miércoles, junio 18, 2008

Escondites

Nada... me dieron ganas de postear algo aunque tocara libro.

No es verdad que sea demasiado tarde para amarnos. O que el tiempo siempre juegue en contra nuestra. No he sabido tampoco de pecados que inventaste en su momento, no sé cómo convencerte de que soy yo el que me decepciona todo el tiempo. Que quizás he sido demasiado evidente al chocar con tu mirada, que te he mentido tantas veces

(por eso que se dice amor)

y estoy intersecado con las consecuencias de los actos que no llegué a pensar, intersecado por los juegos, los papeles, las máscaras que usé. Hay sentimientos tan sencillos de fingir... Nada que conoczca es verdad suficiente como para desistir de ti.

Y es verdad que soy oscuro como en otros tiempos, y es verdad que sigo guardando más secretos que palabras dulces, pero todas las que tengo son para ti.

Sé que algunas veces preferirías mi silencio, y no es verdad que esté más cerca por no estar más lejos. Hay mentiras hermosas y hay algo hermoso en saber una mentira y preferirla a la verdad.

Y es verdad, en verdad que escondo tantas cosas, pero no puedo esconderte

a ti,

no puedo esconderte.

Y es verdad que tengo tantos escondites para tantas cosas

pero no para ti.

martes, junio 03, 2008

De un reflejo alado

No, no soy nadie para necesitarte cuando todo lo demás me ha abandonado ni tú tienes derecho a abandonarme cuando más te necesito. Nuestras vidas no son nuestras. Si pudiera recomenzar te pediría un día más para mostrarte que no pretendo convertirme en un estigma, pero ya es muy tarde para eso.

¿Quién soy yo para necesitarte? ¿Quién soy yo para atreverme a pretender tu comprensión? ¿Quién soy para decirte que estás equivocada o para pedir perdón o para querer darte mi amor como si valiera más que mi silencio? Nunca fuiste la persona que eligió estar a mi lado.

Puedes alejarte y dejarme convertido en este ser indiferente a todos los colores. Pero no puedes dejarme ya del todo. Date cuenta: nuestras vidas no son nuestras.

Dime quién soy yo para ti.

Dime si volverás a destruirme.

Y quién soy yo para ti.

Quién soy.

domingo, junio 01, 2008

Los motivos del lobo // Rubén Darío

He estado pensando mucho sobre el perdón este fin de semana. Ayer anduve por la imprenta revisando las pruebas finales de la versión extendida de A mil metros del invierno (con el lanzamiento del 26 andamos todos en Arkabas de lo más nerviosos), y releí el epílogo que cierra el libro. Habla justamente del tema, de esa idea de pedir perdón por una serie de eventos que no estoy seguro de que uno pueda controlar. Un poco como decir "perdón por existir". Salimos de la imprenta con mi diseñador y antes de dejarlo le pregunto qué perspectivas tiene para su vida. Entonces me dice: "Vivir. Vivir para morir". Ah... ya conozco a Arkaboy y sé que es otra de sus gracias, pero capaz esta vez ha dado en el clavo. Yo no vivo para morir, sino que lucho contra la muerte para sentirme vivo. ¿Tiene algún sentido? Creo que sí. Creo que justamente la muerte es parte de mi vida y que eso genera cambios en mí. La semana pasada, en Buenos Aires, tuve que confrontar directamente esta idea, supongo que ya dejaré la anécdota para otro momento. Pero el tema es que con todo el nerviosismo del lanzamiento, mi proceso de superación del viaje a Buenos Aires y una serie de cosas más, he terminado dándome cuenta de que no le he dedicado suficiente tiempo a estos espacios conmigo mismo. Así que consideré traer mis pensamientos profundos a este lugar, donde finalmente tengo derecho a decir y pensar lo que me dé la gana sin que nadie me lo recrimine o se asuste de lo que hago. Touchè, juzgamiento.

Quizás porque es mi poema favorito o quizás porque tiene que ver con este tema preciso (y otros muchos acontecimientos de la semana), me decidí a postear poesía por primera vez. No creo que se repita, al menos no en un futuro cercano. Últimamente muchos periodistas me han preguntado por qué no escribo poesía cuando mi narrativa es tan... "poética". Ah... la eterna pregunta que uno se da el gusto de contestar como quiera. Podría decir que porque no quiero, pero la verdad es que no es lo único que hay en juego. Quizás porque para la poesía necesitas un alma entregada a sentir y yo creo que más bien soy un alma que siente por su incapacidad de entregarse del todo. Otra razón para pedir perdón.

