domingo, julio 15, 2007

Porque no puedo cambiarlo

Yo sé. Siempre lo he pensado. Vivir en el pasado es fútil. Cambiarlo imposible. Pero si me dieras la oportunidad, juro que lo haría todo distinto. Probaría cualquier otra cosa menos esa maldita manía de decir las cosas a la mitad para tener siempre a mano la puerta de escape. Te demostraría que nunca mentí concediéndote el único lujo que no podía darme en ese momento: la verdad. Y no porque no te la merecieras, no porque no te la quisiera dar. Simplemente que sacrificarme me hubiera destruido. Pero también eso te lo hubiera contado. Te hubiera explicado paso por paso qué es lo que me llevó a estar allí, qué me motivó a empezar a decir las cosas y luego recular cuando ya era demasiado tarde. Te hubiera pedido perdón como sé que hubieras entendido. Me hubiera quedado callado cuando el silencio era la respuesta justa. Te hubiera dicho lo que querías oír y no para satisfacerte, sino para que los dos pudiéramos coincidir en la maravilla esquiva de que yo sintiera lo que tú esperabas.

Capaz hubiera reescrito la historia cien, mil, un millón de veces, todas las veces que fueran necesarias para que te dieras cuenta que no era una mentira, que nada de esto lo es. Pero así es la vida, ¿no? Ni tú me perdonarás ni la vida me dará otra oportunidad. Y yo, yo que si algo he tenido de sobra siempre han sido palabras, no encontré las palabras justas para ti. Hoy las tengo y las puedo convertir en mil historias que no son más que la misma historia. Y ahora ya lo sabes y no te basta.

Tampoco sabrás nunca cuánto me duele. En un par de días, lo he perdido todo. Aquello en lo que mi mundo de cristal se alzaba, se ha derrumbado sobre mí, me ha cubierto en escombros. Y yo sigo pensando en escribir la misma historia que sigues siendo tú. Me voy a alzar porque no puedo permitirme la derrota. Voy a ganar porque me conoces y sabes que así soy yo. Pero mientras mi mundo está hecho pedazos, puedo darme el lujo endiabladamente raro de disfrutar del caos más absoluto. Y sin embargo, ya ves que con toda la libertad que eso significa, mi único afán, la única cosa por la que cambiaría todo el tiempo, sería para decirte ese par de palabras que me faltaron en el momento en que más las necesité.

martes, julio 10, 2007

Los árboles mueren de pie // Alejandro Casona

¿Nunca les ha pasado necesitar un libro y no tenerlo a mano? Creo que es una de las sensaciones más terribles que le pasan a un lector de refugio. Y hay algo todavía más interesante qué pensar... Porque yo estoy convencido que hay momentos en la vida en que ese "necesitar" un libro, está puesto en el sentido más estricto de la palabra: un fragmento, una frase, una serie de palabras que nos hacen recordar lo que necesitamos decirnos a nosotros mismos en ese momento preciso. Ya sé que eso tiene poco o nada que ver con el arte, pero de nuevo... a veces pasa. Y cuando pasa, es bueno saber que hay un gran arte allá afuera, dándonos una mano. O sea, gente que se las ingenió para ayudarnos de alguna manera a ganarle a la vida.

Una de las cosas más interesantes cuando eso pasa es que a veces el libro que uno necesita no es de tus libros favoritos, ni de los mejores libros que leíste. Hay libros recurrentes, hay libros que pasan sin dejar huella, hay otros que podrían hacerlo si no fuera por algunas situaciones puntuales de tu vida. Odio los libros que están fabricados para volverse recurrentes. Es como esas parejas que están siempre ahí para ti, que construyen su vida alrededor tuyo, pero sin ella no son más que un casco vacío, no tienen un alma propia. Creo que lo mejor que le puede pasar a un libro es que el lector se enamore de él y lo busque por lo que significa el libro en sí, luego por lo que significa el libro en la vida del lector. Y como este blog está hecho para hablar de la literatura no como una forma inaccesible y superior del arte para entendidos, capaz alguno de ustedes entienda lo que quiero decir.

Primera y posiblemente última vez que posteo sobre una obra dramática. Bueno, quizás algún día Shakespeare. Pero creo que todas las obras teatrales que leí las leí mientras estuve en el colegio. O sea, lo impresicindible. Me divirtieron sana y buenamente, me gustaron algunas más que otras, y de aquellas he visto representadas muy pocas. Pero hay un par en especial que sí se me quedaron pendientes en la mente, como en estado latente hasta el día en que pudiera darles una reinterpretación. El punto es que como amo la narrativa, estoy acostumbrado a admirarme por recursos estilísticos, técnica, estructura. En la obra dramática hay de todo eso, pero en una forma absolutamente distinta. Y cuando esos recursos me faltan, siento lo que leo ligero, como una historia en bruto. Pero eso no quita que tenga la capacidad de golpearte. De hecho, si lo pienso muy muy bien, probablemente lo hace incluso mejor cuando pasa.

Esta obra la leí ya no me acuerdo ni cuando. Me acuerdo dos cosas muy puntuales: que me encantó y que me enamoré perdidamente del personaje de Isabel. No estaría mal hacer un top 10 de amores literarios, y creo que ella estaría ahí. Probablemente poca gente la pondría en el suyo, pero qué importa, déjenme con mis gustos raros. Cuestión, nunca podré explicar exactamente qué es lo que me pasa con este libro. No lo he leído tantas veces como averiguarlo, capaz nunca lo haga. Hoy lo habría leído y no lo tengo a mano. Mañana probablemente preferiré leer otro. Me acuerdo que la escena en que describen los ojos de Isabel fue el momento en que pensé que uno sí se puede enamorar de un fantasma literario. Y me acuerdo que el momento en que la abuela afronta la verdad sobre el final de la obra, me parece una de las escenas más desgarradoras de la literatura universal.

