Pero yo insisto en llamar a mi novia, en escuchar a mis amigos, conversar con mi jefe, pasar tiempo con mis padres. Y eso que algunos llaman ser buen tipo no es más que un intento desesperado de llevarme su tiempo y sumarlo al mío, recordar lo que se sentía no usar reloj, qué sé yo, ser solamente un niño.
Capaz porque uno lee con los sentidos más que con la erudición. Porque el whisky sabe mejor cuando estás con amigos que cuando estás catando. Porque leer no se trata de hurgar en los cimientos, sino de sentir. Porque nadie puede estar a la intemperie mucho rato. Porque de vez en cuando dan ganas de decir algo.
domingo, septiembre 23, 2007
Sedición del tiempo
Pero yo insisto en llamar a mi novia, en escuchar a mis amigos, conversar con mi jefe, pasar tiempo con mis padres. Y eso que algunos llaman ser buen tipo no es más que un intento desesperado de llevarme su tiempo y sumarlo al mío, recordar lo que se sentía no usar reloj, qué sé yo, ser solamente un niño.
martes, septiembre 18, 2007
El extranjero // Albert Camus
"Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: "Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias". Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer. El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla, y regresaré mañana por la noche. Pedí dos días de licencia a mi patrón y no pudo negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: "No es culpa mía". No me respondió. Pensé entonces que no debí haber dicho esto. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él presentarme las condolencias. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido un aspecto más oficial."
viernes, septiembre 07, 2007
Inercia
jueves, agosto 30, 2007
Rayuela // Julio Cortázar
Años después, una noche de insomnio, me di cuenta que me la había llevado a Buenos Aires, supongo que por asociación al momento de hacer las maletas. Descubrí que recordaba poco y nada de la novela en sí, así que empecé de nuevo a leerla. Y oh decepción. Fue triste y fue un error. No sé, como que nunca más fue lo mismo. Como que mi amor fue eso: esa muchacha que a los quince años te parece la mujer de tu vida, pero que cuando la encuentras años después en una reunión se ha quedado completamente en el pasado, y tú sólo puedes pensar "pero qué demonios tenía en la cabeza". No me parece que sea una mala novela. Tampoco creo que mis gustos me hallan llevado lejos, en absoluto. Pero es como si ahora lo mejor de Rayuela es que me llevó a adquirir un gusto genuino por Cortázar, gusto que conservo hasta hoy. Y sin embargo, ya no puedo dejar de ver a Oliveira como un tipo que murió ahogado en su fantasía adolescente, a la Maga como la mujer con la que nunca estaría porque sé que se trata, justamente, de un fantasma esquivo, hecho sólo para sentir dolor, todo lo cual está muy bien, hasta que descubres que en realidad el sufrimiento es la parte fácil de la vida y lo verdaderamente duro es hacerse fuerte para darse uno mismo la oportunidad de ser feliz.
Por otro lado, me gusta saber que no he olvidado del todo. Sigue siendo un libro que me atrae por la cantidad de lecturas que ofrece, por la manera como aborda el espacio interior de sus personajes, por cómo representa una época, no solo a nivel personal. Además, la escena que transcribo más abajo me parece sencillamente hermosa, una de las descripciones que más veces debo haber releído aisladamente. Finalmente, y para ser justos con la novela, no sé si me arrepiento de esa segunda lectura. Sé por un lado, que no habrá una tercera, al menos por ahora. Pero sé también que así como hay gente que uno preferiría no haberse reencontrado para mantener un buen recuerdo, es parte de la realidad afrontar el pasado y enfrentarse al cambio que uno mismo ha elegido para su vida. Qué sé yo, ni siquiera sé si este es un post para recomendar o para comentar. Quizás algún día no sea una historia triste (alguien me dijo una vez que esos amores adolescentes te persiguen para toda tu vida) y me den ganas de no haber escrito así sobre Rayuela. Pero saben qué, este post está aquí porque cuando pensaba en una novela sobre ese sentimiento y se me vino a la mente Rayuela, pensé "pero esa novela ya no me gusta". Y entonces se me vino una segunda pregunta, no sé si más adecuada, pero definitivamente mucho más válida: "¿la recomendaría?".
