"Algún tiempo después, si es que es posible hablar aquí de tiempo, quedó claro que el pensamiento humano mantiene su ímpetu después de la muerte. Me encontraba completamente enfajado: ¿era una mortaja?, ¿era simplemente la tensa oscuridad? Lo recordaba todo -mi nombre, la vida en la tierra- con perfecta claridad, y sentí un bienestar maravilloso en la idea de que ahora no había que preocuparse de nada. Con lógica maliciosa y despreocupada avancé de la sensación incomprensible de vendas apretadas a la idea de un hospital e, inmediatamente, obedeciendo a mi voluntad, se materializó a mi alrededor una espectral sala de hospital, y tenía vecinos, momias como yo, tres a cada lado. ¡Qué poderoso era el pensaiento huano, capaz de lanzarse como un rayo más allá de la muerte! Dios sabe por cuánto tiempo seguiría latiendo y creando imágenes después de que mi difunto cerebro hubiera dejado de servir para algo. El cráter familiar de un diente ahuecado seguía conmigo y, paradójicamente, esto me proporcionaba un alivio cómico. Sentía cierta curiosidad por saber cómo me habían enterrado, si había habido una misa de réquiem, y quién había asistido al funeral."
Capaz porque uno lee con los sentidos más que con la erudición. Porque el whisky sabe mejor cuando estás con amigos que cuando estás catando. Porque leer no se trata de hurgar en los cimientos, sino de sentir. Porque nadie puede estar a la intemperie mucho rato. Porque de vez en cuando dan ganas de decir algo.
viernes, noviembre 23, 2007
El ojo // Vladimir Nabokov
domingo, noviembre 18, 2007
Identidad
Intentar rescatarse puede consistir en eso. Por veces ella, que me salva de días como hoy, por veces los amigos que a la vez faltan y están, por veces uno mismo, por veces el mundo. La supervivencia efímera de arrancarle trozos de salvación al vacío, temerla a nada, por lo tanto no tener deseos. Me lastima no amar, así como me lastima anhelarlo. Vacío, suicida, enfermo. Las pastillas curan el insomnio, pero ya no cumplen su fin. Suman al problema cuando la dosis aumenta y yo sigo siendo mi enemigo. Pero sé que mañana veré el rostro de ella y no habrá cambiado. Yo, por otro lado, me echo a dormir sólo para hallar el mismo sueño recurrente: me miro al espejo y mi rostro es otro. Y el problema no es no reconocerme, sino no poder recordar cómo era yo antes del sueño.
domingo, noviembre 11, 2007
Cómo me hice monja // César Aira
Así que dejé un número x de cosas en casa de una tía en Buenos Aires, esperando irlas recuperando de a pocos. Y hace una semana volvieron con una persona que viajó para allá una serie de apuntes, cuadernos de mi carrera en los que había bocetos de una que otra historia y un par de los libros que dejé. La mayoría los metí en la estantería casi sin mirarlos, o sin recordar que los tenía, otros me alegré de recuperarlos y en eso me quedé con este en la mano y sencillamente me sentí mal por haberlo dejado detrás.
Cómo me hice monja es un ejemplo absolutamente magnífico de lo que es la libertad narrativa de Aira. Esa libertad subversiva, estimulante y ácrata que es una búsqueda de identidad. Un adulto evoca sus recuerdos de infancia, su mudanza del pequeño pueblo de Coronel Pringles a la ciudad de Rosario, donde empiezan a desencadenarse hechos extraños, divertidos y fantásticos que cambian la vida de este personaje y su familia. Y ese personaje es fragmento y variación, no admite ningún orden establecido, alterna la temporalidad y el espacio como si ese cantar no estuviera hecho para los oídos del narrador (y dicho sea de paso, del autor). Aunque sencilla en apariencia, esta novela nos interna al extraño mundo de caos que tanto fascina al argentino César Aira, donde la Niña, el protagonista de la novela, alterna su género con el masculino, entrecruza el umbral que divide lo real de lo imposible y desafía el tiempo narrativo o el accionar de los personajes, cambiando de rumbo, voluntad y objetivo, dejando de lado la intención de contar la historia de cómo la Niña se hizo monja para pasar a contarnos sobre su vocación literaria sin mayor explicación que la lógica particular del autor.