Los motivos del lobo es mi poema favorito por una razón muy simple: me identifico absolutamente con uno de los personajes. Ni con los granjeros ni con San Francisco de Asís. Con el lobo. El lobo de Gubbia, el lobo malo que devora a los pastores y a los ganados, pero que lo hace con una buena razón. El lobo que trata de ser domado solo para descubrir que su lugar está en el bosque, que algunas veces, aunque las personas quieren vernos felices a su manera o artistas a su estilo, hay criaturas que tienes que dejar disfrutar de la vida como la disfrutan. Jamás seré una línea paralela como el bueno de San Francisco. Soy una montaña rusa como el lobo, soy picos y caídas y rupturas y renacimientos constantes. Es bueno tener una respuesta para el típico qué soy yo. Una respuesta que dure un tiempo, al menos. Mañana pensaré otra cosa o no tendré respuesta. Esa es la clase de cosas que me hacen disfrutar la vida como una copa de la que puedes beber todo lo que quieras, pero nunca estarás seguro de qué sabor te dejará en el paladar. Y ya saben, usuarios de este whisky doble, que seguir tomando de la copa es la única manera de descubrir nuestro sabor favorito.

Más tarde recibo un mail de un amigo suizo que me dice una frase de lo más simple, pero sumamente pertinente: "Just your unique expression of what feels good to you. Enjoy the ride as much as you can". Eso quiere decir: "Solo tu expresión única de aquello que te hace sentir bien. Disfruta el viaje tanto como puedas".

Ah... Exactamente eso es lo que he venido haciendo, ¿no? Declaro aquí y ahora que me gusta la vida como una montaña rusa. Que me gusta vivir en el monte del invierno helado, aunque eso signifique tener que cazar de vez en cuando. Que prefiero el sepia o el blanco y negro antes que el color. Que no me gustan los colores brillantes. Que sonrío siempre que puedo y que estoy cansado de que me digan que no puedo demostrar cuando estoy triste. Que si no quieren oírme, no me escuchen. Pero no me pidan que me calle (soy, después de todo, un escritor cargado de demasiadas voces). Y sobre todo que agradezco todo. Los errores míos y de los demás, las cosas que me dicen con honestidad (aunque duelan) y las cosas que me dicen porque se preocupan por mí. Pero que, al igual que el lobo, sigo haciendo lo que debo hacer y sé exactamente cuál es mi lugar en el monte. Y aunque San Francisco viva feliz en su convento y piense que no hay mejor lugar para acceder a su dios, el lobo duerme tranquilo en la cueva, solo, y feliz de saber que el mismo dios que el santo tanto adora, le dio colmillos para defender su libertad de todos. Hasta de los bien intencionados.

-0-

Recomendable: Para aquellas personas que son temidas o para aquellas personas que temen a otros. Para que entiendan que en el miedo solo crece la distancia.
Se lo regalaría a: G.
Whisky con link: Los motivos del lobo

-0-

"Como en torva lucha habló el animal
la boca espumosa y el ojo fatal:
'Hermano Francisco, ¡no te acerques mucho!
Yo estaba tranquilo allá en el convento,
al pueblo salía,
y si algo me daban estaba contento
y manso comía.
Mas empecé a ver que en todas las casas estaba la ira
y en todos los rostros ardían las brasas
de infamia y de lujuria, de odio y mentira.
Hermanos a hermanas se hacían la guerra,
perdían los débiles, ganaban los malos;
hembra y macho eran como perro y perra,
y un buen día todos me dieron de palos.
Me vieron humilde, lamía las manos,
seguía tus sagradas leyes:
Hermanos hombres y hermanos bueyes,
hermanas estrellas y hermanos gusanos.
Y así me apalearon y me echaron fuera
y su risa fue como un agua hirviente
y de entre mis entrañas revivió la fiera
y me sentí lobo malo de repente.
Mas siempre mejor que esa mala gente.
Y recomencé a luchar aquí,
a me defender, a me alimentar,
como el oso hace, como el jabalí
que para vivir tienen que matar.
Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame vivir en mi libertad.