Hoy me hubiera gustado tenerlo. Pero al menos encontré un fragmento en uno de mis cuadernos. No es suficiente para recuperar el sentimiento. Pero sí para hacer lo que tengo que hacer y llevarme esa lección que dejó Casona, por si algún día alguien la necesitaba. Él dice que los árboles mueren de pie. Yo digo entonces que sí, que pase lo que pase, morir no es tan malo, pero que, ciertamente, sobrevivir no es tampoco tan perfecto como parece.

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Recomendable: Antes de cualquier competencia que se sabe muy dura. Cuando por dentro algo se quiebra pero necesitas permanecer fuerte a la vista de todos. Cuando necesitas aprender por qué algunas batallas valen la pena ser peleadas aunque estén perdidas de antemano.
Se lo regalaría a: ¿Ahorita? A mí.

Ficha técnica:

Casona, Alejandro
Los árboles mueren de pie - Edaf S.A.
1984
112 p.; 11x17 cm.
ISBN: 8471668882




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"Balboa: Pero, ¿De dónde vas a sacar fuerzas?

Abuela: Es el último día, Fernando. Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie. Como un árbol."

domingo, julio 08, 2007

Unas de cal, otras de ti

Ayer por la noche anunciaron a Machu Picchu como una de las nuevas 7 maravillas del mundo. Sin duda, me hace sentir orgulloso. Muchos critican el sistema de elección (particularmente los países que no tuvieron candidatos, bueno), y muchos creen que no hará gran diferencia. Pero está bien, porque ayer me tocó contestarle a algunos amigos con la frase “en Perú todo el mundo está celebrando en las calles”.

Un país que ha sufrido tanto como el mío, no debe privarse de una sola alegría. Ni una sola. Aunque algunas duren poco.

Hoy por la mañana vi a Federer pararse frente a un contrincante que por un momento le reveló una verdad terrible: ya no es el mejor del mundo en cada instante. Sigue siéndolo por ahora, claro… pero ahora sí hay una sombra que le pisa los talones. Y por momentos ese tipo que admiro por considerarlo prácticamente perfecto en el tennis, se me hizo humano. Pero está bien, porque quizás ganó por eso.

Un jugador que se levanta en los momentos más terribles y llora cuando logra una victoria que le costó exigirse al máximo, es una buena razón para seguir creyendo que la vida es franqueable, aunque cueste.

Por la tarde me llamaron a decirme que mi yegua ganó un campeonato al que también le tengo mucho aprecio. No sé bien por qué de todas las competencias de Perú, esa Copa Aniversario es la que verdaderamente me importa más que cualquiera, más que el campeonato nacional, incluso. Para los que me conocen, deben de pensar que siempre digo eso de cada concurso, pero que mi yegua tenga ese campeonato significa una enormidad. Me dolió terriblemente no haber sido yo quien haya saltado con ella hoy. Pero está bien, porque cuando uno es feliz hay dolores que se cargan con gusto, y eso me hace desear estar en casa.

A veces siento que he dejado en ella un reflejo de mí mismo. Y uno no se lo puede explicar a nadie que no lo haya vivido (todos los deportes son así). No sé, pero es que la vida está llena de esas pequeñas cosas que nadie te entiende y que tú no cambiarías por nada.

Hoy por la noche, ocurrió lo que había temido toda la semana: Perú cayó goleada 4-0 contra la selección de Argentina en los cuartos de final de la Copa América. Ayer, cuando veía los otros partidos, sólo pensaba “Dios, si perdemos, al menos que no sea así”. Pero sí fue. Y la verdad es que esa sensación rara de que todos se burlen de algo tan trivial como el fútbol, también duele. Pero está bien, porque sufrir por ser peruano es algo que haría cualquier día de la semana.

No se pueden ganar todas las guerras. Y algunas, de hecho, están hechas para pelearse y sólo morir honrosamente. Probablemente ver ese partido me ha recordado lo difícil que es alentar hasta el último minuto. Pero creo que ahora sé que es la única forma de no ser mediocre. ¿Y saben qué? Hubiera sido mucho más feliz si hubiéramos metido aunque sea un gol, si le hubieran quebrado la pierna a un argentino o si simplemente hubiéramos ganado el partido. Pero lo cierto es que a veces me da gusto que no todo salga tan bien; me da gusto sentirme un vulgar y frágil ser humano, saber que la vida no me va a convertir en una máquina insensible: yo también quiero llorar el día que gane mi partido más difícil.

jueves, julio 05, 2007

El viaje de Baldassare // Amin Maalouf

"Cuatro largos meses nos separan todavía del año de la Bestia, y ya la tenemos ahí. Su sombra vela nuestros pechos y las ventanas de nuestras casas". Así empieza esta novela del franco-libanés Amin Maalouf, autor que todavía da vueltas en la lista de los nominados al Nobel y que tiene toda una legión de seguidores entre los cuales se encuentra una ex mía y que seguro me hubiera dejado por él de haberlo conocido. Pero bueno, dejando la remembranza de lado, no fue gracias a ella que conocí a este autor, sino casualmente, en mi primer año de economía en Lima. Había oído hablar de él, pero creo que jamás se me hubiera ocurrido ponerlo en la lista de prioridades si no hubiera sido porque en la clase de lengua nos pasaron una separata y lo primero que leí fueron esas líneas.

