martes, octubre 30, 2007

Toda Mafalda // Quino

¿Oye qué? ¿Pero este no es un blog de literatura? Bueno, sí. Pero qué diablos. Es un blog sobre lo que dan ganas de leer. Y qué es y qué no es literatura es un debate milenario. Y como no pretendo pronunciarme al respecto, mejor me sigo divirtiendo como el día del censo con esta obra extraordinaria.

Lo único malo de reseñar Toda Mafalda, es que creo que ya no hay mucho más qué decir. Que son personajes a todas luces memorables, es casi redundante. Que no han perdido vigencia también. Que hay una adoración casi inexplicable por las tiras de Joaquín Salvador Lavado ya es como repetir alguna frase de algún periódico de alguna de las miles de reseñas que debe haber tenido Mafalda a lo largo de su historia.

Puedo decir, eso sí, que tiene algo de especial meterlos en esta especie de "blog literario", al costado de Kafka, Borges, Cortázar y demás maestros. Y no es que Quino no merezca ese lugar de excepción. Es cierto que la tira cómica dista mucho de la intención literaria como género. ¿Pero importa verdaderamente eso? A veces creo que nos pasamos demasiado tiempo cuestionando el "deber ser" y nos olvidamos de lo que podemos disfrutar en la aceptación irresoluta del ahora. Como un censo que se puede convertir en el mejor día de tu vida si te lo propones. O en el peor si te sientes encerrado. Y quizás eso pasa con este libro. Podemos debatir respecto a su condición en nuestro anaquel personal de libros, o podemos sentarnos a leer y descubrir que, al igual que en las grandes novelas, Mafalda existe no para resolver nuestros problemas, sino para darnos preguntas que nos ayuden a entender las soluciones.

También porque reír es algo esquivo en este siglo. Y porque esta obra ha logrado la inmortalidad del modo más válido que puede hacerlo cualquier obra: golpeando de lleno en la emoción estética. Es decir, porque Mafalda nos conmueve, pichiruchis.

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Recomendable: Toda Mafalda (o sea el libro grande que tiene las 12 tiras y las inéditas), supongo que en tu casa para no cargar semejante bulto por ahí. Pero aplausos para todos los fanáticos que van por los colectivos del mundo con Mafalda en las piernas. Fuera de esa acotación, creo que en cualquier lugar: sala, comedor, dormitorio, baños o cocina. Da igual. Y en cualquier momento. Reírse no es algo que necesite programación.
Se lo regalaría a: Bush, aunque seguro no lo entendería. También a todos los compañeros anti-sopistas que hay por ahí, un salud por nosotros.
Ficha técnica:
Quino
Toda Mafalda - Ediciones De la Flor
2001
658 p.; 21x32 cm.
ISBN: 9789505156948




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viernes, octubre 26, 2007

Censo

El domingo 21 de octubre de 2007, se realizaría un censo nacional de población y vivienda en el Perú.

Se dio orden de inamovilidad para ese día: nadie podría salir de casa.

La orden se terminaba a las 6 pm.

La gente se quejó durante toda la semana previa al censo.

El día del censo, la gente, ansiosa y aburrida, esperaba el fin del encierro.

A las 5:59 las personas se amontonaban frente a la puerta para invadir las calles.

A las 6 todas las puertas se abrieron y la población en pleno inundó plazas, avenidas y locales en su desesperación por librarse de la claustrofobia.

A las 6:05, todos se miraron las caras, dijeron “ahora qué mierda hacemos” y regresaron a sus casas a tomar el lonche.

jueves, octubre 11, 2007

Historias de cronopios y de famas // Julio Cortázar

Justificación paranoica
"Pero... ¿no acabas de reseñar a Cortazar?". Sí, ciertamente, hace poquito escribí ese post sobre Rayuela, pero también es cierto que hace mucho tenía ganas de reseñar sobre Historias de cronopios y de famas y que la ocasión se me presentó. Y además, reivindico un poco al gran autor que es Cortázar poniendo este extraordinario libro que, en mi opinión, es el mejor de este argentino que ha sido influenciado por casi todo lo que me gusta.

¿Por qué se me presentó la ocasión? Un hecho pequeño pero divertido, cotidiano pero definitivamente de los que te dejan pensando, corto pero, con suerte, de los que dejan buenas lecciones. O sea... sí, este post viene con historia. Pero en serio, sigan leyendo. Creo que la causa es buena.

¿Qué leo?
Fue el sábado pasado, yo sentado en una tribuna mirando un concurso de equitación y entre esas conversaciones con personas que conoces de vista, alguien me comentó que le encantaba leer. La conversación se extendió y esta persona me cuenta que ha leído siempre mucho, pero casi todo en inglés, y que además tiene muchas dudas sobre lo que debería leer. Prometí recomendarle algo, así que acá está este post. Cierto que pude haber mandado un mail con una lista, pero la verdad si hay que dar explicaciones, fue una pregunta que no me habían hecho hace mucho. Llegué a mi casa pensando en ella. ¿Por qué la obsesión? Porque lo primero que me pasó por la cabeza fue que si pudiera trazar un camino perfecto como lector, es decir, si se me diera la oportunidad de volver atrás y escoger el orden en que leería cada libro de mi vida, la elección sería sumamente difícil. Llega un punto, en el medio, en que descubres tu propio camino. Y el final no lo sabemos nunca. Pero, ¿y el comienzo?