Vete a tu convento, hermano Francisco,
sigue con tu vida y tu santidad."

miércoles, mayo 28, 2008

En G menor

De aquí sintiendo a una parte

que me comporto como tú o seguimos siendo algo así como una sola palabra. No, no sabemos si correr sin respirar al mismo ritmo. Si solo pudiera morir una vez y reconciliarme contigo, si solo pudiera pedirte un momento que me enseñe el más puro despertar del sueño o ser, qué sé yo, la sonrisa que ya no nos daremos porque el día acaba y algo que sobraba me hace falta,

tu voz es tan dulce en un eco que me desangra

desangra mis oídos y todo sigue siendo así

hasta que muera con el corazón fulminado

hasta que muera con el alma quebrada en ti o

hasta que muera con el corazón fragmentado o

hasta que muera con el alma puesta en ti

y mi esperanza se reduzca a esto: veamos tu capacidad de demostrar tu amor, porque tus dolores ya no me sorprenden y nuestras soledades se enlazan.

Caeremos y yo caminaré en las calles húmedas de un sueño que derrama sangre

hasta que muera por haberlo intentado

hasta que muera con el corazón quebrado en ti

hasta que muera vacío de ti

hasta que muera sin saber si has llegado a perdonarme.

jueves, mayo 22, 2008

El conde de Montecristo // Alejandro Dumas

A Isabel, la mujer más fuerte del mundo

Hace dos días se cumplieron 4 años. Y no sé qué pensar. No sé, como que nunca he sido muy bueno en esto de conmemorar a los míos. Me deprime un poco y no me gusta vivir deprimido, no creo que sería algo que tú hubieras aprobado. De todas formas me pregunto también si del otro lado alguien se da cuenta de ello, si no somos más que polvo para alimentar a la tierra, si no hay más vida que la vida en sí y todo lo demás lo inventamos, como si pudiéramos arrancar literatura del horror de la muerte.

Tú ni siquiera lo recuerdas (no sé si eso es posible donde estás), pero este fue mi primer libro. Dudo que lo hayas leído, para serte franco. Nunca te lo pude preguntar, pero lo dudo. Nadie en su sano juicio le regalaría este libro a un niño de cinco años. Pero tú lo hiciste y me salvaste la vida. Me convertiste sin querer en ese lector que puede quedarse horas leyendo la misma escena y saborearla sin importar cómo siga. Y me demoré todos estos años en leerlo completamente simplemente por respeto a ti y a ese momento. Quizás todo lo que pasó después fue consecuencia de eso y yo no puedo creer que nunca te lo dijera.

No me preguntes por qué ahora, después de tantos años. Ni por qué hoy y no hace dos días. Podría ser que estoy acostumbrado a perder las cosas que me importan. O a sufrir, o soportar los vientos en contra y salir siempre vivo, como un superviviente que se ha despojado de todo y puede por ello darse el lujo de volver a prisiones como esta y contemplarlas con nostalgia. Podría ser que ahora ya no tengo cinco años y casi todas las noches sueño pesadillas. Podría ser que tú tengas que ver con todo eso también. Podría haber llorado con el resto de los míos, podría haber hecho millones de cosas o millones de cartas o desgarrar papeles con palabras que dolieran menos de lo que tú siempre dolerás... Podría haber forzado tu voz a contarme sus secretos y narrarla en un giro de esos que llegan al alma en un instante fugaz, que parten como un golpe como tú también te fuiste, podría haber escrito la historia de ese día y fingir que no hay vuelta posible, que el personaje de esta historia no abandona su prisión, que no hay maestro que le enseñe a ser tan implacable, que vio envejecer sus manos y blanquear su pelo y que jamás pudo encontrar la forma de salir de If.