Levanté la mano ipso facto para preguntarle al profesor si recomendaba al autor, y el profe se mandó una perorata bastante precisa, ahora que lo pienso bien, pero también bastante poco convincente. Me recomendó Las cruzadas vistas por los árabes, ensayo que era bastante pertinente debido a que acababa de explotar el conflicto Irak-Estados Unidos (los locales primero), y el cual conseguí no me acuerdo bien cómo. Pero ahí quedó la cuestión, porque la no-ficción me gusta eventualmente, y casi siempre cuando ya conozco al autor, pocas veces como carta de presentación.

Pero como el destino a veces es bueno conmigo, un día caminando en librerías Crisol, volteo y ahí estaba un título conocido. "¡Muérome!", exclamé (bueno, no fue tan exagerado, pero sí me emocionó un poquito) y sí... era El viaje de Baldassare, ahí dejado en una góndola que ni siquiera le correspondía. Amo cuando esas cosas me pasan. Puedo ser comprador compulsivo... de hecho, trato de no llevar ni plata ni tarjetas cuando entro a una librería. Pero cuando veo un libro que me suena y se aparece... no sé, en la sección cocina, o se ve que alguien lo iba a comprar pero lo dejó en otro lado, la tentación es demasiada para soportarla.

Igual me lo llevé junto con un libro de Fernando Vallejo que leí primero, y finalmente ahí quedó la novela de Maalouf medio olvidada, hasta que viajé a Buenos Aires y al momento de decidir qué libros me iba a llevar, pues lo eché a la maleta casi sin fijarme. Ah, inconsciente, sabio inconsciente.

El viaje de Baldassare es una de esas novelas que te sorprenden en cada página. La técnica, la prosa, la estructura, todo es endemoniadamente sencillo. Y sin embargo, cada palabra es un golpe de dados, cada situación, cada momento de la novela es un verdadero viaje que no deja de sorprendernos de la manera más estupenda en que se puede sorprender uno. El argumento inicia de la manera más sencilla, pero se difumina conforme avanzamos en la trama (probablemente como cualquier viaje). Es el año 1666, y el mundo se encuentra en una especie de frenesí... Es el año de la bestia, el fin del mundo. Y en esta especie de locura social, el protagonista Baldassare Embriaco parte en busca del libro llamado "El centésimo nombre", el libro que contiene el centésimo nombre de Dios, y acarrea con ello la salvación de su portador frente al inminente Apocalipsis en el año de la Bestia. Sin embargo, Baldassare no parte solo y sus compañeros de viaje no sólo cambiarán rotundamente los destinos y fines del viaje, sino que además lo harán cambiar a él. Aparece la figura del amor en Marta, el amor platónico de Baldassare que súbitamente se une a la empresa; aparece el tema de la fe en su sobrino, fiel creyente de los presagios, que se enfrenta constantemente al excepticismo de su tío; el tema de la extranjería en los diferentes lugares que va recorriendo, la noción de lo que es un hogar, la posibilidad de que, como en ese tan citado poema de Kavafis, a veces Ítaca es el viaje que realizamos antes que la isla que pisamos al final de la jornada.

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Recomendable: Definitivamente para viajes largos. Para cuando no estás seguro de dónde es que queda el norte y dónde queda tu casa. Para cuando te entra la onda fatalista y todo lo que ves son señales y presagios. Si alguien ve esto, la contaminación no nos ha exterminado y no estamos dominados por los marcianos, para el año 2666.
Se lo regalaría a: Cualquier persona que abandona su país, sea por la razón que sea. Debería haber un puestito con este libro al costado de migraciones.
Whisky rebajado: Es que quería dejarles mi parte favorita de la novela, o al menos la que la resume de cuerpo entero, pero me parece que es como contar el final. En vez les dejo un pasaje que de todas formas me fascina (en realidad hay muchos extraordinarios). En fin, cuando lleguen a la parte del 20 de diciembre de 1666, entenderán a qué me refiero.

Ficha técnica:

Maalouf, Amin
El viaje de Baldassare - Alianza Editorial S.A.
(El libro de bolsillo); 2003
448 p.; 11x18 cm.
ISBN: 8420672157






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"En el mar, 9 de noviembre

El mar está permanentemente agitado, y yo permanentemente enfermo. Muchos marineros lo están tanto como yo, si es que esto es un consuelo.

Todas las noches, entre náusea y náusea, rezo para que la naturaleza nos sea más clemente, pero resulta que Domenico me dice que él reza por lo contrario. Sus ruegos, es evidente, son escuchados, y no los míos. Y ahora que me ha explicado sus razones, creo que voy a imitarle.

- Mientras la mar esté encrespada - me dice - estamos a salvo. Pues si los guardacostas nos localizan, no se atreverán a lanzarse en nuestra persecusión. Por eso prefiero navegar en invierno. Así sólo tengo un adversario, el mar, y no es ése el adversario que más temo. Aunque decidiera quedarse con mi vida, no sería tanta la desgracia, porque me haría escapar al suplicio del palo, que me espera el día en que me agarren. Morir en la mar es un destino de hombre, como morir en el combate. Mientras el palo te hace maldecir a la que te ha traído al mundo.

Sus palabras me han reconciliado tanto con la marejada que me he apoyado en la borda, me he colocado de frente para que me salpique el agua y he recogido con la lengua las gotas saladas. Es el sabor de la vida, la cerveza de las tabernas de Londeres y los labios de las mujeres.

Respiro a pleno pulmón y las piernas ya no me flaquean."

lunes, julio 02, 2007

Síndrome del viajero

Irte lejos para que el sentimiento de ahogo no te persiga no siempre funciona. Después de todo, funcionó la última vez. No podías esperar que se repita, tampoco anticipar la derrota. Y no te lamentes, no todas las batallas se ganan.