Así que a esa persona: es una pregunta muy complicada la que me hiciste. Pero me pediste que te recomendara algo y este blog es en parte para eso. Compartir la experiencia de libros y también cambiar opiniones. Seguro que hay diferentes tipos de lectores y diferentes tipos de libros. Pero alguien que quiere empezar a leer en español... ¿Un clásico? ¿Algo muy moderno? ¿Algo muy antiguo? ¿Algo muy personal? ¿Algo muy popular? Pero la respuesta, como siempre, está en el tiempo. Creo que ya sé qué contestarte. O qué contestarme, en todo caso. "Vuelve a los inicios". Siempre volver a los inicios.

Comienzos posibles
Pensé muchísimos trazados diferentes para esa ruta de empezar a leer en español. Desde luego, una obra traducida no tenía mucho sentido. Entonces... ¿Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora? Bueno... sí, son grandes autores y todo. Pero esa forma convencional de empezar, ese orden maniático y cronológico (tan de colegio), ¿es verdaderamente el mejor? Quizás sería bueno empezar por un grande, o un autor vivo. O quizás por mi libro favorito... O quizás...

En fin. Debo decir que no estoy convencido de haber elegido la mejor opción posible. Pero sí estoy seguro de una cosa. He elegido la opción que, personalmente, me daría a mí mismo si tuviera que elegir otra historia para mi propia vida de lector. Mi primer libro fue El conde de Montecristo. Y por razones que algún día comentaré en este blog, nunca lo terminé. Pero gracias a ese libro y a la persona que me lo regaló, nunca he vuelto a dejar de leer aunque sea una página antes de dormir.

Y creo que ese es el punto. Que cada comienzo es personal, relativo y único. Depende del contexto, de la edad, del momento, de la persona. Esto que hago, darle un comienzo a alguien, es todo lo que puedo ofrecer. Que sirva o no, sólo es algo que puedo esperar y que escapa absolutamente a mis manos. También quizás por eso mi colegio frustró a tantos potenciales lectores. En fin... Lo cierto es que cuando pensé que la respuesta era volver a los inicios, supe que este era el libro que quería recomendar. Y punto.

Ahora sí, Cortázar

Y ahora. ¿Por qué Historias de cronopios y de famas? Porque cuando leo, me pasa como con la música. Doy siempre un paso atrás. A Poe lo conocí leyendo Kafka. A Faulkner, leyendo Lobo Antunes. A Flaubert, leyendo a Vargas Llosa. Lo que digo es que buscar las influencias es una buena manera de hacerse lector. Es una forma de conocer las bases de nuestros autores favoritos, y a la vez de llegar a nuevas cosas que pueden gustarnos. Con la gran oferta que existe hoy en día, elegir el libro correcto es difícil, pero una vez que uno tiene una piedra angular en base a la cual moverse, creo que el camino se vuelve más fácil. Con esto no digo que uno se encierra en un canon, sino más bien que uno construye un margen que puede irse extendiendo hasta abarcar los libros más diversos que uno llegue a leer en su vida.

Historias de cronopios y de famas es un libro del absurdo. Es una de las obras cumbre de la literatura fantástica, surrealista y experimental; pero también de la literatura latinoamericana. Y sobre todo, es la apertura ideal para este gran y enigmático autor que es Julio Cortázar, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. Y sobre todo, es una puerta. Creo que es un libro lleno de curiosidades y que no se agota rápido. Es un libro que te hace preguntar más, que te hace buscar hacia atrás, que te hace descubrir lo maravilloso que es querer leer más de un autor y de aquellos que lo influyeron. Porque pese a ser experimental; es también básico y esencial. Porque vuelve al inicio. Y, porque pasa lo que en las grandes obras: que cuando salimos de ellas tenemos la sensación de salir transformados de una habitación que no conocíamos y en la que descubrimos algo maravilloso. Pero el comienzo no es nada más que ese vistazo de curioso a través de un ojo de cerradura.

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Recomendable: Divertido e irreverente, para cuando a uno le da la gana de no hacerle caso al mundo. Para cuando el absurdo tiene sentido, aunque solo sea para uno mismo. Para empezar.
Se lo regalaría a: L., la persona que inspiró este post. También le agradecería haberme pedido esa recomendación que derivó en una reflexión tan intrincada. En fin, suele pasar. Es un verdadero gusto haberte conocido, y cuéntame si sirvió de algo la recomendación.

Ficha técnica:
Cortázar, Julio
Historias de cronopios y de famas - Punto de Lectura
(Narrativa); 2007
160 p.; 11x18 cm.
ISBN: 9788466320290



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"Qué maravillosa ocupación cortarle la pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina.

Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino.
Qué maravillosa ocupación entrar en un café y pedir azúcar, otra vez azúcar, tres o cuatro veces azúcar, e ir formando un montón en el centro de la mesa, mientras crece la ira en los mostradores y debajo de los delantales blancos, y exactamente en medio del montón escupir suavemente, y seguir el descenso del pequeño glaciar de saliva, oír el ruido de piedras rotas que lo acompaña y que nace de las gargantas contraídas de cinco parroquianos y del patrón, hombre honesto a sus horas.

Qué maravillosa ocupación tomar el ómnibus, bajarse delante del Ministerio, abrirse paso a golpes de sobres con sellos, dejar atrás al último secretario y entrar, firme y serio, en el gran despacho de espejos, exactamente en el momento en que un ujier vestido de azul entrega al Ministro una carta, y verlo abrir el sobre con una plegadera de origen histórico, meter dos dedos delicados y retirar la pata de araña, quedarse mirándola, y entonces imitar el zumbido de una mosca y ver cómo el Ministro palidece, quiere tirar la pata pero no puede, está atrapado por la pata, y darle la espalda y salir, silbando, anunciando en los pasillos la renuncia del Ministro, y saber que al día siguiente entrarán las tropas enemigas y todo se irá al diablo y será un jueves de un mes impar de un año bisiesto.
"

lunes, octubre 08, 2007

Génesis

Un hombre que vuelve debe:

hacerse productivo,
rebuscar entre las cosas de su cuarto,
procurar no emborracharse (demasiado seguido)
cambiar su dieta,
memorizar el nombre de las calles (evitar perderse a toda costa),
dormir a horas decentes,
cumplir con la medicación,
llamar a los amigos (organizar encuentros imposibles de cumplir),
abrir una cuenta bancaria,
pasar tiempo con sus mascotas,
besar a una muchacha (de preferencia recién conocida),
evitar caer,
no temerle al fin,
volver a los inicios.

domingo, septiembre 30, 2007

Príncipe // Ib Michael

Príncipe es la primera traducción al español de este autor danés de gran reconocimiento en su país de origen. Y aunque no he leído nada más de él, creo que si el resto de su obra está en el nivel de esta novela, tal reconocimiento es más que justificable. Algo que me gusta de este libro de manera particular es que todo, técnica, estructura y estilo, están puestos al servicio de una narración absolutamente sensorial. Cierto es que lo han comparado con el realismo mágico (que en mi opinión siempre ha sido una forma bonita de decir "cualquier cosa parecida a Cien años de soledad"), pero creo que en este caso hay un quiebre importante entre una intención y otra: en Príncipe, la fantasía está apartada de la realidad "real" por una línea muy fina: el tiempo. No es extraño, pues, que el protagonista sea un niño, el único capaz de trasladarse de una realidad a otra sin mayor dificultad que la de ponerse a soñar. Y es allí donde esta novela cobra una consistencia absolutamente única, donde obtiene su mayor fuerza narrativa y alcanza un grado de incandescencia que conmueve y asombra.

El argumento es sencillo y a la vez terriblemente complejo. Podría decirse que es la historia de Malte, un niño de doce años que pasa sus vacaciones de verano en un pequeño pueblo pesquero de la costa danesa. Pero es cierto también que, como dije antes, aquí todo se confabula como una especie de trampa, como una enredadera que mezcla trama, estructura y palabras, y por ello lo que pareciera ser la tendencia natural de la historia, encuentra giros insólitos que, narrados con una magistralidad francamente sorprendente, dan como resultado una novela no solamente convincente literariamente hablando, sino sobre todo envolvente, de esas que se colocan justo donde salta el fuego de la emoción estética.

Y dejando de lado los artificios literarios, quizás lo más interesante de esta novela es la forma en que aborda el tema de la infancia. Primero porque la mayoría de veces esa idealización de la fantasía como contrapropuesta a la adultez resulta tan evidente que simplemente se vuelve un cliché. Y segundo porque pocas veces se da una convivencia clara de ambos mundos en una obra literaria sin que choquen de alguna manera. Pero en eso destaca Príncipe, porque, nuestro narrador (un extraño ser que salta de cuerpos convirtiéndose en animales u objetos), está por encima de la capacidad del tiempo, y comprende ambos mundos sin prejuicios ni preconceptos. Y el lector es un espectador de lujo, pues se sitúa en este plano intermedio por momentos, en el corazón de Malte por otros, en los adultos que conviven en este mundo agreste por lógica absolutamente natural.

Quizás esta reseña hubiera sido más pertinente en verano. Pero haciendo como el personaje de la novela, es decir, intentando ser un poco niño para no olvidar del todo lo que eso significa, creo que un excelente primer paso es olvidarse un poco del tiempo y construir uno propio. Cosa difícil para uno hoy en día, pero absolutamente necesaria. Bueno saber que hay libros como este, para echarnos una mano antes que sea demasiado tarde.

