlas sobre meridianos

y deseando amarte

antes del ruido,

si solo yo pudiera

el ruido aquel,

si solo pudiera pedirte

cierra mis ojos

oblígate a sentir.

Si solo pudiera obligarme a recordar cómo se siente.

domingo, julio 13, 2008

La noche de los feos // Mario Benedetti

Me gustan los monstruos enamorados. En mi último post, por alguna razón, recibí varios comentarios (en vivo, sobre todo), sobre si era en efecto un post romántico. Como no me gusta resolver esa clase de misterios, voy a decir que escribí ese fragmento pensando un poco en El jorobado de Notre Damme, en la idea del ser que observa a su amor a media luz, entre el miedo y la entrega, sintiéndose una criatura retorcida y encontrando lo mejor de sí en su, acaso, amor platónico. Situación en la cual no me siento personalmente comprometido, pero que sí he identificado un par de veces. Creo que la admiración, esa cualidad de ver en el ser amado a alguien superior es algo peligroso. Algo así como que uno ha de aprender a quererse para amar completamente. Es decir, que el amor no existe a media luz.

Pero... También creo que el amor no es solo para los seres de la luz. Que dentro de la oscuridad existe la intimidad de un sitio oculto, un lugar terrible que solo aquellos seres condenados a la sombra del repudio pueden comprender. ¿Para qué contemplar la belleza si solo trae pasmo? Algunas veces la verdadera conexión se da en el escondite, en la bajeza, en la capacidad de sentirnos uno con aquellos que no nos obligan a cambiar o a arrojarnos a la tan temida luz, sino quienes dan un paso dentro del umbral, se nos acercan, conocen nuestro mundo personal tan lleno de demonios y consiguen hacerse a la idea de él. No como un sacrificio, sino como una entrega.

Pensando en eso, me vino a la mente este cuento que leí hace bastante tiempo y que de vez en cuando saco de la cartera de comentarios interesantes. Conceptualmente, me parece un cuento hermoso. Ciertamente no es uno de mis autores favoritos, pero sí es uno de los autores que arrancan trozos de brillantez a su obra y eso me parece suficiente: ahí este cuento que no es sino una muestra de lo hermoso que puede ser encontrar la otra parte de uno en nuestro propio mundo y no en el que la gente de allá afuera nos obliga a asimilar. Esa capacidad de no vernos mutados por el amor debe ser lo más parecido a ese sentimiento, porque es, finalmente, la única forma de querer como uno es: la única forma de amar y ser auténtico.

-0-

Recomendable: Para cuando no queremos salir de la oscuridad. Para cuando descubrimos que no estamos realmente solos.
Se lo regalaría a: Creo que podría interpretarse un poco mal un regalo como este. Capaz este cuento es mejor recomendarlo que regalarlo.
Libro: Este cuento está incluido en el cuarto volumen de cuentos del autor, La muerte y otras sorpresas.
Whisky con link: La noche de los feos

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"- Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo.

- ¿Algo cómo qué?

- Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad.

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

- Prométame no tomarme como un chiflado.

- Prometo.

- La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?

- No.

- ¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata."


miércoles, junio 18, 2008

Escondites

Nada... me dieron ganas de postear algo aunque tocara libro.

No es verdad que sea demasiado tarde para amarnos. O que el tiempo siempre juegue en contra nuestra. No he sabido tampoco de pecados que inventaste en su momento, no sé cómo convencerte de que soy yo el que me decepciona todo el tiempo. Que quizás he sido demasiado evidente al chocar con tu mirada, que te he mentido tantas veces

(por eso que se dice amor)

y estoy intersecado con las consecuencias de los actos que no llegué a pensar, intersecado por los juegos, los papeles, las máscaras que usé. Hay sentimientos tan sencillos de fingir... Nada que conoczca es verdad suficiente como para desistir de ti.

Y es verdad que soy oscuro como en otros tiempos, y es verdad que sigo guardando más secretos que palabras dulces, pero todas las que tengo son para ti.

Sé que algunas veces preferirías mi silencio, y no es verdad que esté más cerca por no estar más lejos. Hay mentiras hermosas y hay algo hermoso en saber una mentira y preferirla a la verdad.

Y es verdad, en verdad que escondo tantas cosas, pero no puedo esconderte

a ti,

no puedo esconderte.

Y es verdad que tengo tantos escondites para tantas cosas

pero no para ti.

miércoles, mayo 28, 2008

En G menor

De aquí sintiendo a una parte

que me comporto como tú o seguimos siendo algo así como una sola palabra. No, no sabemos si correr sin respirar al mismo ritmo. Si solo pudiera morir una vez y reconciliarme contigo, si solo pudiera pedirte un momento que me enseñe el más puro despertar del sueño o ser, qué sé yo, la sonrisa que ya no nos daremos porque el día acaba y algo que sobraba me hace falta,

tu voz es tan dulce en un eco que me desangra

desangra mis oídos y todo sigue siendo así

hasta que muera con el corazón fulminado

hasta que muera con el alma quebrada en ti o

hasta que muera con el corazón fragmentado o

hasta que muera con el alma puesta en ti

y mi esperanza se reduzca a esto: veamos tu capacidad de demostrar tu amor, porque tus dolores ya no me sorprenden y nuestras soledades se enlazan.