Sobre todo porque es una novela basada en el recuerdo, que todo lo distorsiona, lo desordena, lo convierte en fábula. Porque eso es, finalmente, recordar lo que significa ser un niño, sentir de nuevo esa opresión en la garganta y esa libertad para transformar el mundo con nada más que un guiño de ojos, ese dejarse estar que lo libera a uno de la realidad y mitifica los hechos para convertirlos en pequeños momentos triviales que terminan por definir nuestra vida, nuestra forma de ser, nuestro día a día.
Llena de desvarío, desorden, contradicción y verborragia, la prosa de César Aira nos ofrece una singularidad digna de admiración: lograr, en novelas de a veces no más de treinta páginas, un caudal narrativo inagotable.
Se lo regalaría a: Dado el caso, supongo que a cualquiera que quiera empezar a leer a este autor a todas luces recomendable. Es un excelente punto de partida.
Ficha técnica:
Cómo me hice monja - Beatriz Viterbo Editora
1999
256 p.; 12x19 cm.
ISBN: 9789508450746
Notas: Incluye la novela La costurera y el viento.
"Mi mamá era mi mejor amiga. Pero no por una elección que me definiera, ni por una elección de cualquier otro tipo, sino por ncesidad. Estábamos solas, aisladas, ¿qué nos quedaba sino tenernos la una a la otra? En esos casos la necesidad se hace virtud, y no es menos virtud por eso. Ni menos necesidad. La nuestra no era profunda, no tenía raíces o concomitancias. Era una necesidad casual, de momento. Difícilmente podría encontrarse dos seres con menos afinidades que nosotras dos. Ni siquiera éramos opuesto complementarios, porque nos parecíamos. Ella también era una soñadora. Habría preferido ocultármelo, pero lo descubrí por alguna señal mínima. Las personalidades secretas se revelan en lo furtivo , y eso era lo que yo captaba antes ue nada, de modo que la pobre mamá no tuvo ninguna chance de hacerse imperceptible conmigo. Mis ojos horadantes de monstruo impedían que ningún ser vivo se mimetizara con mi vida."
lunes, noviembre 05, 2007
Buenas costumbres
si no llevas el saco no eres elegante.
martes, octubre 30, 2007
Toda Mafalda // Quino
viernes, octubre 26, 2007
Censo
Se dio orden de inamovilidad para ese día: nadie podría salir de casa.
La orden se terminaba a las 6 pm.
La gente se quejó durante toda la semana previa al censo.
El día del censo, la gente, ansiosa y aburrida, esperaba el fin del encierro.
A las 5:59 las personas se amontonaban frente a la puerta para invadir las calles.
A las 6 todas las puertas se abrieron y la población en pleno inundó plazas, avenidas y locales en su desesperación por librarse de la claustrofobia.
A las 6:05, todos se miraron las caras, dijeron “ahora qué mierda hacemos” y regresaron a sus casas a tomar el lonche.
jueves, octubre 11, 2007
Historias de cronopios y de famas // Julio Cortázar
-0-
"Qué maravillosa ocupación cortarle la pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina.
Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino.Qué maravillosa ocupación entrar en un café y pedir azúcar, otra vez azúcar, tres o cuatro veces azúcar, e ir formando un montón en el centro de la mesa, mientras crece la ira en los mostradores y debajo de los delantales blancos, y exactamente en medio del montón escupir suavemente, y seguir el descenso del pequeño glaciar de saliva, oír el ruido de piedras rotas que lo acompaña y que nace de las gargantas contraídas de cinco parroquianos y del patrón, hombre honesto a sus horas.