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Recomendable: Excelente lectura de playa, pero sobre todo, en esos momentos en que uno juega a que todavía puede ser un niño.
Se lo regalaría a: ¿Billy Corgan?

Ficha técnica:
Michael, Ib
Príncipe - Salamandra
(Narrativa); 2002
320 p.; 14x22 cm.
ISBN: 9788478887903






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"Un instante a la luz, la felicidad de un día, ¿compensa la soledad de cien años? Veranos fugaces, días que no terminaban nunca, noches de cristal azul oscuro... Pero nada dura para siempre. Al final del verano espera un sol que va desinflándose hasta oscurecer en medio del día. Nacemos a la conciencia de esas moscas de vida efímera que alumbran un instante en la noche y luego desaparecen. Pienso en un chico. También sus días están contados, pronto lo borrará el tiempo, como a todos los demás. Viajé para volver a sentir esa emoción que normalmente dejamos atrás al crecer. Mientras sientes curiosidad eres inmortal. El mundo era una cámara del tesoro, un recipiente sin fondo de vivencias del que bebía y bebía sin conseguir vaciarlo. Lo que se apoderó de mí al final no fue la desidia, ni mi tendencia innata a la melancolía: morí obstinado. En el cenit de mi trayectoria."

domingo, septiembre 23, 2007

Sedición del tiempo

Ese maldito vicio de tratar de robar tiempo. A las personas, a las noches, al trabajo y a los cajeros automáticos. Cuando me despierto, solo mis perros me miran con algún atisbo de paz, invitándome a quedarme ahí, a olvidar el mundo y solamente dormir.

Pero yo insisto en llamar a mi novia, en escuchar a mis amigos, conversar con mi jefe, pasar tiempo con mis padres. Y eso que algunos llaman ser buen tipo no es más que un intento desesperado de llevarme su tiempo y sumarlo al mío, recordar lo que se sentía no usar reloj, qué sé yo, ser solamente un niño.

martes, septiembre 18, 2007

El extranjero // Albert Camus

No se trata de la extranjería en el sentido de sentirse ajeno. Al menos no es eso solamente. Creo que se trata de la extranjería en el sentido en que uno no se pertenece a sí mismo. O, como en el caso de este libro, en el sentido de que uno sólo pertenece a sí mismo. Y creo que la pertenencia también es una forma de extranjería cuando el hogar es el yo. ¿Por qué? Porque se crea una dicotomía hermosa, pero al mismo tiempo terriblemente hiriente: cuando el hogar es uno mismo, cuando uno mismo es ancla y bandera y puerto seguro, siempre está en casa, pero también siempre es un extranjero, vaya a donde vaya. Y a mi manera de leer, que es absolutamente relativa y personal, claro, esa es la razón por la cual El extranjero es una de las grandes obras maestras de la literatura universal.

Creo que todos, en alguna medida, nos hemos sentido alguna vez un extranjero. Algunos por experiencia empírica y real, otros porque la consigna que cité unas líneas atrás nos alcanza tarde o temprano, aunque sea por un breve, muy pequeño instante, alguna vez en la vida. En ese sentido, Meursault resulta no un paradigma de la sociedad o del hombre vacío de capacidad de adaptación. Creo que si solo fuera eso, la novela no sería lo maravillosa que es. Es que Meursault es, pese a su absoluta carencia de emoción, simplemente un hombre.

Desde luego, se trata de la idea del absurdo. De que en la vida, si quitáramos la emoción y dejáramos que el peso de las cosas fuera una inercia absurda, caeríamos en ese vacío de la incomprensión, pero al mismo tiempo superaríamos en alguna manera nuestro entorno, nuestra realidad y nuestro contexto. Meursault lo sabe porque no es un hombre que mata por placer, sino porque algo en el sol le molesta; porque no sufre con la muerte, sino que la encuentra lógica; porque se acepta a sí y en sí mismo sólo cuando ha sido puesto cara a cara con el inexpugnable sistema de los hombres.

Sé que muchos de los lectores de Camus encontrarían mi reseña incompleta si no mencionara en algo al existencialismo. Pero, al igual que Meursault, yo no creo que uno nunca pueda estar completo. Sobre todo cuando uno es inercia e indiferencia. Así pues, dejo la filosofía a los filósofos y me voy a dar el gusto (verdaderamente un gusto cuando se trata de libros como este), de releerlo con la emoción como única brújula. Después de todo, leer esta novela con aquello de lo que carece su protagonista es, quizás, un breve alivio para esa angustiante sensación de la extranjería.