Y el resto, como dicen, es historia.
Se lo regalaría a: Un par de personas que se quedaron en el pasado.
Ficha técnica:
Rayuela - Punto de Lectura
(Narrativa); 2001
720 p.; 11x18 cm.
ISBN: 9788466304634
"En el pabellón de la izquierda se apagó la luz de la farmacia. Talita salió al patio, cerró con llave (se la veía muy bien a la luz del cielo estrellado y caliente) y se acercó indecisa a la fuente. Oliveira le silbó bajito, pero Talita siguió mirando el chorro de agua, y hasta acercó un dedo experimental y lo mantuvo un momento en el agua. Después cruzó el patio, pisoteando sin orden la rayuela, y desapareció debajo de la ventana de Oliveira. Todo había sido un poco como en las pinturas de Leonora Carrington, la noche con Talita y la rayuela, un entrecruzamiento de líneas ignorándose, un chorrito de agua en una fuente."
domingo, agosto 26, 2007
Fantasmagoría
Pudiste advertirme tantas cosas. Pudiste hablarme en vez de dejarlo siempre todo sobreentendido, para así hacerme sentir que me tratabas exactamente igual como a tantos otros, que no evitábamos el contacto con un mundo que nos había lastimado tanto a ambos. Pudiste haberme evitado antes y acercarte después en vez de hacerlo de manera opuesta. Pudiste haberme explicado, pudiste haber no confiado en mí desde el primer momento, pudiste no aceptar mis disculpas y pudiste dejarte ser en una frialdad hiriente que no era más que los rezagos de la ciudad a la que perteneces. Pero fuiste otra cosa, completamente otra. Tú eras la única argentina del mundo que sonreía como si no hubiera nada de qué desconfiar. Eras eso y no porque yo te hubiera convertido, sino porque en tu naturaleza se dibujaba esa sonrisa como lo único rescatable de un montón de espejos infranqueables. Y no tienes ni idea de lo mucho que me doliste. No tienes idea de cuántos años le toma a un hombre aprender a llorar en silencio. No tienes idea de lo mucho que golpea una realidad que se ha ocultado detrás de una sonrisa como la tuya y que aparece en un cuarto oscuro, como una red pegajosa de oscuridades impalpables, como un reloj que se mueve demasiado a prisa para la lentitud y demasiado sosegado para el transcurso verdadero del tiempo, como una soledad próxima, dulce y por eso más dolorosa, como el filo de una noche más en vela, añorando cada espacio, cada porción de un recuerdo que no es más que todo lo que uno conoce ve y ha visto, que no es más que el inventario perfecto de un montón de líneas que no dijeron nada nunca y que pudieron más bien permanecer en silencio como tú pudiste permanecer en silencio y evitarme una noche de confrontarme a mí y perder contra todo el universo.
viernes, agosto 17, 2007
La metamorfosis // Franz Kafka
Recomendable: Cuando uno es un insecto. Cuando uno se despierta convertido en algo que no era. Cuando la resignación es la única vía para nuestra siguiente metamorfosis.
Kafka, Fanz-0-
"Gregor pasaba las noches y los días casi sin dormir. A veces pensaba que al abrirse la puerta volvería a asumir los asuntos de la familia, como antes. Últimamente, después de mucho tiempo, aparecían en sus pensamientos el jefe, el apoderado, los compañeros y los aprendices, el criado tan lerdo, dos de sus amigos de otros negocios, una camarera de un hotel de la provincia; también un recuerdo fugaz y querido: la cajera de una sombrerería a la que había pretendido seriamente pero con demasiada lentitud; todos aparecían mezclados con extraños o con gente ya olvidada, pero en vez de ayudarle a él y a su familia, todos se mostraban inaccesibles, así que se alegraba cuando desaparecían. Después, ya no estaba de humor para preocuparse de la familia, sólo le invadía la furia por la pésima atención que recibía, y aunque no tenía una clara idea de los alimentos que apetecía, hacía planes, sin embargo, para llegar hasta la despensa y allí coger, aunque no tuviera hambre, todo lo que le correspondía por derecho."
