Al ver el espejo destrozado en mil pedazos, descubrí que esos pedazos ya no eran más un espejo. Pero ello no impedía que cada una de esas piezas me reflejara todavía. Ya no eran más un todo, pero el todo tampoco importaba más. Ahora se trataba del reflejo de los miles de trozos, se trataba del desorden, se trataba de alguna pieza que se habría perdido debajo de la alfombra y ya no aparecería nunca. Porque esa pieza perdida, la intocable, la que nadie más podría ver, la que no aparecería nunca más, esa pieza, tendría el único reflejo que verdaderamente podría llegar a importar alguna vez.
Capaz porque uno lee con los sentidos más que con la erudición. Porque el whisky sabe mejor cuando estás con amigos que cuando estás catando. Porque leer no se trata de hurgar en los cimientos, sino de sentir. Porque nadie puede estar a la intemperie mucho rato. Porque de vez en cuando dan ganas de decir algo.
lunes, abril 30, 2007
Breve historia del espejo roto
domingo, abril 29, 2007
Seda // Alessandro Baricco
Este libro, que por cierto es el que catapultó a Alessandro Baricco a la fama internacional, es una de esas proezas que se logran raramente: una flecha directo a le emoción estética. El punto es que en la literatura de ambiente las sensaciones fluyen y se mueven dentro de uno conforme avanza en la novela, la mayoría de veces se trata de una prosa ornamentada, otras de descripciones desvariadas pero concisas... Pero en Seda todo es ritmo. Seda es como leer música, es como algo volátil, frágil, delicado (qué pertinente es el título). Desde luego, no se trata sólo de la fascinante entrega literaria y su consecución por la técnica. Tiene que ver también con la historia, una historia simple, pero desgarradoramente emocionante.
Quizás sólo quede agregar algo sobre esta novela (denominación que, por cierto, su autor rechaza tajantemente), y es que está escrita por una voz absolutamente angelical. No es una voz rasposa e íntima, sino una voz aflautada, que casi te adormece, pero que te emociona porque es imposible no emocionarse con la belleza.
Pocas veces algo tan estético es también tan íntimo, tan poco frío. Pero hay días raros, en que uno también se siente volátil, en que no está profundamente herido, ni tampoco feliz. Quizás un poco melancólico. Luego te despiertas y no recuerdas cómo era esa sensación. Por eso este libro es una especie de tesoro, porque pocas veces se puede abrir un libro con la certeza de que te espera no sólo una especie de viaje, sino también una especie de sensación.
Baricco, AlessandroSeda - Anagrama; 1997
180 p.; 14x21 cm. (Panorama de narrativas)
ISBN: 8433908405
"Baldabiou siguió escuchando, en silencio, hasta el final, hasta el tren de Eberfeld.
No pensaba en nada.
Escuchaba.
Le hizo daño oír, al final, cómo Hervé Joncour decía en voz baja
- Ni siquiera llegué a oír nunca su voz.
Y al cabo de un momento:
- Es un dolor extraño. En voz baja.
- Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.
Recorrieron el parque caminando uno junto al otro. Lo único que Baldabiou dijo, fue
- Pero ¿por qué diablos hace este maldito frío?
Dijo, una vez."
jueves, abril 26, 2007
Sobre esos días
Sé que si logro dormir mañana despertaré y ya todo habrá cambiado. Pero ella duerme con las cosas que me salvan de un día como este y nunca como hoy mis sábanas han sido tan frías.
