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jueves, enero 07, 2010

Swing

Hace dos días me contaron una historia que me llamó mucho la atención. Sabemos que el whisky Swing (ese whisky de Johnnie Walker que todos quisiéramos tener en nuestro bar) viene en una presentación poco común: se trata de una botella que, al ser colocada sobre una superficie, se mece de un lado a otro, por lo que no cae aún cuando la empujen o la muevan.

Resulta que ese whisky fue preparado especialmente para un capitán de barco... En una superficie plana, en movimiento, cualquier objeto caería (es lo que ocurría con los whiskys no tan sofisticados que tomaba el dichoso capitán), así que el sr. Alexander II creó especialmete esta botella, la cual, debido a su constante movimiento, podía adaptarse a la inestabilidad del barco.

Y entonces, solo puedo encontrar muy pertinente venir a este blog a preguntarme... ¿No es finalmente eso lo que he tratado de hacer? ¿Estamos más seguros parados sobre la superficie y aferrados a ella? ¿O es que nuestra única posibilidad de permanecer es mecernos con la marea, dejarnos llevar en un oscilamiento constante y ajeno a nuestro control? Quizás, al igual que esa botella, permaneceremos en movimiento, pero lejos de la destrucción que seguramente nos alcanzaría si buscáramos un único centro en el cual fijar nuestra vida.

Ajenos a ese movimiento, a veces la ilusión de nuestra propia debilidad nos hace buscar ese centro, asustados como estamos de perdernos en la oscuridad de los extremos, sin saber que no mucho más allá, lejos del tumulto que se aglutina en busca de una falsa salvación, existe un espacio donde podríamos dormir seguros, sostenidos en los extremos de una red que solo pide, como único precio para darnos la protección de su abrazo, que la acompañemos en su incesante movimiento.

miércoles, marzo 05, 2008

Ella dijo no me dejes nunca

Hubiera preferido amarte que morir. Y sin embargo, estoy aquí, tan muerto como aquel día en que despertamos juntos y no sabíamos qué hacer. Yo no soy feliz así. Sé que tú podrías serlo, pero también que hoy lloraste sobre mí y que no mentiste cuando dijiste "te necesito". Yo cavo mis tumbas con las manos lastimadas, pero las contemplo antes de entrar. Como si no pudiera evitar disfrutar la sensación del entierro en vida. Y aun así preferiría amarte.

Belle & Sebastian suena teatral con las luces apagadas, pero prefiero no meterme con los discos apropiados para momentos así. David Lynch distrae, me separa de la realidad donde me dolerías tanto, pero finalmente ni siquiera él puede evitar la parte de los créditos. Mi perro me presta atención hasta que el sueño le gana y la hora me va haciendo saber que también para mí es hora de dormir, que mañana habrá que trabajar, que despertaré así como he muerto, lastimado, cansado, lleno de pensamientos sobre presupuestos, libros, frases inconclusas, esos besos que uno le roba al tiempo, esa sensación de tenerte echada junto a mí y desear que todo acabe antes de que también nosotros tengamos que bajar el telón. Preferir amarte, desgarrarnos mutuamente, pretender que podemos olvidarlo todo, que somos otras personas. Pero sé también que al despertar continuaré quieto, con el mismo dolor, escuchando el mismo ruido. Todo, en fin, todo, pero nunca, nunca decir adiós.

lunes, enero 28, 2008

En el camino

A veces pasa. Uno va por la vida, cargado de ilusiones, pensamientos bien encaminados, dudas, hechos. Todos los días desayuno, salgo de casa, camino hasta el trabajo, cumplo con mis horarios y vuelvo a casa o acudo a alguna reunión de trabajo o me junto con los amigos, o con mi novia, o mil etcéteras más. Y esa es la vida del día a día, ese es el inevitable mapa de lo que normalmente es uno. Pero algunos días pasa algo en el camino, por insignificante que sea, un detalle que escapa al ojo común, como hoy, por ejemplo, que encontré un perro muerto en la calle y al detenerme a verlo me sentí triste, con lo que llegué a mi oficina y mi jefe me regañó (una vez más) sabrá Dios por qué, pero se detuvo porque percibió mi tristeza, con lo que me quedó tiempo para pensar que quizás no estoy a gusto en este trabajo y me gustaría dedicarme a la idea del negocio propio, lo cual me lleva inevitablemente a la sensación extraña de que algo está cambiando.