martes, agosto 14, 2007
Dura vita, sed vita
Dura vita, sed vita. Maravillosa frase porque con toda la carga desgarradora y fatalista que trae, tiene también un lado hermoso y absolutamente inspirador, cosa que vale mucho más que esas frases huecas y optimistas que nos vende el mundo en su afán hipócrita de hacernos creer que todo es color de rosa. No. Cuando la verdad es dura pero trae esperanza, es una sensación mil veces más suprema que la falsa felicidad armada sobre cimientos débiles. Y es que ese lado positivo es la gran razón para seguir viviendo: es la libertad. La libertad de saber que sin control podemos rendirnos al hermoso torbellino del caos, sentir sin culpa, disfrutar de las emociones aunque sean pasajeras y aunque no siempre nos lleven al destino que queríamos.
No hay que pasar nunca por alto lo importante de esa libertad. Nunca. Tiene todo el valor del mundo, porque significa que no necesitamos olvidar todo lo que nos hace daño, y que no tenemos que obligarnos a ello. Que el olvido debería ser un proceso de cura, no una automutilación. Que podemos y debemos vivir la vida dispuestos a caer y a ensuciarnos y a lastimarnos de vez en cuando; y no como aquél que abandona el campo de batalla de puntillas, en secreto, como un cobarde de aquellos que le tienen miedo no solo a la muerte, sino también a la idea de vencerla simplemente porque no saben lo que vendrá después.
sábado, agosto 11, 2007
Una princesa en Berlín // Arthur R.G. Solmssen
Creo que la cantidad de veces en el día en que recuerdo la escena de algún libro es bastante alta. Pero la cantidad de veces que me he sentido exactamente como un personaje no son tantas. La cantidad de veces que he leído una escena para descubrir que estaba leyendo mi propia vida sin duda alguna... No. Eso definitivamente ha ocurrido sólo con libros muy especiales, pocos y en momentos muy particulares también. Quizás por eso me costó tanto sentarme a escribir sobre este libro. Podría ser menos trágico al respecto, supongo. Pero es que extraño todas esas cosas. Todo ese tiempo que pasamos juntos.
Sobre cómo conocí a la princesa y por qué hay que hablar de ella
No me acuerdo exactamente cómo llegó a mi lista de pendientes. Pero recuerdo que me lo trajo una amiga de España de una lista larga que le pedí, como para que elija un par. Justo trajo este que la verdad no tenía mucha idea de por qué me animé a pedírselo. Lo agarré una tarde en la casa de mi entonces pareja, asumo que después de algún pleito o algo semejante, lo cual no era nada raro en esa época. Y luego recuerdo haberlo leído en mi facultad de Lima, mientras almorzaba y esperaba (con poquísimas ganas) las clases de matemática. Creo que hasta llegué a faltar a un par para poder seguir leyendo. Luego recuerdo haberlo olvidado en una clase por estar leyendo en vez de prestar atención. Llegué a mi casa, me di cuenta que faltaba el libro y llamé a una amiga a ver si me lo rescataba. No sé cómo, pero el libro seguía ahí. Y lo terminé ese mismo día.