sábado, abril 07, 2007
No me esperen en abril // Alfredo Bryce Echenique
Ciertamente, es un libro que puede a primera instancia interpretarse como un libro adolescente. Pero si alguno de ustedes ha leído antes un libro de Bryce, se dará cuenta de inmediato que dista mucho de eso. O que, en todo caso, todos los libros de Bryce tienen ese olor a juventud, y que siempre es más por nostalgia que por ingenuidad. No me esperen en abril no es sólo un libro sobre el amor o la amistad, sino sobre el tiempo. Por eso el título es tan sugerente (personalmente es mi título favorito entre las obras de Bryce) al respecto, y por eso la novela es tan voluminosa: es la historia de toda una vida, la vida de Manongo Sterne Tovar y de Teresa, un adolescente distraído de la alta clase limeña, cuya historia nos empieza en los años 50 de Nat King Cole, San Isidro y el Hotel Country, y que termina (si se le puede poner un final), en algo así como la actualidad. Su vida es solitaria y eso que se dice "incomprendida" cuando un suceso de lo más trivial termina por marcar su reputación y finaliza en su expulsión del colegio. Pero es entonces que su vida da un giro: conoce a un grupo de amigos y, en una fiesta, a quien será luego el gran amor de su vida, la joven Tere Mancini. Allí es donde la novela empieza a desarrollarse como una larga y delicada carta de amor, como el ejemplo de un amor inquebrantable y delicioso, inocente y lleno de experiencia, porque tanto Manongo como Tere son personas que van más allá de lo meramente humano para confesarse su amor: se aman y toman todo lo que les rodea como parte de su relación.
Pero como toda carta de amor, sobretodo en una novela de Bryce, hay un factor condicionante que lo cambia todo: el tiempo. Y la novela continúa desenvolviéndose, contándonos sucesos de aquí y allá en el Perú de ese entonces, haciendo un larguísimo y a veces extremadamente pertinente recorrido por algunos de los sucesos más importantes con ese humor que sólo Bryce en su estilo absolutamente único saber hilvanar; y en estos sucesos se ven envueltos nuestros personajes, cuyo amor a primera vista hermoso y apasionado, termina volviéndose frágil frente a la inexpugnabilidad de una vida que lo contempla todo desde la frialdad del designio, un reloj que marca los meses y los obliga a pasar las páginas muy antes de lo que deberían o quisieran. Así la opción de crecer aparece frente a ellos sin que la hayan buscado, pero Manongo Sterne no busca crecer u olvidar toda la felicidad que vive como adolescente, sino que piensa cargar consigo esa época, a sus amigos de entonces y sus amores y fantasmas. Manongo busca, con toda su fuerza y todos los logros de su vida, recuperar aquello que el tiempo, que la realidad se llevaron y no lo han dejado volver a ver. ¿Pero es su vida una ensoñación sin sentido? ¿O es que los demás no pueden ver lo que él ha descubierto en sus constantes desvaríos?
Extraordinario ensayo sobre la soledad y la nostalgia, sobre el pasado y los recorridos de la vida en sí, esta novela es una obra absolutamente esencial para todos los que, como Manongo, las emociones no nos son rasgos ailsados que uno se da el lujo de seleccionar, sino justamente una integridad que está llena de sabores diferentes que sólo uno (o dos si tenemos suerte), podemos descifrar de manera correcta.
Ficha técnica:
Bryce Echenique, AlfredoNo me esperen en abril - Anagrama; 1995.
611 p.; 14x22 cm. (Panorama de narrativas)
ISBN: 8433909886
"Y tú encantada de la vida. O sea que yo no pude ir a buscarte. Ni te busqué en otra mujer ni nada. Ni siquiera te molesté. Lo que hice fue meterme en mi mundo para poderte esperar siempre ahí y fingir que la vida cotidiana también me era posible. Encontré toda una vida de sedantes en mis amigos y me reía y los hice reír y canté y me emborraché y trabajé y empecé a eso que se dice triunfar y bailé (pésimo siempre) y narices respingadas hubo, por decirlo de alguna manera, y algunas cruelmente mejor respingadas que las tuyas pero bastaba siempre con acercarme bien para que nadie fuera como tú eres así. Y mi esperanza fue por dentro. Sigue yendo por dentro. Y a veces se ríe o se burla de mí cuando en la vida cotidiana hasta parece que fuera un canalla, unas veces; un cretino, otras, o aquel muchacho que empezó desde cero por eso de que, cuando iluminé un MG rojo, faltaban pocos meses para terminar el colegio y el baile de promoción era sagrado y cada uno debía asistir con la chica más maravillosa de su vida."