Caeremos y yo caminaré en las calles húmedas de un sueño que derrama sangre

hasta que muera por haberlo intentado

hasta que muera con el corazón quebrado en ti

hasta que muera vacío de ti

hasta que muera sin saber si has llegado a perdonarme.

domingo, abril 13, 2008

Estática

¿Por qué no me miras a los ojos y descubres lo que quiero decir? Tú haces todo lo que pretendemos de la vida y luego lloras en silencio sin que yo pueda alcanzarte, pero,

muchacha, tú sabes, tú eres la pieza, eres el baile cuando quiero bailar solo, tú congelas al mundo con tu brillo y tu belleza despreocupada,

paralízame también.

Déjame tan quieto como a un distraido que se te cruza.

Déjame inmóvil.

Esa es la maldita consecuencia de tu amor que es solo una perfecta comprensión, o este lujo de pasar tanto tiempo contigo.

Tú ríes y el mundo se detiene a verte y

paralízame también, amor, no me dejes moverme mientras eres tú misma,

tú eres la historia y la canción y el centro del que todos esperan ver girar al mundo, ¿me dejarías soñarte un día más? Quiero hacer que dure algunas horas,

quiéreme también

para no descubrir nunca si te amo o en realidad solo deseo ser tú.

martes, marzo 25, 2008

Juramento de la lluvia

Yo tengo un pacto con la lluvia, muchacha: yo me dejo empapar por ella, siempre que aparece salgo vestido de gala para que arruine mis mejores trajes y jamás, por nada de este mundo, cargo conmigo un paraguas. A cambio, tengo la libertad de esperanzarme en una recompensa cualquiera. Y mi única recompensa hoy por hoy puedes ser tú. La lluvia no es benevolente, y eso me reconforta. Me empapa como si el mar me cubriera y se volviera una segunda piel sobre la mía, me hiela desde los nervios hasta el alma, me hace desear estar en casa, me hace desear estar contigo. Y jamás amaina cuando estoy, por ejemplo, esperando por un colectivo, cuando simplemente estoy fuera y por ese pacto no camino bajo los balcones sino en la intemperie, para permitir que me torture de esa manera dulce y enervante que sólo conoce la lluvia, entre sus tantos secretos. No, no es benevolente. Aprovecha toda promesa para obligarte a cumplirla hasta la infinitud. Pero de la benevolencia uno no puede esperar más que piedad, compasión, ayudas que no hacen demasiada diferencia. En cambio de la lluvia, de una lluvia que se niega a darme nada a cambio, sé exactamente qué esperar. Y lo único que yo logro arrancarle con las uñas empapadas por su velo eterno desdoblándose sobre mí, lo único que espero, es la espera misma. Es este vivir ya no soñándote, sino amaneciendo de los sueños para esperar que se me cumplan. Me hago fuerte esperándote porque mis dolores son insoportables pero solo quiero transitarlos, solo quiero estar mientras el tiempo se regocija y saber que tú estarás algún día, que mi esperanza aún la llevo conmigo y todo, pese a todo, con todo, sobre todo lo demás. Te extraño y te seguiré extrañando. Pero si la lluvia aún no ha roto con el eco de mi voz, si mis palabras te han llegado, tal vez algún día podamos pararnos bajo la lluvia y saber que es la misma en cada lado del espejo, del mundo, de estas ciudades que nos son ajenas. Quizás ambos podamos sonreír para sentirnos cerca, cerrar los ojos. Y ahí, al abrirlos, descubrir que estamos juntos, mirando el mar, extrañándonos por gusto, porque nuestras miradas convergen y nuestras manos se han enmarañado en una dulzura infinita que solo conoce aquél que ha aprendido, después de tormentas y marejadas, a esperar.

miércoles, marzo 05, 2008

Ella dijo no me dejes nunca

Hubiera preferido amarte que morir. Y sin embargo, estoy aquí, tan muerto como aquel día en que despertamos juntos y no sabíamos qué hacer. Yo no soy feliz así. Sé que tú podrías serlo, pero también que hoy lloraste sobre mí y que no mentiste cuando dijiste "te necesito". Yo cavo mis tumbas con las manos lastimadas, pero las contemplo antes de entrar. Como si no pudiera evitar disfrutar la sensación del entierro en vida. Y aun así preferiría amarte.

Belle & Sebastian suena teatral con las luces apagadas, pero prefiero no meterme con los discos apropiados para momentos así. David Lynch distrae, me separa de la realidad donde me dolerías tanto, pero finalmente ni siquiera él puede evitar la parte de los créditos. Mi perro me presta atención hasta que el sueño le gana y la hora me va haciendo saber que también para mí es hora de dormir, que mañana habrá que trabajar, que despertaré así como he muerto, lastimado, cansado, lleno de pensamientos sobre presupuestos, libros, frases inconclusas, esos besos que uno le roba al tiempo, esa sensación de tenerte echada junto a mí y desear que todo acabe antes de que también nosotros tengamos que bajar el telón. Preferir amarte, desgarrarnos mutuamente, pretender que podemos olvidarlo todo, que somos otras personas. Pero sé también que al despertar continuaré quieto, con el mismo dolor, escuchando el mismo ruido. Todo, en fin, todo, pero nunca, nunca decir adiós.