Desde entonces lo he vuelto a leer dos veces. Una mientras vivía en Buenos Aires. La otra hace una semana, mientras viajaba de regreso a Lima. Me demoré en terminar esta segunda leída por cosas del trabajo y porque era una especie de lectura simbólica, en realidad tengo una pila de libros que me acaban de regalar que estoy devorándome y de los cuales seguro comentaré. Pero además de eso, no me animaba a postear. Mejor dicho, me moría de ganas hace tiempo de hablar de este libro. Dije "el día que me regrese de Buenos Aires es el día". Lo fue. Pero al final pasó lo que tenía que pasar: tuve que cerciorarme de que no era un final en absoluto. Y ahora sé que no lo es. Entonces puedo, ahora sí, sentarme desde la calma de ya no sentirme un personaje y hablar de ello. No es que no quisiera compartir lo otro. Es que creo que cuando ocurre, nadie, absolutamente nadie más puede terminar de penetrar en ese sentimiento. Y escribir sabiendo que no se podrá conmover, no es nada más que una forma refinada de masoquismo.
Algo así como una reseña
Léanlo. Creo que cuando uno no tiene que decir absolutamente nada sobre un libro más que eso, es porque realmente estamos ante una obra espléndida. Ésta lo es. En primer lugar, es estructuralmente perfecta. Técnicamente es más que genial. Y dudo que haya alguien que no se conmueva con él.
Una princesa en Berlín es la historia de un artista estadounidense que decide viajar a la Alemania de la década del 20. La primera guerra mundial acaba de concluir, Alemania está devastada y la hiperinflación le da a Peter Ellis, el protagonista, la posibilidad de vivir holgadamente e ir descubriendo la verdadera identidad de esa ciudad de doble filo. Así Ellis irá descubriendo en Berlín un lugar propio, tanto para su arte como para él mismo, personas que lo cambiarán y lo harán sentir, quizás, que algunas ciudades tienen un alma propia que nos posee, que sencillamente nos hacen parte de ellas. Pero al mismo tiempo, no podrá ser ajeno a los cambios que se producen alrededor de él, y pronto la Alemania que empieza a convertirse en eso que se dice hogar, terminará por envolverlo a él y al resto de personajes en una marejada política y social de la que nadie saldrá ileso.
Y un breve por qué
Porque en el avión, mientras miraba por la ventana (esa persona sabe que pensaba en ella) me di cuenta que entendía perfectamente a ese personaje, que la escena final es exactamente una escena de mi vida. Porque no existen las coincidencias y yo también le tengo miedo a los sueños de amital. Pero sobre todas las cosas, porque es una novela que nadie debería dejar de leer. Creo que una gran novela dice mucho, pero una extraordinaria novela te hace sentir que no todo está dicho. Y pues, quizás este sea uno de esos casos raros. Por lo pronto, ya sé que no soy como Peter Ellis y eso me reconforta. Pero no me he olvidado lo que se siente haberme sentido uno con ese personaje, haberme sentido parte de una novela que es mi vida y a la vez no. Demasiado personal para una recomendación tan categórica, dirán muchos. Pero bueno, nunca he sido bueno recomendando si no es desde mí mismo. Capaz algún día tenga la suerte de despertar y ser otro. Por ahora, estoy contento así. Y con suerte, alguno de ustedes encontrará algo parecido. Salud por eso, y si no, ya será con otro libro. Todavía hay muchos más de los que podemos conversar.
Se lo regalaría a: Todas las personas que conozco. Pero a una en especial. Sabe quién es, o al menos eso espero. Y para que no le quepa duda, le puedo decir simplemente esto: mira.
¿Whisky con desazón?: Es que conozco tres novelas de este autor. Una mediocre, la otra regular, esta extraordinaria. No creo que importe mucho, pero vale el dato para los interesados.
Ficha técnica:
Una princesa en Berlín - Tusquets
(Andanzas); 1994
408 p.; 13x20 cm.
ISBN: 9788472237391
"La orquesta volvía a tocar.Hay un largo sendero serpenteante
en mis sueños de amital...Qué extraña canción, pensé. Ya no pensaba con claridad, lo cual era mi propósito, y tampoco me mantenía firme sobre los pies.
[...]
Dejamos atrás el faro de Brunsbütell y entramos en el ancho estuario del Elba. La banda en la cubierta enmudeció; todos, pasajeros y músicos, tenían que descansar antes del desenfreno del Slyvesterabend.