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Recomendable: Para cuando uno está en esos días de vacío. Para cuando uno se quiere emocionar no con la vehemencia, sino con el reflejo. Para cualquier instante y cualquier circunstancia en la que uno sea un extranjero.
Se lo regalaría a: Si no lo ha leído ya, a Lía, amiga a la distancia. Como quien da una mano. Creo que ella sabe por qué.
I'm alive / I'm death / I am the stranger / killing an arab...: Sí, Robert Smith, vocalista de The Cure, compuso esa canción ("Killing An Arab") inspirado en la obra de Camus. Es un dato conocido, pero nunca está de más.
Whisky con link: El extranjero

Ficha técnica:


Camus, Albert
El extranjero - Planeta
2007
160 p.; 14x21 cm.
ISBN: 9788496580206





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"Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: "Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias". Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: "No es culpa mía". No me respondió. Pensé entonces que no debí haber dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido un aspecto más oficial."

viernes, septiembre 07, 2007

Inercia

Momentos para huir y no dar la cara, encerrarse, apreciar mi condición de prisionero con una alegría infinita, la capacidad de ser un fantasma, el amor por la sangre, la espera inminente de la muerte y la podredumbre del cuerpo, el vacío en el estómago, el mareo de costumbre, ganas de renunciar y mandarlo todo al carajo, volver a la playa donde fui feliz sólo para descubrir que hace ya tiempo renuncié a mi derecho de serlo de nuevo, largar a los brazos de las muchachas que conquisté pero jamás me amaron, llamar a mis padres (pero pelearme con ellos), abrazar a mi perro, conversar con mi yegua, arrastrar los pies por el jardín (cuidar de no matar ningún insecto), encender la tele y buscar estática, apagar la radio, olvidarme de los discos, no leer nada, sentir el frío, derramarme sobre las sábanas álgidas que no son el mar, dormir y quizás soñar con viajes y arañas, pensar en todo, olvidarse de morir.

jueves, agosto 30, 2007

Rayuela // Julio Cortázar

Creo que mi historia con esta novela es una historia triste. Aunque quizás decirlo así resulta un poco dramático. En fin. Fue hace ya un tiempo, tenía 15 años y estaba, lo que se dice "enamorado". Un amor sufrido, sí, lleno de padecimientos barrocos, incomprensibles, adolescentes y un millón de etcéteras que no vienen al caso. Válidos, supongo, pero también definitivamente ajenos. No en el sentido de que ya no quiera hacerme responsable de esa época (qué mezquino e inmaduro sería negar que uno sintió, vivió, recuerda), sino en el sentido de que uno cambia, crece, envejece a fuerza de golpes quiera o no. Y recuerdo muy, muy claramente que por esa época decidí saldar dos enormes deudas para con la literatura latinoamericana: Rayuela y Cien años de soledad. Sobre la segunda, ya hablaré alguna vez. Sobre Rayuela, sólo puedo decir que fue una química instantánea. Que me sentí Oliveira, que la Maga me pareció el retrato exacto del gran fantasma que era la mujer de mi vida, que por pimera vez encontraba sentido en una novela que tenía miles de alternativas posibles. No diré que se convirtió en mi novela favorita, pero sí diré que hizo rápido ascenso a mi top ten de aquella época y que me enorgullecía terriblemente cada vez que alguno de mis profesores me decía que no había terminado de leer esa novela porque le parecía terriblemente densa y qué sé yo. Y yo me sentía más trascendental, sabio y maduro que nunca. En fin, debe ser eso que se dice la fiebre de los 15, donde escuchas música con el volumen más alto, aceleras más cuando manejas, y cuando te enamoras (sea de una persona o un libro), definitivamente te enamoras con mucha más intensidad (que, por supuesto, no es lo mismo que realismo).

Años después, una noche de insomnio, me di cuenta que me la había llevado a Buenos Aires, supongo que por asociación al momento de hacer las maletas. Descubrí que recordaba poco y nada de la novela en sí, así que empecé de nuevo a leerla. Y oh decepción. Fue triste y fue un error. No sé, como que nunca más fue lo mismo. Como que mi amor fue eso: esa muchacha que a los quince años te parece la mujer de tu vida, pero que cuando la encuentras años después en una reunión se ha quedado completamente en el pasado, y tú sólo puedes pensar "pero qué demonios tenía en la cabeza". No me parece que sea una mala novela. Tampoco creo que mis gustos me hallan llevado lejos, en absoluto. Pero es como si ahora lo mejor de Rayuela es que me llevó a adquirir un gusto genuino por Cortázar, gusto que conservo hasta hoy. Y sin embargo, ya no puedo dejar de ver a Oliveira como un tipo que murió ahogado en su fantasía adolescente, a la Maga como la mujer con la que nunca estaría porque sé que se trata, justamente, de un fantasma esquivo, hecho sólo para sentir dolor, todo lo cual está muy bien, hasta que descubres que en realidad el sufrimiento es la parte fácil de la vida y lo verdaderamente duro es hacerse fuerte para darse uno mismo la oportunidad de ser feliz.