miércoles, abril 04, 2007
Los años, los meses, los espectros
Tal vez odio mis cumpleaños porque llevo una racha terrible de sucesos desde hace muchos años. Paradoja al respecto: este año todos mis amigos escribieron para saludarme un día después. Por un momento se me ocurre pensar que conforme voy envejeciendo, mi imagen se hace más confusa para los que están lejos, y ya ni siquiera están seguros de que yo sea una persona, de que haya sido real. Luego esa idea se hace todavía más fuerte: qué si yo soy el único que todavía se acuerda del antes, de los ratos que he atesorado como los momentos más felices de mi vida, los mismos momentos que compartí con ellos. Qué si yo soy el único tan nostálgico, tan loco y tan absolutamente anticuado que todavía vive en los rezagos de un tiempo que fue y murió con todos los demás tiempos (tanto ha cambiado mi país, tanto ha cambiado el mundo y seguirá cambiando) y mientras todos ellos crecen y el olvido los ayuda a sobrevivir a esa constante transformación, yo me he convertido en un fantasma de los tiempos que amé y no pude retener conmigo. Entonces ellos me deben ver con lástima, mientras yo me ufano inútilmente por intentar que todo sea como antes.
El fin que me espera puede ser terrible o hermoso, dependiendo de si me doy cuenta o si muero en mi ilusión. Pero si ellos han olvidado mi cumpleaños, quizás terminen por olvidarme también, pues soy solo un eco de algo que debe, necesita ser dejado atrás. Termino pensando que no me da miedo envejecer, pero un escalofrío me recorre la espalda cada vez que pienso que me estoy haciendo viejo.
jueves, marzo 29, 2007
La dama del perrito // Anton Chejov
"La dama del perrito" narra el amor de dos personas aparentemente diferentes, y que sin embargo encuentran el único reflejo de ellos mismos en el otro. Por un lado está el maduro y serio Dmitri Dmítrievich Gúrov, hombre de pocos amigos, muchos romances y harto del sosiego y la monotonía, cuya única ambición al inicio de este cuento es, justamente, deshacerse del tedio que parece acosarlo en todas sus acciones. Por otro lado la frágil y todavía ingenua Anna Serguéyevna, uno de los personajes femeninos más memorables de la literatura universal. Lo más hermoso de Anna no es su melancolía, o esos arrebatos inesperados de lágrimas que, ciertamente son conmovedores (está esa escena particularmente memorable en que Anna declara "Nunca he sido feliz, ahora soy desgraciada y nunca, nunca seré feliz, ¡nunca!). No. Lo más hermoso de Anna es su cotidianidad, su sosiego que tranquilamente podría pasar por melancolía. Anna Serguéyevna es el modelo de una mujer cuyas lágrimas son producto de su aburrimiento, pero cuya sonrisa la define como un milagro. Sus eternos ojos grises, su cotidianidad, todo ello es justamente el núcleo de un amor que golpea a cualquiera, porque esta no es una novela sobre seres que afrontan una tormenta invencible, sino una novela de dos seres humanos que sufren, se enamoran y son incapaces de franquear las debilidades sencillas pero inquebrantables de la sociedad humana. Es un amor real en todo el sentido de la palabra, porque ni Gúrov ni Anna pueden ya vivir el uno sin el otro, y para ellos la realidad ha cambiado completamente, aunque ello no les haga la vida más fácil.
Este es un cuento especialmente recomendable no sólo por el extraordinario talento narrativo de Chéjov, que, como él decía, no es el tío que se sienta en la mesa a contar un relato fantástico, sino aquél amigo al que empezamos oyendo por compasión y en el que terminamos identificándonos como humanos. Este cuento vale la pena por esa terrible sensación de fragilidad que esos personajes nos transmiten, y porque esa fragilidad también la compartimos. Después de todo, no somos más que esos seres frágiles, fugaces, que buscan en otros lo que de ninguna manera puede lograr uno solo: saber que, aunque el tiempo aceche en cada esquina, quizás en nuestra capacidad de dejar un rezago de nosotros en otra persona se encuentra uno de los ingredientes de nuestra verdadera fortaleza.