"Warun denn weinen, había escrito ella, wenn man auseinandergeht, Wenn and er nächsten. Ecke schon ein Andrer steht?"
"¿Por qué llorar? ¿Por qué no? No hay nadie en la próxima esquina, nadie a quien quiera tanto... y nunca lo habrá... entonces, ¿por qué no llorar?
Sin dirección, sin fecha, sin firma."
domingo, agosto 05, 2007
Ya en casa
Uno llega a deshacerse de su pasado por capricho, pero retomarlo, eso ya es cuestión de estupidez. Uno puede pretender no estar más cuando el tiempo lo devora, uno puede culparse o analizar situaciones que pudieron ser cambiadas pero sencillamente permanecieron como están, por cobardía, falta de tiempo o falta de algo irreconocible ya, pues el recorrido de lo que jamás pasó siempre conduce al misterio de una interrogante. Ese día, sus ojos cerrados. Ellos han sido mi interrogante por demasiado y ya tan poco tiempo. Ella, una especie de juez terrible que ha acosado mi conciencia, mi vida, mis sentimientos y hasta mis sueños en una ciudad lejana y terrible, a donde quiero llevarla y que ella ni siquiera conoce. Injusto referirme a ello como algo separado del hoy, como una simple consecuencia de un pasado que prefiero no mirar. Injusto porque vamos, yo sé que la culpa sigue siendo mía, aunque algunas veces sea más fácil sonreír y pretender que no hay culpables, que seré yo mismo pronto. Pero no sé si eso es cierto. Sé sólo que la quiero y que quererla es bastante difícil de por sí. Y saberla con alguien que no tendrá seguro los mismos recuerdos que yo, me hace la vida imposible y las noches más solas. Si mis intenciones son lo que son, me da igual ahora. Quererla ha sido algo así como mi última esperanza de sobrevivir a aquello a lo que uno no puede sobrevivir por más que se aferre a la vida con los dientes, por más que se arañen las faldas de cualquier ladera para evitar una caída que conlleva algo hasta peor que la muerte: la caída. Entonces sí que todo esto se me vuelve una especie de mezcla ácida en la garganta, entre ese recuerdo de sus ojos cerrados y mis ganas terribles de besarlos y despertarla para poder despertar también. Pero si sólo fuera eso lo haría. El problema es que quiero despertar a su costado.
Cuando uno juega a algo peligroso, la única manera de asegurar una victoria es no tener nada que perder. Pero al perder algo, uno se vuelve débil, uno se vuelve Aquiles y su talón al mismo tiempo, uno expone el cuerpo, la vida, la existencia y hasta esa esperanza que es lo que lo mantiene a uno a flote. El resto, por supuesto, es simple consecuencia de lo que ocurra o no ocurra luego. Y si yo la pierdo a ella, habré perdido también. Con mi pasado, con ella, conmigo, con el tipo que la tenga; pero de nuevo y sobretodo conmigo, con la ciudad plateada, con la gris, con mis soledades y mis memorias de humo, con estos días que se me hacen puñales en cualquier reloj que vea, con sus ojos cerrados ese día hace ya tanto y tan poco tiempo.
sábado, julio 28, 2007
Perorata del apestado // Gesualdo Bufalino
Escribo desde un rincón muy personal sobre un libro que en general me parece admirable desde todos los puntos de vista. Pero como ya he dicho antes, creo que de eso se trata este blog. Este es un libro que invierte los roles de la vida: las experiencias del narrador en un sanatorio italiano, donde todos los habitantes (salvo los doctores) padecen tuberculosis y están en el proceso lento e inexorable de morir. Morir en vida. Creo que esa es la magia de esta novela. Que no es un vulgar intento de llevarnos a sentir lástima y atacar la situación desde un lado obvio, comercial, frívolo. No es la historia trágica de un hombre que muere. Todo lo contrario. Es la historia de un mundo donde la muerte es el único sentido de continuar con vida. Un mundo que ha aceptado tan bien su condición, que de hecho es el mundo de afuera el que lo asusta. Como si para aquellos que están acostumbrados a convivir con el adagio de la muerte, fuera la vida la que les resultara una especie de amenaza.