O quizás esta es mi forma de llorar. De decirle a todo el mundo que cuando veo sus ojos y noto tu brillo, yo me escondo o finjo reír y todo me es más fácil. Que no me gusta compartir el dolor propio porque ya lo hago con el de otros y lo llevo aquí, a mis manos que están tan cansadas. Y que quisiera contarte tantas cosas. Que quisiera contarte lo que he hecho en estos años, de la gente nueva que me acompaña, de lo que he logrado, de lo que no, de lo que sueño lograr y de lo que me he olvidado que logré también. Que quisiera abrazarte y no resignarme al "no se pude" de tu voz falsa. Quisiera no conformarme con un sueño idiota o mis ganas de escribir pensando que tuviste esa rara manía de siempre responder las cartas. Ya lo sé, que en la vida todo es fugaz, que las voces se apagan y que en su eco está el renacimiento que le da sentido a absolutamente todo lo que hago, ya lo sé. Que este libro es tu forma de decir que me amaste porque aunque no supiste nunca qué diablos había en él, yo lo pude descubrir y hoy sé sin duda que me debo a ese instante en que cambiaste el mundo para mí sin que yo pudiera darme cuenta. Eso es ser un niño y quizás es el único recuerdo que me queda de eso. Y sé también que otros se irán y que soportaré porque sigo siendo el mismo que se enfrenta a ciudades como esta y madrugadas como aquella y noches como la otra también, y que me he hecho fuerte porque tú eras fuerte y que la lluvia cae y todo se oscurece y no podemos evitarlo y no por ello perderemos el camino a casa, donde siempre algo espera, aunque no espere por uno.

Podría ser muchísimo más formal o mejor escritor y no poner palabras que se salen como un cataclismo sin forma. Pero es que este libro me emociona. Y tú me diste muchas cosas, pero tu primer regalo fue enseñarme lo que era la emoción. Y podría seguramente escribir algo mejor. Pero es que te extraño.

-0-

Recomendable: Para cuando nos sentimos vengadores enmascarados.

Ficha técnica:

No creo que sea necesaria. Hay miles de ediciones de este libro, compren por precio, calidad, carátula, etc. A gusto del cliente.

-0-

miércoles, mayo 21, 2008

Armas en arados

Vuelvo convertido en el hombre fuerte cuya mirada es capaz de devastar a quienes una vez me hicieron daño. Ya no le temo a los espejos ni a las muchachas de ojos claros ni a los imbéciles de migraciones ni a las calles y sus reflejos.

Y sin embargo, no busco venganza ni despertar envidia. Busco simplemente el tránsito ligero de quien da un paso sin pensarlo y puede por eso darse el lujo de olvidarlo.

Quizás por ello me he vuelto tan implacable. Sí. Quizás en eso consiste esta fortaleza forjada de cicatrices. En volver convertido en sanador a donde una vez fui un asesino.

domingo, mayo 11, 2008

Delirio // Laura Restrepo

No sé, nunca he sido muy fanático de los premios Alfaguara. Alguna época les daba un poco más de importancia, pero definitivamente son más mercadeo que otra cosa. Puede que ligue como puede que no. Nada que ver con, por ejemplo, el premio Herralde, donde cada año te preguntas qué tan bueno será el libro, pero sabes que de 3.5 no baja. He leído premios Alfaguara que he calificado con menos de 2 estrellas en mi ranking personal. Ya, desde luego eso no quiere decir nada, es una visión absolutamente propia, pero creo que hay libros que, francamente, me han hecho perderle un crédito tremendo a esta editorial. Por ejemplo, El turno del escriba, una novela que es un ejemplo perfecto de un avión que llega a una aceleración brutal en tierra, pero que nunca llega a despegar. Tampoco soy un fanático de Abril rojo. He tenido varias discusiones al respecto, pero en fin.

Delirio llegó a mí en la forma de un regalo. Mi hermana (vaya un beso grande para ella en su primer día de la madre) me lo regaló unas vacaciones, el día antes de que yo me volviera a Argentina. Me dijo que lo había leído y que a ver qué me parecía. La llamé a los pocos días diciéndole que lo había empezado y que estaba muy emocionante. Al día siguiente no toqué el tema del libro hasta que ella me preguntó. Y tuve que decirle la verdad: "como que la segunda mitad decepciona, ¿no?". "Psé", me dijo ella, "pero quería saber si era solamente yo".