Y esos días me pregunto si la vida no estará más bien en ese perro muerto que nadie más que yo recuerda.

martes, agosto 14, 2007

Dura vita, sed vita

Dura vita, sed vita. La vida es dura, pero es la vida. Creo que esa ha sido mi consigna por mucho tiempo. Tanto me lo he repetido, que aunque no lo crea como una verdad universal, ha sido mi frase de soporte para todos los momentos en que me he sentido verdaderamente aplastado. Y sin embargo, es una lección difícil de aprender. Justo cuando creo que he llegado a asimilarla como una lección de vida, algo pasa; quizás una tormenta, quizás un tropiezo, pero de nuevo estoy en el piso y de nuevo echo mano a la misma consigna inquebrantable. Dura vita, sed vita. Cuántas verdades se encierran en una sola.

El verdadero significado de esa frase es terrible, quizás desalentador. Significa que fuera de nuestros ideales, fuera de los sueños y las fantasías, la vida es difícil, o hasta cruel. Y que eso es algo que nunca podremos cambiar. Significa que uno no siempre obtendrá lo que quiere, y ni siquiera lo que se merece. Quizás algunas veces, cuando uno es suficientemente fuerte, obtiene lo que va a buscar. En todo caso el significado va muchísimo más allá, porque implica también que hay cosas que nunca controlaremos. Que la voluntad humana, por poderosa y útil que sea, no es inquebrantable. Que la vida la derrotará y más de una vez. Pero de nuevo, es la vida. Y no tenemos más opción que aceptarla o renunciar a ella.

Pero lo interesante es que esa misma frase puede seguirse deshilvanando hasta sus fibras más ínfimas. Y entonces es que descubro que eso que uno llama “la vida” es en realidad una forma de nombrar de una vez millones de sensaciones, sentimientos, hechos, encuentros y eventos que le van ocurriendo a uno a lo largo del tiempo. Y allí asoma mi primer atisbo de entendimiento. Y es que recuerdo entonces que tampoco podemos controlar lo que sentimos. Que a veces, cuando uno quiere algo con locura y lo ve lejano, esquivo, pues simplemente tiende a querer olvidarlo, a renunciar, o a seguir en la búsqueda pero sintiendo culpa, sintiendo que uno lo hace por masoquismo. Pero nada de eso. Porque querer algo es uno de esos sentimientos que uno no puede controlar tampoco. Uno puede hacer lo posible por olvidarlo, claro, pero si no se consigue, habrá que aceptar que escapa a nuestro poder, que el control es una ilusión, que habrá que vivir con eso y esperar a que se desvanezca por otras circunstancias, o quizás, en algunos casos, el milagro se nos dé y consigamos lo que queríamos en primer lugar.

Dura vita, sed vita. Maravillosa frase porque con toda la carga desgarradora y fatalista que trae, tiene también un lado hermoso y absolutamente inspirador, cosa que vale mucho más que esas frases huecas y optimistas que nos vende el mundo en su afán hipócrita de hacernos creer que todo es color de rosa. No. Cuando la verdad es dura pero trae esperanza, es una sensación mil veces más suprema que la falsa felicidad armada sobre cimientos débiles. Y es que ese lado positivo es la gran razón para seguir viviendo: es la libertad. La libertad de saber que sin control podemos rendirnos al hermoso torbellino del caos, sentir sin culpa, disfrutar de las emociones aunque sean pasajeras y aunque no siempre nos lleven al destino que queríamos.