Por otro lado, me gusta saber que no he olvidado del todo. Sigue siendo un libro que me atrae por la cantidad de lecturas que ofrece, por la manera como aborda el espacio interior de sus personajes, por cómo representa una época, no solo a nivel personal. Además, la escena que transcribo más abajo me parece sencillamente hermosa, una de las descripciones que más veces debo haber releído aisladamente. Finalmente, y para ser justos con la novela, no sé si me arrepiento de esa segunda lectura. Sé por un lado, que no habrá una tercera, al menos por ahora. Pero sé también que así como hay gente que uno preferiría no haberse reencontrado para mantener un buen recuerdo, es parte de la realidad afrontar el pasado y enfrentarse al cambio que uno mismo ha elegido para su vida. Qué sé yo, ni siquiera sé si este es un post para recomendar o para comentar. Quizás algún día no sea una historia triste (alguien me dijo una vez que esos amores adolescentes te persiguen para toda tu vida) y me den ganas de no haber escrito así sobre Rayuela. Pero saben qué, este post está aquí porque cuando pensaba en una novela sobre ese sentimiento y se me vino a la mente Rayuela, pensé "pero esa novela ya no me gusta". Y entonces se me vino una segunda pregunta, no sé si más adecuada, pero definitivamente mucho más válida: "¿la recomendaría?".

Y el resto, como dicen, es historia.

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Recomendable: Para mí, cuando tienes 15 años, para que te parezca la mejor novela del mundo. Pero si te gusta Cortázar, capaz que siempre. Definitivamente, cuando crees más en la tormenta que en la calma.
Se lo regalaría a: Un par de personas que se quedaron en el pasado.

Ficha técnica:

Cortázar, Julio
Rayuela - Punto de Lectura
(Narrativa); 2001
720 p.; 11x18 cm.
ISBN: 9788466304634






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"En el pabellón de la izquierda se apagó la luz de la farmacia. Talita salió al patio, cerró con llave (se la veía muy bien a la luz del cielo estrellado y caliente) y se acercó indecisa a la fuente. Oliveira le silbó bajito, pero Talita siguió mirando el chorro de agua, y hasta acercó un dedo experimental y lo mantuvo un momento en el agua. Después cruzó el patio, pisoteando sin orden la rayuela, y desapareció debajo de la ventana de Oliveira. Todo había sido un poco como en las pinturas de Leonora Carrington, la noche con Talita y la rayuela, un entrecruzamiento de líneas ignorándose, un chorrito de agua en una fuente."

domingo, agosto 26, 2007

Fantasmagoría

No… Ha sido todo verdaderamente injusto. Fue injusto desde el momento en que te vi, fue injusto desde el momento en que me hablaste en esa calle helada que debió quedarse con los trazos del silencio que pudimos dibujar sin más. Fue injusto desde que naciste, desde que mis ojos te descubrieron entre lo acostumbrado y desde que te hiciste querer. Fue injusto desde que me sonreíste, desde que confié en ti y desde que me hiciste dejar la espada en otro lugar sólo para teñirla con mi propia sangre. Fue injusto porque yo que dudo de absolutamente todo te creí y fuiste tú la que prefirió que la palabra duda quede inferida entre nosotros, como si realmente el abismo debiera permanecer en vez de desvanecerse, como si lo único importante que rescatar de mí fueran unos minutos diarios y el resto estuviera mejor donde estaba.

Pudiste advertirme tantas cosas. Pudiste hablarme en vez de dejarlo siempre todo sobreentendido, para así hacerme sentir que me tratabas exactamente igual como a tantos otros, que no evitábamos el contacto con un mundo que nos había lastimado tanto a ambos. Pudiste haberme evitado antes y acercarte después en vez de hacerlo de manera opuesta. Pudiste haberme explicado, pudiste haber no confiado en mí desde el primer momento, pudiste no aceptar mis disculpas y pudiste dejarte ser en una frialdad hiriente que no era más que los rezagos de la ciudad a la que perteneces. Pero fuiste otra cosa, completamente otra. Tú eras la única argentina del mundo que sonreía como si no hubiera nada de qué desconfiar. Eras eso y no porque yo te hubiera convertido, sino porque en tu naturaleza se dibujaba esa sonrisa como lo único rescatable de un montón de espejos infranqueables. Y no tienes ni idea de lo mucho que me doliste. No tienes idea de cuántos años le toma a un hombre aprender a llorar en silencio. No tienes idea de lo mucho que golpea una realidad que se ha ocultado detrás de una sonrisa como la tuya y que aparece en un cuarto oscuro, como una red pegajosa de oscuridades impalpables, como un reloj que se mueve demasiado a prisa para la lentitud y demasiado sosegado para el transcurso verdadero del tiempo, como una soledad próxima, dulce y por eso más dolorosa, como el filo de una noche más en vela, añorando cada espacio, cada porción de un recuerdo que no es más que todo lo que uno conoce ve y ha visto, que no es más que el inventario perfecto de un montón de líneas que no dijeron nada nunca y que pudieron más bien permanecer en silencio como tú pudiste permanecer en silencio y evitarme una noche de confrontarme a mí y perder contra todo el universo.

viernes, agosto 17, 2007

La metamorfosis // Franz Kafka

Dura vita, sed vita. Puedo extender esa consigna a tantas situaciones diferentes... relaciones afectivas, momentos duros, emociones encontradas, sentimientos que de pronto aparecen y no sabes por qué están ahí. Y definitivamente a lo que está ocurriendo mi país en estos días. Y cuando pienso en esa consigna, pienso, claro, en mi libro favorito y pienso en él justamente porque esa es la razón por la cual siempre estará en el tope de cualquier pila de libros que tome para los momentos de emergencia. Más un día como hoy.