Mirando mi ranking, veo que le puse 2.5. Eso significa "pudiste ser mucho mejor...". Capaz es un poco abusivo, pero creo que quizás no hubiera sido tan duro con ella si no tuviera el rótulo gigante de cuchucientasmil copias vendidas y ganadora del premio y demás. El argumento es francamente brillante: un hombre vuelve de un viaje y encuentra a su mujer completamente loca. Cómo y por qué ha ocurrido tal cosa es lo que se propone descubrir, y entra así, sin pretenderlo, a un mundo oculto y peligroso, donde se mezclan el narcotráfico, la guerrilla colombiana y el misterioso pasado de su mujer. La novela posee pasajes verdaderamente abrumadores y emocionantes, y llega a un clímax quizás demasiado temprano, porque de un momento a otro, como es la locura, todo lo que se había construido con minuciosidad y calma termina por derrumbarse antes de tiempo, dejándonos con varias páginas todavía por leer, pero que podrían tranquilamente no estar más allí. En fin, odio cuando eso pasa. Hay novelas que levantan vuelo demasiado tarde, como hay otras que caen antes de tiempo. Ambas cosas son imperdonables, pero lo primero es considerablemente menos grave. Delirio termina por convertirse en un ejercicio que fracasa al ligarse demasiado a otras novelas semejantes a su generación, al alejarse de su argumento simple pero terriblemente envolvente y efectivo.

Pero para no ser cruel con esta novela, creo que vale la pena decir que sí la recomiendo. No me la compraría, pero sí diría que vale la pena pedirla prestada y echarle un ojo. Deja el sinsabor de que pudo ser algo más, pero por otro lado sus buenos momentos también la hacen una novela que no se olvida fácilmente. Lo que es yo, no vuelvo a comprar un premio Alfaguara solo por el rótulo, claro está. Pero tampoco dejaré de estar atento a los andares de Laura Restrepo. Puede ser que, como otros antes que ella, llegue el momento en que despegue y todo haya valido la pena.


-0-

Recomendable: Para cuando queremos algo muy sudamericano, que te sumerja muy rápido y que no te cree grandes expectativas.
Se lo regalaría a: Alguna persona de esas que conoces una noche y con la que te llevas increíble, pero cuando siguen viéndose descubres que fue cosa del momento.

Ficha técnica:

Restrepo, Laura
Delirio - Alfaguara
2004
352 p.; 24x15 cm.
ISBN: 958-704-145-3










-0-

"Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera. Fue a mi regreso de un viaje corto, solo cuatro días por cosas de trabajo, dice Aguilar, y asegura que al partir la dejó bien, Cuando me fui no le pasaba nada raro, o al menos nada fuera de lo habitual, ciertamente nada que anunciara lo que iba a sucederle durante mi ausencia, salvo sus propias premoniciones, claro está, pero cómo iba Aguilar a creerle si Agustina, su mujer, siempre andaba pronosticando calamidades, él ha tratado por todos los medios de hacerla entrar en razón pero ella no da su brazo a torcer e insiste en que desde pequeña tiene lo que llama un don de los ojos, o visión de lo venidero, y solo Dios sabe, dice Aguilar, lo que eso ha transtornado nuestras vidas."
.

sábado, mayo 03, 2008

Acúname, muchacha, no te conformes con no oír

Recordar aquello que me hizo ser un niño. Y todo lo demás. Haberme alimentado de mis juegos a escondidas.

Tú estás loco, paras inventando historias.

Y saber que es cierto y escuchar

que debes ser más serio y buscar a Dios,

pero quizás primero debes buscar en ti, me dije, y escribí una historia. Los caballos la oyeron, los amigos se fueron, los padres evitaron encontrarla, los profesores dijeron

no,

eso no se parece a Dios.

De qué te quejas ahora. ¿Volver a ser un niño? Date cuenta: siempre, siempre has estado solo.

martes, abril 29, 2008

El orden natural de las cosas // António Lobo Antunes

A los que se dan el tiempo para leer esta reseña. Les guste o no.

Me gustan los animales, los cementerios y las fotos. Hay en ellos una cualidad que no he encontrado nunca en nadie más, y esa es la cualidad de escuchar. Por eso quizás siempre me he decepcionado tanto de tantas personas. Mi perro nunca me ha dicho que no tiene cinco minutos para leer un párrafo que escribí con cariño. Claro que nunca lo ha leído tampoco, pero al menos hace el esfuerzo olisqueando un poco mi cuaderno y dejándose acariciar detrás de las orejas. Y nunca me ha salido con eso de que uno no debe estar triste porque se ve mal. No le importa en absoluto mientras le permitas estar contigo. Y yo se lo permito a casi todos. Si soy sincero, quizás él es el único que se lo ha ganado.