Quizás porque en estos tiempos, cada vez tienes que irte más lejos para estar lejos. Hace dos noches, el balneario de Pimentel, donde mi madre pasó su infancia. Hoy de nuevo Buenos Aires y su frío desgarrador que vive burlándose de mí. Demasiados kilómetros demasiado pronto. Demasiados aires que no saben igual. Demasiadas voces que se me confunden. No sé qué tengo, pero sé qué es lo que no.

Quizás en este mundo uno se acostumbra a todo. He sido un extranjero los años más importantes de mi vida. Y quizás ya no sé ser otra cosa. Amo mi prisión. Amo ser parte de algo de lo que no soy parte.

Te estás poniendo nostálgico, me grita una cuerda negra tendida sobre mi mesa. La miro tentado, pero rechazo la idea. La vida se ríe y me dice: “no perteneces a nada”. Pero seré yo quien ría luego. Ahora puedo darme el lujo de construir todo desde el comienzo, digo.

Sí, sé que tengo razón. Pero también es cierto que no estoy sonriendo.

sábado, junio 23, 2007

Ojos de perro azul // Gabriel García Márquez

Me acuerdo clarito que estaba en 4to de primaria y una de mis "travesuras" favoritas consistía en meterme al cuarto que usábamos como biblioteca (luego pasó a ser más bien cuarto de la computadora y luego mi cuarto), agarrar alguno de los libros que había por ahí y ponerme a leer. Hasta el día que agarré este libro de García Márquez llamado Todos los cuentos y me olvidé de todos los demás.

Ya en este 2007, tengo que decir abiertamente que no me gusta mucho García Márquez. De hecho, ya llegó al punto de molestarme. Capaz porque en mi carrera (estudio edición, no literatura), lo tienen ahí como una especie de dios, incluso más que a Borges (pese a ser Argentina), lo cual me llega todavía un poquito más. Pero más allá de eso, me molesta harto que haya tanta alharaca alrededor de un autor que no es más que un gran libro a todas luces memorable (su única novela en mi top 100) como Cien años de soledad y que terminó construyendo toda o casi toda su obra alrededor de eso. Desde luego no es sólo su culpa, porque si analizamos un poco más a fondo, la única obra diferente que intentó publicar García Márquez, Doce cuentos peregrinos, terminó siendo un fracaso absoluto. Moraleja: la gente quiere seguir leyendo Cien años de soledad. Por eso tanto autor del llamado "realismo mágico" (o sea, García Márquez pero con otros nombres), y por eso también hartos problemas en Latinoamérica para aceptar un montón de otros tipos de literatura que han tardado años en llegar a hacerse un espacio.

En fin, volviendo a la historia, ya muchos años después, cuando releí Todos los cuentos, me di cuenta exactamente qué es lo que me había gustado tanto de él. Este libro contiene 3 colecciones de cuentos: Arranca con Ojos de perro azul, sigue con Los funerales de la Mamá Grande y termina finalmente con La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. De esos tres, cuando era chico, y casi sin darme cuenta, siempre me quedé con Ojos de perro azul. Probablemente porque estaba al comienzo. Pero no estaba tan equivocado. De esas tres colecciones, Ojos de perro azul es la colección que incluiría en el top 100, la única otra obra de García Márquez que metería, de hecho (si algún día hago un ranking de libros que deberían gustarme pero me llegan, pondré por ahí El amor en los tiempos del cólera).

¿Por qué Ojos de perro azul? Capaz porque es un García Márquez más joven, más crudo, menos cercano a su posterior obra monumenetal (exceptuando el último cuento del libro, "Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo", que es, oh sorpresa, el que te nombran en la contratapa como "gancho" de venta). Capaz porque tiene cuentos extraordinarios como "La tercera resignación" o "Alguien desordena estas rosas", cuentos que te hacen sentir el despliegue de un tipo que, más allá de toda crítica, es un extraordinario autor. O capaz por mi cuento favorito (hoy, pues en ese tiempo no lo hubiera sabido disfrutar, en todo caso) de esa colección, el cual lleva el nombre de la antología: Ojos de perro azul.

Ojos de perro azul es la historia de un hombre y una mujer que se encuentran en sueños. Se aman con un amor extraño, justamente, de lógica únicamente onírica. Pero fallan en encontrarse en el mundo real, o incluso en averiguar si todo el acontecimiento es real, porque él, al despertar, siempre olvida los sueños. Estos encuentros desesperados parecen ser lo único que los va salvando día a día de una vida que, por lo demás, parece hacerse dura y demasiado insignificante; pero su incapacidad de realizar este deseo los persigue también entonces, pues pese a compartir el sueño, su realización está siempre lejos, en el terreno de lo imposible. Pero si fuera sólo un cuento de un amor imposible, sería difícilmente el gran cuento que es. Ojos de perro azul no es sólo la idea de lo inalcanzable, sino la idea de vivir una vida aparte, con una lógica creada en torno a algo que, quizás, ni siquiera es real. No es una historia de amor, sino de deseo. Y no es una historia siquiera, probablemente sería mucho mejor definir este cuento únicamente como un sueño. Y he ahí el doble giro de ironía y maravilla que escapa de esta obra: la idea de que aquello que puede salvarnos la vida, hacer la gran diferencia, puede terminar escapando a nuestras posibilidades por una simple cuestión de olvido. Que algunas cosas, por importantes que puedan ser, y aunque podrían incluso haber terminado salvándonos; las perdemos todos los días como si fueran monedas qué regalar, casi sin darnos cuenta.