No hay que pasar nunca por alto lo importante de esa libertad. Nunca. Tiene todo el valor del mundo, porque significa que no necesitamos olvidar todo lo que nos hace daño, y que no tenemos que obligarnos a ello. Que el olvido debería ser un proceso de cura, no una automutilación. Que podemos y debemos vivir la vida dispuestos a caer y a ensuciarnos y a lastimarnos de vez en cuando; y no como aquél que abandona el campo de batalla de puntillas, en secreto, como un cobarde de aquellos que le tienen miedo no solo a la muerte, sino también a la idea de vencerla simplemente porque no saben lo que vendrá después.

jueves, junio 14, 2007

Un sueño // Franz Kafka

Yo no creo que este sea un cuento de ambiente. Al menos no en el sentido estricto de lo que se le suele llamar literatura de ambiente. Normalmente aquello de los géneros me importa poco, realmente no suele tener mayor trascendencia. Pero en el caso de este cuento en particular, para mí es sumamente importante entenderlo así. Sencillamente porque lo que cambia es la interpretación, y ello convierte a todo el cuento en una historia absolutamente diferente depende de cómo la leamos.

Quizás sea más importante definirlo de acuerdo a dos posibles interpretaciones: si existe un allá afuera y un mundo del sueño; o si acaso se trata todo de un solo mundo terriblemente confuso y cuya línea divisoria es simplemente imaginaria. Una vez más, la obra cambia íntegra en sí misma, pues de un modo sabemos que el despertar es un rompimiento con ese mundo, ocurra lo que ocurra en él y que todo rezago del mismo se vuelve nada más que una interpretación subjetiva. Pero del otro modo pasa algo muy distinto: somos perseguidos por el sueño hasta lo que nosotros creemos seguro, hasta el lugar donde nosotros sentimos que podemos dejar de sentirnos ajenos a las leyes que conocemos. Y justamente por eso, le creo más a la segunda interpretación cuando leo a Kafka. Porque si hay algo de lo que estoy seguro en su obra, es que para él todas las leyes que nos rigen nos son ajenas, externas, incontrolables. Todo en sí, incluso el despertar, no es, pues, más que un sueño.

Respecto a este cuento en particular, habla también de la muerte, claro. Pero no de la muerte como una especie de pesadilla, sino como un sueño bizarro, donde muy por el contrario, la muerte se contempla como un anhelo, una liberación, quizás ya que estamos hablando de Kafka, una metamorfosis (supongo que de eso se tendrá que hablar largo y tendido cuando reseñe esa obra). Y es sumamente importante que ese anhelo se nos presente en un cuento con rasgos oníricos, porque viene a colación con aquello que decíamos sobre una realidad mezclada: la idea de que nada está definido en sí mismo. Que así como el sueño y la vigilia no están divididios por un umbral, sino que sencillamente lo comparten; tampoco lo hace la vida con respecto a la muerte, sino todo lo contrario.

Este cuento es la idea de una muerte que nos hace renacer, o de la contemplación de la vida a través de una experiencia con su propio fin. Un sueño que a todas luces termina por la fuerza en un despertar, pero que no conforme con ello, contempla con nostalgia la posibilidad de que, quizás algunas veces, vivimos más cuando dormimos que al salir a ese allá afuera que llamamos con algo de resignación "el mundo".

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Recomendable: Una noche de insomnio.
Whisky con link: Un sueño

Ficha técnica: Kafka, Franz. "Un sueño", en Un médico rural.

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"Comenzó a sonar de un modo inoportuno la campanilla de la capilla perteneciente a la tumba, pero el artista hizo un ademán y la campana se detuvo. Transcurrido un crato comenzó a sonar de nuevo, esta vez en un tono muy bajo y deteniéndose al instante sin nigún requerimiento. Era como si quiesiera probar su sonido. K estaba desconsolado por la situación del artista, comenzó a llorar y sollozó largo tiempo cubriéndose el rostro con las manos. El artista esperó hasta que K se hubo tranquilizado y entonces decidió seguir escribiendo, ya que no encontraba otra salida."