Pensando un poco en todo esto, dándome cuenta de lo terrible que es dejarse matar de a pocos por un silencio que me ha hecho olvidar cómo es mi voz, redescubro este libro, quizás uno de los más perfectos que he leído nunca. Probablemente uno de los mejores y ya. Un libro lleno de voces que nadie oiría de otro modo, un narrador que es Lobo Antunes y no es. Una voz que se pierde entre el ruido de otras. Siempre he adoptado ese paradigma para mi obra y siempre he declarado que Lobo Antunes es una de mis grandes influencias. Pues a esto se debe. A este silencio que Lobo Antunes me hace creer que puede ser vencido con un libro extraordinario como este.

Por cierto, tuve la suerte de ver a Lobo Antunes en la feria del libro de Buenos Aires hace ya unos años. Creo que es uno de los momentos más memorables que he vivido literariamente hablando. Dijo algo que no olvidaré nunca y es que los escritores tienen la facultad de dar voz a quienes no la tienen. Y esa idea me resultó cierta y terrible como una verdad que se lleva a cuestas, pero con orgullo. Hay mucho de eso, por ejemplo, en Rigor mortis. Lo cual me lleva a preguntarme si, finalmente, la voz propia se termina por extinguir en ese afán por llevar otras al renacimiento. Supongo que no lo sabré hasta que sea demasiado tarde o ya no importe más.

En cuanto a este libro, decir es decir de más. Monólogos sobre la muerte, que se entrelazan en historias personales y delirios de locura, pasión, amor o soledad, y que se hunden debajo de ese olor a muerte que parece venir no solo de la pluma del narrador, sino también de los vientos que soplan en Portugal, un mundo lleno de cigüeñas que parecen llevar malos presagios, campos donde se esconden secretos que son revelados por la mano finísima y el escalpelo implacable de Lobo Antunes. Un diálogo de alguien que nos obliga a oír aunque no estemos acostumbrados a ello.

Y entre tantas cosas, este libro me recuerda que es posible ser oído, aunque solo sea entre una línea y otra. De otro modo, escribir sería vano, me digo, y todo esto que intentas en tu vida diaria, un intento absurdo por negar el orden, el orden natural de las cosas.

-0-

Recomendable: Cuando el mundo no te presta sus oídos y necesitas encontrarlo entre tus propias voces.
Se lo regalaría a: Un par de personas que conozco. Para que sepan la importancia de detenerse a escuchar. La diferencia que puede hacer.
Whisky triple: Este es el segundo libro de una trilogía sobre la muerte de Lobo Antunes, iniciado por Tratado de las pasiones del alma y seguido por La muerte de Carlos Gardel. Aquel ya reseñado en este blog, este también altamente recomendable.

Ficha técnica:

Lobo Antunes, António
El orden natural de las cosas - Siruela
312 p.; 14 x 22 cm. - (Biblioteca Lobo Antunes) ISBN: 9788478444502







-0-

lunes, abril 28, 2008

Alogia

La vida es cruel en ese sentido. No te da a nadie que quiera oír, te da a demasiados que necesitan ser oídos y te ha concedido, como si fuera un don, la capacidad de hablar por otros. Nadie parece descubrir, sin embargo, que entre tantas voces la tuya está enterrada, como un susurro de auxilio que se pierde entre los labios.

viernes, abril 25, 2008

La autopista del sur // Julio Cortázar

Hace un tiempo pensé que sería buena idea dejar de postear sobre cuentos y poner el libro completo. Pero después me recordé por enésima vez que este blog es mío y que si no me da la gana de que haya reglas no las hay y punto. Entonces el miércoles, mientras dictaba una clase, sugerí este título como un ejemplo perfecto del absurdo irrumpiendo en la realidad pero manteniendo la verosimilitud de la trama. Cuestión que luego vuelvo a mi casa, me doy cuenta que me volví a meter al cubo (expresión con pronta explicación en mi siguiente libro), y redescubro mis propia sugerencia cuando me doy cuenta que ese cuento es una metáfora de mis días recientes.

Eso es estar en el cubo, pero lo que es peor, acostumbrarte a él. Es decir, aceptar que no se puede salir y por lo tanto empezar a decorarlo y armar nuestra vida en el sistema mínimo que el cubo nos permite. Y creo que no puede haber metáfora más perfecta que esta (particularmente si vives en Lima en estos días en que el tráfico es una verdadera cárcel. Dicho sea de paso, vaya un aplauso para todos los que planificaron destruir la ciudad sin que nos demos cuenta, nos agarraron a todos, ¡muy buen trabajo!). En fin, lo interesante de este cuento es que el protagonista termina por volverse un amante de su prisión. No con la nostalgia amor/odio con que se vive en un encierro, sino con una verdadera adaptación a ese cubo del que hablo: un volverse parte de su fauna, un convertirse en el ser del cubo.