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Recomendable: En cuarto o en exterior, ideal para escapar de la realidad. Para cuando vienes teniendo sueños raros, para cuando sientes que algo podría ser terriblemente importante en tu vida, pero resulta que por x o por z, simplemente no es.
Se lo regalaría a: Un par de personas que me comentaron que no recuerdan lo que sueñan. Para que sepan lo que se podrían estar perdiendo.
García Márquez toma whisky leyendo: "La noche de los alcaravanes", cuento que según García Márquez es su favorito y que considera perfecto, su único escrito, dice él, al que no le cambiaría ni una palabra.
Whisky con links:
Ojos de perro azul
La tercera resignación
La noche de los alcaravanes (a pedido del público)

Ficha técnica:

García Márquez, Gabriel
Ojos de perro azul - Debolsillo (Contemporánea de bolsillo); 2003
192 p.; 13x19 cm.
ISBN: 8420430765










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"Dio dos chupadas al cigarrillo. Yo estaba todavía parado frente al velador cuando me quedé mirándola de pronto. La miré de arriba abajo y todavía era de cobre; pero no ya de metal duro y frío, sino de cobre amarillo, blando, maleable. "Me gustaría tocarte", volví a decir. Y ella dijo: "Lo echarías todo a perder." Yo dije: "Ahora no importa. Bastará con que demos vuelta a la almohada para volvamos a encontrarnos."

Y tendí la mano por encima del velador. Ella no se movió. "Lo echarías todo a perder" volvió a decir, antes que yo pudiera tocarla. "Tal vez, si das la vuelta por detrás del velador, despertaríamos sobresaltados quién sabe en qué parte del mundo." Pero yo insistí: "No importa." Y ella dijo: "Si diéramos la vuelta a la almohada, volveríamos a encontrarnos. Pero tú, cuando despiertes, lo habrás olvidado." Empecé entonces a moverme hacia el rincón. Ella quedó atrás, calentándose las manos sobre la llama. Y todavía no estaba yo junto al asiento cuando le oí decir a mis espaldas: "Cuando despierto a medianoche, me quedo dando vuelta a la cama, con los hilos de la almohada ardiéndome en la rodilla y repitiendo hasta el amanecer: Ojos de perro azul"."

jueves, junio 21, 2007

Descubrimiento

Eso es el día a día. Un relatar imposible de encontrar de otro modo, una memoria que olvida con facilidad, por conveniencia, por instinto, por una cuestión inevitable de salvar la adversidad, o cualquiera de esas excusas que no nos sirven más que para descubrir lo incierto como un reflejo de lo que alguna vez fue una especie de verdad a medias. Pero en mi día a día, te sigo dibujando a ti. Ahora más que antes, ahora con más claridad. Afuera llueve en esta ciudad plateada, aquí el tiempo me escasea y me sobra porque te llevo conmigo de una manera incalculada e incalculable. Ves, como que todo se conjuga. Las lunas en alguna ciudad lejana, las lunas pálidas en Buenos Aires, los destellos descarados de esa misma luna (que en verdad es tantas otras) en medio del gris de mi ciudad, tú, gitana, aquella luna en un nombre (una forma de deshacer constelaciones con los dedos, una palabra generosa, una risa virtualmente imposible, analógicamente existente aunque lejana y excesivamente próxima), una luna que me acaricia con sus manos frías para hacerme sentir algún calor de nuevo, en esas noches de invierno que duelen más y menos, en esas mañanas de invierno que no son todas iguales porque estoy lejos de casa, pero que lo son también desde que he descubierto lo doloroso, lo terrible e insalvable que es despertar y que no estés aquí conmigo.

jueves, junio 14, 2007

Un sueño // Franz Kafka

Yo no creo que este sea un cuento de ambiente. Al menos no en el sentido estricto de lo que se le suele llamar literatura de ambiente. Normalmente aquello de los géneros me importa poco, realmente no suele tener mayor trascendencia. Pero en el caso de este cuento en particular, para mí es sumamente importante entenderlo así. Sencillamente porque lo que cambia es la interpretación, y ello convierte a todo el cuento en una historia absolutamente diferente depende de cómo la leamos.

Quizás sea más importante definirlo de acuerdo a dos posibles interpretaciones: si existe un allá afuera y un mundo del sueño; o si acaso se trata todo de un solo mundo terriblemente confuso y cuya línea divisoria es simplemente imaginaria. Una vez más, la obra cambia íntegra en sí misma, pues de un modo sabemos que el despertar es un rompimiento con ese mundo, ocurra lo que ocurra en él y que todo rezago del mismo se vuelve nada más que una interpretación subjetiva. Pero del otro modo pasa algo muy distinto: somos perseguidos por el sueño hasta lo que nosotros creemos seguro, hasta el lugar donde nosotros sentimos que podemos dejar de sentirnos ajenos a las leyes que conocemos. Y justamente por eso, le creo más a la segunda interpretación cuando leo a Kafka. Porque si hay algo de lo que estoy seguro en su obra, es que para él todas las leyes que nos rigen nos son ajenas, externas, incontrolables. Todo en sí, incluso el despertar, no es, pues, más que un sueño.

Respecto a este cuento en particular, habla también de la muerte, claro. Pero no de la muerte como una especie de pesadilla, sino como un sueño bizarro, donde muy por el contrario, la muerte se contempla como un anhelo, una liberación, quizás ya que estamos hablando de Kafka, una metamorfosis (supongo que de eso se tendrá que hablar largo y tendido cuando reseñe esa obra). Y es sumamente importante que ese anhelo se nos presente en un cuento con rasgos oníricos, porque viene a colación con aquello que decíamos sobre una realidad mezclada: la idea de que nada está definido en sí mismo. Que así como el sueño y la vigilia no están divididios por un umbral, sino que sencillamente lo comparten; tampoco lo hace la vida con respecto a la muerte, sino todo lo contrario.