Los sionistas dicen que la obra de Kafka es la gran revelación del sionismo, los existencialistas dicen que más bien lo es del existencialismo, los surrealistas que del surrealismo y todos se pelean por la llave maestra que abra la "hermética" obra de este hombre que, si de algo estoy seguro, nunca se consideró perteneciente a ninguna clase de grupo. Más bien lo veo justamente como su obra: distinto, ajeno, extranjero.

La metamorfosis puede no ser mi top 1 en esa lista que ven a la izquierda, pero es definitivamente mi libro favorito y el libro que le diría a todo el mundo que debe leer al menos alguna vez en la vida. Tiene demasiados contextos, una vastedad de interpretaciones única y especial, y está dotada de una carga emocional tan fuerte que es imposible entrar en ese viaje y no terminar completamente abrumado. Y es que, ¿quién no se ha sentido una cucaracha alguna vez? La primera vez que me di cuenta lo mucho que necesitaba ese libro fue el día que no me dejaron entrar a una discoteca por mis recurrentes fachas. Luego en Argentina, el día que me discriminaron por mi pasaporte peruano, descubrí que Kafka sabía. Y luego mil veces más en situaciones distintas, desde relaciones en las que terminé siendo visto como una especie de criatura extraña, hasta momentos de mi vida en que me sentí impotente por cosas que pasaban alrededor, con todas las fuerzas y todas las ganas del mundo de hacer algo para cambiarlas, pero sabiendo que, algunas veces, la resignación consiste en aceptar la realidad y descubrir que frente a ella no somos sino un insecto.

Quizás ésa es la circunstancia que me lleva a reseñar esta obra ahora y no antes, y no después. Un terremoto que ha devastado a mi país, en más de un sentido. Veo las imágenes de la ciudad de Pisco, una ciudad que visité tantas veces y es como ver una mentira, como una fábula que alguien se inventó para jugarnos una broma cruel, para buscar en nosotros sensaciones y sobrecogimientos que no pensamos podían existir. Cadáveres en la plaza de armas, gente buscando entre ellos a sus familiares, algunos que los encuentran y no pueden hacer nada más que entregarse al dolor de haberlo perdido todo, de perder la esperanza. Y mientras veía eso no pude sino imaginarme estar en ese lugar: buscando lo que más amo, a las personas que quiero y necesito entre un valle de cuerpos, como un vagabundo busca comida en la basura. Y sin derecho además a preguntarse por qué. Como en esta novela (al diablo con los debates literarios sobre si es o no una novela), en la que no cabe preguntarse qué ha generado esa metamorfosis. En la que la primera metamorfosis se da al despertar, pero la segunda se da en la muerte.

Y entonces es que me doy cuenta que despertar y encontrar la realidad que conocemos es algo que deberíamos valorar con cada fibra del alma. Ahora sé que esa metamorfosis significa despertarte un día convertido en algo totalmente diferente: despertar y haber perdido todo lo que conocías, ver que todo alrededor cambia, ha cambiado; y que el porqué pase a un segundo plano porque ni podías preverlo ni puedes explicarlo y ya ni siquiera pensar en controlarlo. Porque para la mayoría de personas, vivir es natural, es el resultado lógico de todas las cosas que hacen en su día a día, en la vida cotidiana. Pero para esa gente, ahora la vida es un milagro, algo raro, algo que se les ha dado aunque se les haya quitado todo lo demás. Ahora ellos también despiertan cada mañana y descubren que están en una especie de mundo surreal, y ya ni siquiera les alcanza el aliento para preguntarse cómo o por qué a ellos, y de pronto toda la existencia se resume a asimilar tu nueva forma o simple y llanamente no sobrevivir. Esa sensación, ese sentirse ajeno en el cuerpo propio, ese haber visto a la muerte a la cara es, en su forma más sencilla, la metamorfosis de todo nuestro mundo.

No diré más porque ni el libro ni la situación requieren palabras. Sólo que de eso se trata este proyecto, de decir desde la perspectiva en que se siente la literatura no sólo como un escape al mundo, sino como un reflejo de él. A los que están aquí, no debería tener ni que decirles. A quienes leen de fuera, no puedo terminar de explicar la sensación. Pero Kafka sí pudo. Por eso, y porque toda persona debería tener ese salvavidas a mano en su biblioteca, para cualquier circunstancia que lo requiera, dejo este mensaje aquí, antes de entregarme a la acción concreta de ayudar a quienes lo necesitan.

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Recomendable: Cuando uno es un insecto. Cuando uno se despierta convertido en algo que no era. Cuando la resignación es la única vía para nuestra siguiente metamorfosis.
Se lo regalaría a: Cada estantería de cada casa del mundo.