"En Oreanda se sentaron en un banco, no lejos de la iglesia, y estuvieron mirando abajo, al mar, en silencio. A través de la niebla del amanecer, Yalta casi no se veía, en las cumbres de las montañas se mantenían inmóviles las nubes blancas. Las hojas no se movían en los árboles, chirriaban las cigarras, y el monótono y sordo rumor del mar, que llegaba desde abajo, les hablaba de paz, del sueño eterno que nos espera.
Así sonaba el mar allí abajo, cuando aún no estaban aquí ni Yalta, ni Oreanda, así seguía ahora el rumor y así seguiría, igual de indiferente y sordo, cuando no estuviéramos. Y en esta inmutabilidad, en la completa indiferencia hacia la vida y la muerte de cada uno de nosotros se esconde, quizá, el secreto de nuestra salvación eterna, del ininterrumpido movimiento dela vida en la tierra, del constante perfeccionamiento."
viernes, marzo 23, 2007
Canción imposible
No hay canción. Contigo no hay canción posible. Es decir, ni lo uno ni lo otro. Ni la canción que suene a melodía ni posibilidad de que eso cambie. En el fondo simplemente pasa por decir algo que más bien he enmudecido: que contigo fui feliz y el resto ya es esa canción que no existirá nunca.
Y yo era como ellos. Basta con mirar esas canciones que sí fueron. La mujer que desbocaba mi cordura, el ángel que ofreció salvarme, la muchacha que sólo contemplé desde el silencio de unos pocos ratos. Nacieron desde la miseria de mi nombre, de mi incapacidad de hallarles, de mis ansias de contemplar lo que es inexpugnable.
Pero ese no es más mi sueño. En el fondo, jamás lo fue. Hoy entiendo que el imposible es justamente eso. Y lo es para que aprendamos sólo del andar a él o con él, o para él, o no aprendamos nada si ese es su capricho. Pero finalmente, eso es lo de menos. En ti no busqué nada, pero he encontrado; en ti no necesité canción porque tus palabras echaron velo en el silencio; a ti pude quererte porque no había nada más que hacer contigo. Y en ti existe aquello que ningún fantasma tendrá nunca: un don cotidiano, una sonrisa que no golpea pero llena, una mirada que me cautiva sin llegar al miedo, una voz que sabe conducirme a reír de un mundo que también rió a costa mía.
jueves, febrero 08, 2007
El viejo y el mar // Ernest Hemingway
Esta novela no es la historia de una guerra pre-fabricada. Es la historia de un pescador que va armado sin saber que está armado, porque para él la idea de la guerra contra el mar es la de algo tan natural como comer. No se trata de exigirse lo que no puede alcanzar, sino justamente de hacer lo que sabe hacer. El quiebre está en todo caso, en que este pescador se atreve a hacer lo que nunca antes hizo: adentrarse en aguas más profundas. ¿La recompensa? Bueno, habría que empezar por preguntarse si se le puede llamar así. Y la respuesta ha de ser aquello que más nos conmueva de esta novela absolutamente brillante.
La trama es bastante conocida: Santiago, un pescador artesanal (casi diríase arcaico), parte en su día 85 de temporada sin pesca hacia aguas que jamás había navegado, equipado con unos metros de cordel, un arpón, anzuelos y un pequeño cuchillo. En su mente oscilan los recuerdos de una orilla donde duermen los leones, su amor por el béisbol y su jugador favorito, Joe Di Maggio. Navega en esas aguas intranquilas, infestadas de tiburones hasta que se encuentra cara a cara con el reto: el pez más grande que ha visto nunca en su vida.
Pero ese pez no es sólo un actor externo al que hacer frente. No se trata de una cacería común. Ese pez es su reflejo, es con él mismo con quien Santiago tiene que luchar. Pero no de la manera en que lo hace el ser atormentado que se duela o se quiebra interiormente. Simplemente que la lucha lo refleja. Afuera las leyes las dicta el océano, debajo el pez lucha con tanta pasión como él mismo, pero, solo como está, Santiago no se deja llevar por la introspección, no pretende hallar el significado de su búsqueda, ni siquiera se pregunta si puede haber un significado. Santiago simplemente hace lo que sabe hacer mejor.