Este cuento es la idea de una muerte que nos hace renacer, o de la contemplación de la vida a través de una experiencia con su propio fin. Un sueño que a todas luces termina por la fuerza en un despertar, pero que no conforme con ello, contempla con nostalgia la posibilidad de que, quizás algunas veces, vivimos más cuando dormimos que al salir a ese allá afuera que llamamos con algo de resignación "el mundo".

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Recomendable: Una noche de insomnio.
Whisky con link: Un sueño

Ficha técnica: Kafka, Franz. "Un sueño", en Un médico rural.

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"Comenzó a sonar de un modo inoportuno la campanilla de la capilla perteneciente a la tumba, pero el artista hizo un ademán y la campana se detuvo. Transcurrido un crato comenzó a sonar de nuevo, esta vez en un tono muy bajo y deteniéndose al instante sin nigún requerimiento. Era como si quiesiera probar su sonido. K estaba desconsolado por la situación del artista, comenzó a llorar y sollozó largo tiempo cubriéndose el rostro con las manos. El artista esperó hasta que K se hubo tranquilizado y entonces decidió seguir escribiendo, ya que no encontraba otra salida."

lunes, junio 11, 2007

Otro despertar violento

Odio el insomnio porque me provoca cansancio todo el día, pero odio todavía más las pesadillas. Soñé cosas entre horribles y extrañas toda la noche. Soñé con algo así como una historia de amor también, pero no terminaba muy bien. Luego soñé que me perseguían, por alguna razón, un montón de tipos rarísimos a quienes nunca había visto; en un edificio cuyos sótanos eran algo así como las vías del subte. Yo no tenía encima mi navaja, así que intentaba huir corriendo, primero por pasillos llenos de oficinas, luego por una escalera que se me hacía interminable. Me desperté muy agitado, un instante después de haber salido por el primer piso que resultaba ser la salida a la calle.

Pero acá afuera todo parece igual que en el sueño. Uno no sabe quién lo persigue ni por qué, pero tan pronto despierto me doy cuenta que otra vez estoy corriendo.

sábado, junio 09, 2007

El diccionario del diablo // Ambrose Bierce

Ambros Bierce es un escritor único. Es uno de los cuentistas más importantes del siglo XIX, influenció a muchísimos autores posteriores y tuvo una trascendencia notable en el Estados Unidos de su época. Todo lo cual no es poca cosa para un escritor con un estilo difícilmente apreciable por una sociedad a la cual criticaba muy duramente... Críticas que por cierto, no han perdido vigencia en absoluto.

Su vida es extraordinaria también, porque parece una de esas personas que les encantaba fastidiar, subvertir, en fin... todo aquello que tuviera que ver con no dejar en paz a las personas que no merecen paz. Y así como vivió se fue, polémico, controversial, simplemente desapareció de la faz de la tierra sin dejar rastro alguno. Como dejándonos con preguntas para poder seguir burlándose de la vida incluso después de ella. Y espero sepan disculparme, pero para mí eso es lo más cerca que ha llegado nadie de la inmortalidad.

Sobre su obra... Pues es genial cuando algo es simple, o hasta básico, y no por ello deja de tener una calidad impecable. Probablemente pasa eso con Ambrose Bierce: que no sólo es el sarcasmo maravilloso que sostiene en toda su obra (incluso en los cuentos "dramáticos"), sino que además es dueño de una simpleza, una dureza lúcida y siempre en búsqueda de una distancia con respecto a lo sentimental; algo que hace de su obra una especie de literatura "sin rodeos", y donde las cosas son redefinidas en una visión que, la verdad, me parece extremadamente necesaria en un mundo como el que vivimos hoy.

El diccionario del diablo, es sin duda alguna su obra más famosa, aunque vale la pena aclarar que el total de sus trabajos es altamente recomendable, pues debe ser uno de los escritores más versátiles que ha visto la literatura norteamericana, manteniendo igual calidad en prácticamente todos los géneros en que incurrió. Pero volviendo a lo nuestro, ¿qué hay de este libro? Bueno, quizás que consiste en redefinir no sólo palabras, sino en general, un universo. El diccionario del diablo es sin duda una parodia, pero no es sólo un gigantesco tratado que pretende caricaturizar al mundo. Sino que mucho más allá, busca el traslado del mundo íntegro a un universo especial que el autor comparte con nosotros sin el más mínimo reparo de si estaremos o no de acuerdo con su irreverente pero terriblemente aplastante lógica personal. Bierce en ese sentido jamás tiene concesiones, y eso, finalmente es la vida.

Lo realmente fantástico de este trabajo (mucho más allá de lo hilarante que resulta -ojo quienes piensan leerlo en espacios públicos, pues reírse es inevitable-), es justamente que es una manera de burlarse de la vida, pero siempre a sabiendas de que la vida también se burlará de uno. Eso Bierce lo ha de saber como nadie más, pues sus definiciones no son locas aseveraciones o reinterpretaciones caprichosas, sino que son sarcasmo en el sentido más puro de la palabra, porque siempre contienen algo de verdad. O para ser más justos con el autor, de realidad. Se basan en las pequeñas cosas sobreentendidas de la cotidianidad que todos compartimos aunque a veces sea durísimo (o simplemente demasiado sardónico) admitir. Es un intento (vano desde ya, pero definitivamente intencional) de recomponer las miles de visiones de la vida no en un sólo criterio universal, sino en una falta de criterio. Como quien, al aceptar que hay cosas que escapan al entendimiento, opta por una sana burla sarcástica en vez de una igualmente vana (pero definitivamente mucho más aburrida) persecución mística.