Ficha técnica:

Kafka, Fanz
La metamorfosis - Alianza Editorial
(Biblioteca Autor); 1998
136 p.; 11x18 cm.
ISBN: 9788420633510




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"Gregor pasaba las noches y los días casi sin dormir. A veces pensaba que al abrirse la puerta volvería a asumir los asuntos de la familia, como antes. Últimamente, después de mucho tiempo, aparecían en sus pensamientos el jefe, el apoderado, los compañeros y los aprendices, el criado tan lerdo, dos de sus amigos de otros negocios, una camarera de un hotel de la provincia; también un recuerdo fugaz y querido: la cajera de una sombrerería a la que había pretendido seriamente pero con demasiada lentitud; todos aparecían mezclados con extraños o con gente ya olvidada, pero en vez de ayudarle a él y a su familia, todos se mostraban inaccesibles, así que se alegraba cuando desaparecían. Después, ya no estaba de humor para preocuparse de la familia, sólo le invadía la furia por la pésima atención que recibía, y aunque no tenía una clara idea de los alimentos que apetecía, hacía planes, sin embargo, para llegar hasta la despensa y allí coger, aunque no tuviera hambre, todo lo que le correspondía por derecho."

martes, agosto 14, 2007

Dura vita, sed vita

Dura vita, sed vita. La vida es dura, pero es la vida. Creo que esa ha sido mi consigna por mucho tiempo. Tanto me lo he repetido, que aunque no lo crea como una verdad universal, ha sido mi frase de soporte para todos los momentos en que me he sentido verdaderamente aplastado. Y sin embargo, es una lección difícil de aprender. Justo cuando creo que he llegado a asimilarla como una lección de vida, algo pasa; quizás una tormenta, quizás un tropiezo, pero de nuevo estoy en el piso y de nuevo echo mano a la misma consigna inquebrantable. Dura vita, sed vita. Cuántas verdades se encierran en una sola.

El verdadero significado de esa frase es terrible, quizás desalentador. Significa que fuera de nuestros ideales, fuera de los sueños y las fantasías, la vida es difícil, o hasta cruel. Y que eso es algo que nunca podremos cambiar. Significa que uno no siempre obtendrá lo que quiere, y ni siquiera lo que se merece. Quizás algunas veces, cuando uno es suficientemente fuerte, obtiene lo que va a buscar. En todo caso el significado va muchísimo más allá, porque implica también que hay cosas que nunca controlaremos. Que la voluntad humana, por poderosa y útil que sea, no es inquebrantable. Que la vida la derrotará y más de una vez. Pero de nuevo, es la vida. Y no tenemos más opción que aceptarla o renunciar a ella.

Pero lo interesante es que esa misma frase puede seguirse deshilvanando hasta sus fibras más ínfimas. Y entonces es que descubro que eso que uno llama “la vida” es en realidad una forma de nombrar de una vez millones de sensaciones, sentimientos, hechos, encuentros y eventos que le van ocurriendo a uno a lo largo del tiempo. Y allí asoma mi primer atisbo de entendimiento. Y es que recuerdo entonces que tampoco podemos controlar lo que sentimos. Que a veces, cuando uno quiere algo con locura y lo ve lejano, esquivo, pues simplemente tiende a querer olvidarlo, a renunciar, o a seguir en la búsqueda pero sintiendo culpa, sintiendo que uno lo hace por masoquismo. Pero nada de eso. Porque querer algo es uno de esos sentimientos que uno no puede controlar tampoco. Uno puede hacer lo posible por olvidarlo, claro, pero si no se consigue, habrá que aceptar que escapa a nuestro poder, que el control es una ilusión, que habrá que vivir con eso y esperar a que se desvanezca por otras circunstancias, o quizás, en algunos casos, el milagro se nos dé y consigamos lo que queríamos en primer lugar.

Dura vita, sed vita. Maravillosa frase porque con toda la carga desgarradora y fatalista que trae, tiene también un lado hermoso y absolutamente inspirador, cosa que vale mucho más que esas frases huecas y optimistas que nos vende el mundo en su afán hipócrita de hacernos creer que todo es color de rosa. No. Cuando la verdad es dura pero trae esperanza, es una sensación mil veces más suprema que la falsa felicidad armada sobre cimientos débiles. Y es que ese lado positivo es la gran razón para seguir viviendo: es la libertad. La libertad de saber que sin control podemos rendirnos al hermoso torbellino del caos, sentir sin culpa, disfrutar de las emociones aunque sean pasajeras y aunque no siempre nos lleven al destino que queríamos.

No hay que pasar nunca por alto lo importante de esa libertad. Nunca. Tiene todo el valor del mundo, porque significa que no necesitamos olvidar todo lo que nos hace daño, y que no tenemos que obligarnos a ello. Que el olvido debería ser un proceso de cura, no una automutilación. Que podemos y debemos vivir la vida dispuestos a caer y a ensuciarnos y a lastimarnos de vez en cuando; y no como aquél que abandona el campo de batalla de puntillas, en secreto, como un cobarde de aquellos que le tienen miedo no solo a la muerte, sino también a la idea de vencerla simplemente porque no saben lo que vendrá después.