Qué maravillosa ocupación tomar el ómnibus, bajarse delante del Ministerio, abrirse paso a golpes de sobres con sellos, dejar atrás al último secretario y entrar, firme y serio, en el gran despacho de espejos, exactamente en el momento en que un ujier vestido de azul entrega al Ministro una carta, y verlo abrir el sobre con una plegadera de origen histórico, meter dos dedos delicados y retirar la pata de araña, quedarse mirándola, y entonces imitar el zumbido de una mosca y ver cómo el Ministro palidece, quiere tirar la pata pero no puede, está atrapado por la pata, y darle la espalda y salir, silbando, anunciando en los pasillos la renuncia del Ministro, y saber que al día siguiente entrarán las tropas enemigas y todo se irá al diablo y será un jueves de un mes impar de un año bisiesto."
lunes, octubre 08, 2007
Génesis
hacerse productivo,
rebuscar entre las cosas de su cuarto,
procurar no emborracharse (demasiado seguido)
cambiar su dieta,
memorizar el nombre de las calles (evitar perderse a toda costa),
dormir a horas decentes,
cumplir con la medicación,
llamar a los amigos (organizar encuentros imposibles de cumplir),
abrir una cuenta bancaria,
pasar tiempo con sus mascotas,
besar a una muchacha (de preferencia recién conocida),
evitar caer,
no temerle al fin,
volver a los inicios.
domingo, septiembre 30, 2007
Príncipe // Ib Michael
El argumento es sencillo y a la vez terriblemente complejo. Podría decirse que es la historia de Malte, un niño de doce años que pasa sus vacaciones de verano en un pequeño pueblo pesquero de la costa danesa. Pero es cierto también que, como dije antes, aquí todo se confabula como una especie de trampa, como una enredadera que mezcla trama, estructura y palabras, y por ello lo que pareciera ser la tendencia natural de la historia, encuentra giros insólitos que, narrados con una magistralidad francamente sorprendente, dan como resultado una novela no solamente convincente literariamente hablando, sino sobre todo envolvente, de esas que se colocan justo donde salta el fuego de la emoción estética.
Y dejando de lado los artificios literarios, quizás lo más interesante de esta novela es la forma en que aborda el tema de la infancia. Primero porque la mayoría de veces esa idealización de la fantasía como contrapropuesta a la adultez resulta tan evidente que simplemente se vuelve un cliché. Y segundo porque pocas veces se da una convivencia clara de ambos mundos en una obra literaria sin que choquen de alguna manera. Pero en eso destaca Príncipe, porque, nuestro narrador (un extraño ser que salta de cuerpos convirtiéndose en animales u objetos), está por encima de la capacidad del tiempo, y comprende ambos mundos sin prejuicios ni preconceptos. Y el lector es un espectador de lujo, pues se sitúa en este plano intermedio por momentos, en el corazón de Malte por otros, en los adultos que conviven en este mundo agreste por lógica absolutamente natural.
Quizás esta reseña hubiera sido más pertinente en verano. Pero haciendo como el personaje de la novela, es decir, intentando ser un poco niño para no olvidar del todo lo que eso significa, creo que un excelente primer paso es olvidarse un poco del tiempo y construir uno propio. Cosa difícil para uno hoy en día, pero absolutamente necesaria. Bueno saber que hay libros como este, para echarnos una mano antes que sea demasiado tarde.
-0-
"Un instante a la luz, la felicidad de un día, ¿compensa la soledad de cien años? Veranos fugaces, días que no terminaban nunca, noches de cristal azul oscuro... Pero nada dura para siempre. Al final del verano espera un sol que va desinflándose hasta oscurecer en medio del día. Nacemos a la conciencia de esas moscas de vida efímera que alumbran un instante en la noche y luego desaparecen. Pienso en un chico. También sus días están contados, pronto lo borrará el tiempo, como a todos los demás. Viajé para volver a sentir esa emoción que normalmente dejamos atrás al crecer. Mientras sientes curiosidad eres inmortal. El mundo era una cámara del tesoro, un recipiente sin fondo de vivencias del que bebía y bebía sin conseguir vaciarlo. Lo que se apoderó de mí al final no fue la desidia, ni mi tendencia innata a la melancolía: morí obstinado. En el cenit de mi trayectoria."
domingo, septiembre 23, 2007
Sedición del tiempo
Pero yo insisto en llamar a mi novia, en escuchar a mis amigos, conversar con mi jefe, pasar tiempo con mis padres. Y eso que algunos llaman ser buen tipo no es más que un intento desesperado de llevarme su tiempo y sumarlo al mío, recordar lo que se sentía no usar reloj, qué sé yo, ser solamente un niño.
martes, septiembre 18, 2007
El extranjero // Albert Camus
"Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: "Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias". Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: "No es culpa mía". No me respondió. Pensé entonces que no debí haber dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido un aspecto más oficial."