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Recomendable: Cuando estás de "ese humor" en el que lo sarcástico te parece la gran solución del universo. Cuando dices "nadie me entiende" y estás dispuesto a darte cuenta de que probablemente tienes razón. Simplemente cuando quieres reírte un rato.
Se lo regalaría a: Todo el mundo. Si todos le hiciéramos caso a Ambrose Bierce, el mundo sería mucho mejor.
Bierce tomaba whisky con...: Pancho Villa. Resulta que cuando ya había llegado a los 70, Bierce sintió ganas de peregrinar con sus viejos compañeros de guerra, y cuando llegó a Ciudad Juárez, decidió unirse a la revolución del popular Pancho Villa, poco antes de su famosa y hasta ahora misteriosa desaparición.
Whisky con link: El diccionario del diablo

Ficha técnica:

Bierce, Ambrose
El diccionario del diablo - Valdemar; 1996
288 p.; 11x17cm.
ISBN: 8477021597








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"Aborígenes, s. Seres de escaso mérito que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejarán de entorpecer; entonces, fertilizan.

Beber, v. t. e. i. Echar un trago, ponerse en curda, chupar, empinar el codo, mamarse, embriagarse. El individuo que se da a la bebida es mal visto, pero las naciones bebedoras ocupan la vanguardia de la civilización y el poder. Enfrentados con los cristianos que beben mucho, los abstemios mahometanos se derrumban como el pasto frente a la guadaña. En la India, cien mil británicos comedores de carne y cupadores de brandy con soda subyugan a doscientos cincuenta millones de abstemios vegetarianos de la misma raza aria. ¡Y con cuánta gallardía el norteamericano bebedor de whisky desalojó al moderado español de sus posesiones! Desde la época en que los piratas nórdicos asolaron las costas de Europa occidental y durmieron, borrachos, en cada puerto conquistado, ha sido lo mismo: en todas partes las naciones que toman demasiado, pelean bien, aunque no las acompañe la justicia.

Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.

Gato, s. Autómata blando e indestructible que nos da la naturaleza para que lo pateemos cuando las cosas andan mal en el círculo doméstico.

Indiscresión, s. Culpa de las mujeres.

Peatón, s. Para un automóvil, parte movediza (y audible) del camino.

Voto, s. Instrumento y símbolo de la facultad del hombre libre de hacer de sí mismo un tonto y de su país una ruina."

martes, junio 05, 2007

Mundo de Babel

Cada vez estoy más convencido de que todos hablamos un idioma diferente. A veces miro por la ventana y me cuesta pensar que se haya construido todo lo que veo. Parques, edificios, sistemas de alcantarillados, automóviles, restaurantes, cochecitos para bebés, medicamentos, mangueras, medias de lana… ¿Cómo lo habremos hecho cuando hablamos todos en realidad un idioma distinto? ¿Cómo comunica un arquitecto a su ingeniero el diseño que tiene en la cabeza, cuando éste está irradiado de sensaciones, pensamientos, motivaciones? ¿No es cierto acaso que es terriblemente difícil encontrar a alguien que simplemente entienda?

Muchos se han ocupado de ese tema, claro, pero sigo sin estar muy convencido de las respuestas que esos muchos han hallado. Si yo no puedo entender lo que la única persona que quería entender me dice, y si no puedo hacerlo porque nuestros idiomas son tan distintos… ¿Cómo es que ese perfecto desconocido le pregunta la hora a aquella señora con vestido de flores turquesas y ella le da una indicación correcta? Algunos me dirán “un simple acuerdo estandarizado”. Pues sí, pero si yo le contestara que para mí es una hora diferente, no estaría mintiendo, ¿verdad? Cuántas cosas hay que inferir del idioma de otro. En realidad ese señor no pregunta qué hora es. Le está pidiendo a esa señora que le diga la hora que él, y sólo él necesita saber.

Nadie merece entenderse tanto como dos personas que se quieren. Y sin embargo, quizás el entendimiento se trata de una sucesión de infinitas coincidencias organizadas así para que el mundo no se destruya. Pero mientras más íntima se hace una relación, mientras más veces ponemos a prueba esa asombrosa estructura de causalidades organizadas que nosotros llamamos “comunicación”, más vamos precipitándonos hacia su inminente colapso. Se crea allí un giro, sin embargo, pues les toca a esos dos amantes, a esas dos personas que se han jurado el más alto grado de intimidad, la construcción de un nuevo idioma, uno que no sea individual y sólo ligado al mundo ajeno por coincidencias o causalidades tan frágiles como un hilo. Les toca construir un único idioma que ambos puedan aceptar y pensar sin lugar a error. Les toca el arduo pero reconfortante trabajo de redefinir absolutamente todas las palabras y volverlas suyas. Y con ello reconstruyen un mundo que de otra forma les estaría negado, se reconstruyen a sí mismos y tienen además la suerte de saber, ya sin lugar a duda, que alguien se ha preocupado de definirlos a ellos mismos.