Allí radica lo emocionante y terriblemente desgarrador de esta lucha: no se trata de una pelea que se libra con el espíritu, o al menos no sólo con el espíritu. Es una lucha de los hechos, del conocimiento del cordel, de los anzuelos, de guardar las fuerzas para que las manos ensangrentadas puedan sostener el arpón cuando sea hora de dar esa estocada final. Esta es una guerra en la que los movimientos del pescador hablan por el personaje. Esta es una lucha donde la derrota no tiene lugar porque la lucha engrandece a quien la libra; esta es una lucha demasiado grande porque el mar es cruel para un pescador artesanal solo en su pequeña barca, tratando de remolcar a un pez en aguas infestadas de tiburones. Pero, justamente, esta no es la historia de una lucha que se conmemora con una leyenda. Esta es sólo la historia de una guerra que llega a ser librada aunque la recompensa se la lleve ese océano inexpugnable y la historia se hunda con los restos, lejos, hasta el fondo del mar.
Ficha Técnica:
Hemingway, ErnestEl viejo y el mar - Debolsillo.
160 p. ; 19x13 cm.- (Contemporánea)
- 0 -
"Era demasiado bueno para durar, pensó. Ahora pienso que ojalá hubiera sido un sueño y que jamás hubiera pescado el pez y que me hallara solo en la cama sobre los periódicos.
- Pero el hombre no está hecho para la derrota -dijo-. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado."
viernes, febrero 02, 2007
Victoria o desolación
Debe haber algo de verdad en eso. Supongo, siempre he pensado, que todos queremos lo que no podemos tener. Que parte de la naturaleza humana es perseguir aquello que nos es esquivo porque aunque no sepamos qué hacer con ello luego, la caza en sí es lo suficientemente atractiva para tomarse la molestia. El punto es, ¿qué pasa cuando el objeto de nuestra cacería resulta estar a nuestro nivel? Mi amiga es una persona sumamente inteligente, muy hábil, quizás demasiado perspicaz. Y sin embargo, eso la aburre, porque termina haciendo sus retos fáciles. Y es que definitivamente es más sencillo poseer que dejar ir.
La gran pregunta viene después, ¿en qué consiste la victoria, cuándo puede uno sentirse satisfecho? ¿Es cuando uno posee algo completamente, o cuando uno procura poseer lo que sea y ese objeto nos rehuye de una manera inexpugnable? Quizás para algunos la victoria se centra en el desafío, para otros en el objetivo. Lo cierto es que ya sea que se trate de una pareja, un cáncer o un sueño que perseguimos desde hace mucho tiempo, el fin de la búsqueda siempre será incierto. No importa que consigamos estar con esa pareja o que nos enamoremos pero la perdamos, no importa si el cáncer nos consume o logramos su completa remisión, no importa si ese sueño se nos cumple y nos damos por servidos en la vida o si finalmente lo descubrimos imposible y tenemos que contentarnos con un pequeño rezago de él. Nada de eso importa porque es ajeno a nuestro control. Lo que importa es cómo leemos esa historia finalmente, cómo logramos, con el único fin de sobrevivir, escapar de una derrota.
sábado, enero 20, 2007
La negativa // Franz Kafka
-0-"Si me encuentro a una muchachita bonita y le pido: "Sé buena, ven conmigo", y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa:
"Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo".
"Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando".
"Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?". "
Desconcierto
Paso una noche en la playa de Asia, en una discoteca. Mis amigos y yo intentamos sacar a varios grupos de chicas a bailar, pero siempre con el mismo resultado, en diferentes versiones: "tengo enamorado", "estoy en grupo", "después". Eventualmente una que otra acepta, algunas con mejor cara, otras con más o menos educación. Llega un momento de la noche en que algunos "no" pasan de lo descortés y empiezan a sonar como si aceptar el baile fuera una herejía, una especie de violación a un código sagrado. Al respecto, sólo se me ocurre la posibilidad de que en algún rincón remoto de esas chicas, esa proposición es una invitación a mucho más. Que uno las ha visto como algo inaccesible, algo que se desea de manera hasta hiriente. Y supongo también que se siente bien poder decir que no, con la actitud de que se es mejor que eso que te saca a bailar. Pero la verdad es que esa especie de acuerdo no escrito es esa absurda barrera invisible para que tanto ellas como nosotros nos simplifiquemos la vida. Habría que aprender que tanto las mujeres como los hombres, en determinados momentos, sólo queremos bailar.