Y también el qué pasará si se destruye ese mundo perfecto y conocido en que se ha convertido la prisión que creíamos eterna. Mirar alrededor, pedir que dure unas horas más porque se sabe que cualquier encierro es solo temporal, que tarde o temprano aparecen las llaves, se desgastan las paredes, se termina la condena o sencillamente la inexorable muerte aparece para liberarnos.

¿El argumento? Un atasco de tráfico tan largo que obliga a las personas atrapadas en él a crear una nueva forma de vida: crean un sistema organizado, empiezan a buscar alimento y compartirlo y crean una sociedad en torno a ese atasco, una sociedad en la que todo funciona de acuerdo al encierro al que se han visto obligados: para sobrevivir, para encontrar las necesidades básicas y las no tan básicas, para encontrar el amor, la esperanza, ulteriormente, la vida.

No me quiero preguntar qué va a pasar conmigo cuando se disipe el encierro. Hay días que son para dormir y no para responderse preguntas. Al menos no para responderlas bien. En cuanto a Cortázar, he reseñado mucho de él en este blog, pero qué les puedo decir... Tiene demasiados cuentos a los cuales echar mano para esos días de estática.

-0-

Recomendable: Para cuando estás en el cubo, pero no quieres salir, sea por la razón que sea.
Se lo regalaría a: Este año, a todos los que están esperando en el tráfico a que el auto del frente se mueva un centímetro.
Este cuento está en: Todos los fuegos el fuego (1966).
Whisky con link: La autopista del sur

-0-

"A la cuarta vez de encontrarse con todo eso, de hacer todo eso, el ingeniero había decidido no salir más de su coche, a la espera de que la policía disolviese de alguna manera el embotellamiento. El calor de agosto se sumaba a ese tiempo a ras de neumáticos para que la inmovilidad fuese cada vez más enervante. Todo era olor a gasolina, gritos destemplados de los jovencitos del Simca, brillo del sol rebotando en los cristales y en los bordes cromados, y para colmo sensación contradictoria del encierro en plena selva de máquinas pensadas para correr. El 404 del ingeniero ocupa el segundo lugar de la pista de la derecha contando desde la franja divisoria de las dos pistas, con lo cual tenía otros cuatro autos a su derecha y siete a su izquierda, aunque de hecho sólo pudiera ver distintamente los ocho coches que lo rodeaban y sus ocupantes que ya había detallado hasta cansarse. Había charlado con todos, salvo con los muchachos del Simca que caían antipáticos; entre trecho y trecho se había discutido la situación en sus menores detalles, y la impresión general era que hasta Corbeil-Essones se avanzaría al paso o poco menos, pero que entre Corbeil y Juvisy el ritmo iría acelerándose una vez que los helicópteros y los motociclistas lograran quebrar lo peor del embotellamiento. A nadie le cabía duda de que algún accidente muy grave debía haberse producido en la zona, única explicación de una lentitud tan increíble. Y con eso el gobierno, el calor, los impuestos, la vialidad, un tópico tras otro, tres metros, otro lugar común, cinco metros, una frase sentenciosa o una maldición contenida."


domingo, abril 13, 2008

Estática

¿Por qué no me miras a los ojos y descubres lo que quiero decir? Tú haces todo lo que pretendemos de la vida y luego lloras en silencio sin que yo pueda alcanzarte, pero,

muchacha, tú sabes, tú eres la pieza, eres el baile cuando quiero bailar solo, tú congelas al mundo con tu brillo y tu belleza despreocupada,

paralízame también.

Déjame tan quieto como a un distraido que se te cruza.

Déjame inmóvil.

Esa es la maldita consecuencia de tu amor que es solo una perfecta comprensión, o este lujo de pasar tanto tiempo contigo.

Tú ríes y el mundo se detiene a verte y

paralízame también, amor, no me dejes moverme mientras eres tú misma,

tú eres la historia y la canción y el centro del que todos esperan ver girar al mundo, ¿me dejarías soñarte un día más? Quiero hacer que dure algunas horas,

quiéreme también

para no descubrir nunca si te amo o en realidad solo deseo ser tú.