Es por ello que sólo en la intimidad de un amor conocemos nuestra verdadera identidad.

sábado, junio 02, 2007

10 cuentos para el chico/a con fiebre un sábado por la noche

O sea que ni para eso tuviste suerte. No te bastó con una semana de aquellas, encima cuando dijiste "hoy voy y me desquito", resulta que no, que estás en la cama, con ningunas ganas de ni siquiera pararte para ir al baño, y lo único que vas a tomar es algún jarabe para la tos o algo así. O capaz no estás enfermo, capaz simplemente te quedaste sin planes, te cancelaron todos a última hora. O capaz estás en esa fase en la que simplemente no quieres saber nada de la calle. La cosa es que ya no sabes qué hacer. ¿La tele? No pues, es sábado por la noche y evidentemente no hay nada interesante allí tampoco, a menos que por interesante entiendas el partido de fútbol intrascendente que pusieron para rellenar; o el capítulo de la serie que sigues, pero que ya viste tres veces esta semana.

Pero quizás quieres intentar algo diferente. Un whisky doble para el alma tiene algo para ti: 10 cuentos especialmente recomendados para esta noche (o cualquier noche que suene parecida). No son, definitivamente, los mejores cuentos que conozco. Pero sé que son cuentos que encuentro divertidos. Tampoco son la clase de cuentos que te cambian la suerte. Pero sí son, de eso estoy seguro, cuentos que tienen que ver con la suerte de un modo u otro. Y sabes qué. A veces la mejor forma de atraer a la buena suerte es mandarla reverendamente al diablo. Estos 10 cuentos hacen eso. Así que si no sabías cómo, servido.

1. Escándalo en Bohemia - Sir Arthur Conan Doyle

Difícil elegir un cuento de la larguísima serie de Sherlock Holmes... Pero finalmente quedó por dos motivos: primero, porque es un excelente cuento para abrir cualquier lista, y segundo porque es uno de los cuentos más versátiles de esta saga detectivesca: ideal primer cuento para quienes jamás llegaron a leer sobre el detective londinense más famoso de todos los tiempos, y excelente cuento para volver cuando ya estamos familiarizados con este mundo. Además, siempre tuve algo por la mujer.

Whisky con link: Escándalo en Bohemia


2. Una rebelión de los dioses - Ambrose Bierce

Para quienes no leyeron El diccionario del diablo, pues aquí les traigo a un autor que verdaderamente vale la pena conocer. La irreverencia de Ambrose Bierce, es la dosis exacta que uno necesita para burlarse de la vida. Este cuento va porque, como siempre digo, la vida siempre se ríe de uno, así que qué nos queda a nosotros sino hacer lo mismo con ella. Bueno, aquí hay una excelente razón para hacerlo.

Whisky con link: Una rebelión de los dioses


3. El desafío - Mario Vargas LLosa

Cuento considerablemente más "serio" que los demás, es el toque dramático de la lista. Cuento tenso, de los primeros de Vargas Llosa, pero que definitivamente vale la pena leer. No sé por qué se me ocurrió que combinaba bien, capaz tiene que ver con algo así como poner algo de tensión en el camino, o capaz porque en algún punto siempre lo he considerado un buen ejemplo de las situaciones que comúnmente enfrentamos. Pero probablemente es sólo porque el cuento es muy bueno.

P.S.: Dedicado a la amiga que tuvo un sueño en el que yo le decía "total... hoy es un buen día para dejarse matar".

Whisky con link: El desafío


4. Fracaso - Anton Chejov

Chejov tenía que venir a esta fiesta, y aunque seguramente hay muchos cuentos que podrían haber quedado en esta lista, si hablamos de suerte, este es el cuento ideal... Dedicado especialmente a todos los solteros empedernidos.

Whisky con link: Fracaso


5. El corazón delator - Edgar Allan Poe

¿Clásico? Sí ¿Conocidísimo? Sí ¿Hartos? Nunca.

Whisky con link: El corazón delator


6. La muerte y la brújula - Jorge Luis Borges
Qué cuento extraordinario y para colmo divertido... Para leer con detalle y disfrutarlo íntegro. Aquí es donde el maestro Borges nos da una cátedra acerca del significado de la "suerte", como un detalle, una pieza mínima que pudo pasar inadvertida para todos, pero que termina subvirtiendo el orden completamente, cambiando los destinos, alterando el curso de lo esperado... De lo mejorcito de Borges.

Whisky con link: La muerte y la brújula


7. El viejo en el puente - Ernest Hemingway

Está bien, este no es un cuento, sino un relato... a quién le importa. Para los que creen que tienen mala suerte. Sólo que a veces es simple cuestión de perspectivas.

Whisky con link: El viejo en el puente


8. La noche boca arriba - Julio Cortázar

Cortázar siempre aportándonos los elementos para una noche divertida: cuento fantasioso, con excelente ritmo, y si de verdad estás tan maldito que tienes fiebre un sábado por la noche, pues para colmo por ahí terminas identificado con el personaje. Si eso pasara, pues qué miedo.

Whisky con link: La noche boca arriba


9. Un comentario - Franz Kafka

"Era muy temprano por la mañana, las calles estaban completamente vacías, yo me dirigía a la estacion. Cuando comparé la hora de mi reloj con la del reloj de una torre, comprobé que era más tarde de lo que yo había creído. Tenía que darme mucha prisa, el susto que me dio el retraso hizo que quedara inseguro acerca del camino que debía tomar, no conocía muy bien la ciudad, afortunadamente había un policía cerca, corrí hacia él y le pregunté por el camino sin respiración. Él sonrió y dijo:

- ¿De mí quieres saber el camino?
- Sí - dije -, pues no lo puedo encontrar.
- Renuncia, renuncia. - dijo él, y se dio la vuelta con gran ímpetu, como la gente que quiere estar a solas con su risa."


10. La insignia - Julio Ramón Ribeyro

Y, por supuesto, esta obra maestra de Ribeyro. Como quien dice "mejor suerte para la próxima".

Whisky con link: La insignia