Al fin y al cabo, lo curioso es que las mujeres en particular diseñan un patrón de señas, un lenguaje propio, pero finalmente no transmiten la manera de descifrarlo y esperan que nosotros desvivamos esfuerzos para leer esa extrañísima serie de señales crípticas. Iluso de su parte y descortés de la nuestra no intentarlo más. Es triste que vivamos resignados a ello, porque nos perjudica a ambos, pero nadie hace nada por remediarlo. Y es que toda mujer, alguna vez en la vida, ha dicho que no al chico que la sacó a bailar, aunque se muriera de ganas y lo que es peor, de aburrimiento.
miércoles, enero 10, 2007
El monte de las ánimas // Gustavo Adolfo Bécquer
Bueno, para contar la historia completa, estuve dedicándole un par de días a reordenar mi biblioteca (sí, al fin todo ordenado por editoriales y todo), y saqué de entre esa pila de libros que uno ya ni recuerda que tiene, una antología de cuentos de terror ("horror", en realidad, es lo que se lee en la portada). Y allí, entre algunos cuentos clásicos y otros bastante mediocres, está este cuento del que supe por primera vez de manera oral, gracias a un tío que, durante muchos años, nos contó a mi hermano y a mí toda clase de cuentos. Durante un par de semanas, pues, mi tío sacó del baúl, a petición nuestra, muchos clásicos de terror que me estoy dando el trabajo de cazar de nuevo por estos días. Ahí va la dedicatoria para mi tío, y ahora vamos con este cuento en particular...
Así como Bécquer no es un autor que me fascine particularmente, este cuento no tiene tampoco nada que lo convierta en algo espectacular. No es, definitivamente, la clase de cuento que mete un gol de media cancha, ni el que uno recuerda para toda la vida. Pero sí es un jugador de repetición, sí es el cuento que llamó mi atención tan pronto pasé sobre él mientras ordenaba absolutamente toda mi biblioteca.
El monte de las ánimas ocurre durante el Día de todos los Santos. Día en que la caza de nuestro protagonista, Alonso, termina temprano: deben alejarse del Monte de las Ánimas antes que anochezca. Su prima, Beatriz, quien viene desde Francia, no comprende por qué, pero Alonso le cuenta la historia de la terrible guerra que allí se libró, así como los terribles relatos que han nacido de ella: los ruidos extraños, el repicar de las campanas, el aullido de los lobos que se oyen todos venir del monte en ese día de los difuntos... Y sin embargo, quizás porque lo considera una falsa habladuría campechana, quizás por curiosidad, quizás porque es mujer y tiene que hacer honor a su género, Beatriz se las ingenia para enviar a Alonso a ese monte durante la noche en busca de un lazo que ella perdió allí, completamente solo... Y entonces el motor de la aventura ha empezado aandar por el gesto más trivial, más insustancial del mundo; que termina siendo, en manos de una mujer, el nudo maravilloso de este cuento por todos los medios recomendable.
Dos cosas vale la pena añadir: primero, que entre los muchos cuentos de terror que mi tío me contó hace muchos años, este fue el único que me dejó una noche en vela. Segundo, que en este tipo de obra, la prosa descriptiva de Bécquer y su eterna fijación con la naturaleza la dotan de un ambiente único. Así que les recomiendo conseguirlo (o imprimirlo, pues está disponible en varias páginas de internet) y llevarlo a la playa, como uno de los fundamentales para leer de noche, a la luz de una fogata.
Ficha técnica:
Bécquer, Gustavo AdolfoRimas y leyendas - Alfaguara.
216 p. - (Serie Roja Alfaguara)
-o-
"- Tú lo sabes porque lo habrás oído mil veces: en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendientes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud; todo el ardor hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; yo he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir del peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y sin embargo, esta noche..., esta noche, ¿a qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡Las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa a dónde.
Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña. arrojando chispas de mil colores:
- ¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!"