Y en ese mundo donde se han reinventado absolutamente todas las reglas, se abre frente a nosotros la maravillosa prosa barroca de Bufalino, que da el golpe en la tecla cada vez, que contagia una sensación de ruido, porque no se trata de una prosa sólo estética, sino estéticamente contaminada; desgarradora pero esquiva; vaga y sombría, pero terriblemente humana.
¿Y saben qué? Este es un libro que hace mucho tenía ganas de reseñar, pero por alguna razón siempre terminaba pensando que no era tan buena idea recomendarlo abiertamente. Quizás es un libro para darle a personas específicas. Pero por alguna razón hoy no siento eso. Hoy siento más bien que es un libro tan genial que justamente discrimina a sus lectores según lo que el lector espera encontrar. No porque sea un libro "oscuro", nunca he creído que exista tal cosa. Pero sí es un libro fuerte. Un libro crudo que no es fácil dejar entrar en uno, porque, justamente, nosotros pertenecemos a otro mundo, a un mundo de vivos que caminan entre los vivos, un mundo donde los adioses se programan y se ven como una culminación y no uno donde el adiós es un proceso continuo.
Se lo regalaría a: Esas personas que creen que la vida es larga, o que creen que el futuro es el mejor momento para arreglar las cosas. Cuando la verdad es que, cuando una persona vale realmente la pena, la vida dura un instante.
Whisky con disculpas: Bueno, mi copia de esta novela anda en Lima, así que en unos días les subo el fragmento que verdaderamente quería postear... por ahora les dejo el comienzo que es lo único que tengo porque me lo sé de memoria...
Ficha técnica:
Perorata del apestado - Anagrama
(Compactos); 1998
198p.; 12x19 cm.
ISBN: 8433914952
"O cuando todas las noches -por pereza, por avaricia- volvía a soñar el mismo sueño: un camino color ceniza, llano, que corre a andadura de río entre dos muros más altos que la estatura de un hombre; luego se quiebra, se precipita en el vacío."
lunes, julio 23, 2007
Farewell and goodnight
Pero en el camino a casa me quedo pensando en esta idea y me pregunto, ¿pero no es acaso mucho mejor así? ¿No es mejor vivir sin saber cuándo tiene uno que despedirse, sin programar los adioses más que para la mera coincidencia? Creo que ella recuerda esa historia porque justamente no pudo despedirse. Recuerda su cara, recuerda esa despedida fugaz, recuerda las palabras que todavía le parecen demasiado ligeras para alguien que tiene que dar la única despedida definitiva. Pero creo que es hermoso que no recuerde su nombre. Creo que es hermoso porque de haberse despedido como ella quería, probablemente no recordaría lo que le dijo, no recordaría su rostro porque hubiera detenido ese momento para memorizarlo, y la memoria siempre olvida, a diferencia de la emoción. Recordaría el nombre, claro, pero habría olvidado a la persona. Y es que, cuando uno se despide de algo a sabiendas de que no volverá, termina por recurrir, inevitablemente, al alivio tremendo que nos significa el olvido. En cambio cuando una despedida es fugaz, el siguiente encuentro no es ya un adiós que reivindicar, sino una conversación que se retoma.
miércoles, julio 18, 2007
Ejercicios de estilo // Raymond Queneau
Raymond Queneau es el francés que fundaría ese movimiento literario de los 60' llamado OuLiPo, al que pertenecerían autores de la talla de Georges Perec y el mismo Ítalo Calvino. Con el objetivo de concebir una literatura basada en la restricción formal, el concepto de este movimiento se basaba en auto-imponerse limitaciones al momento de escribir, para luego sortearlas y lograr con ello la aparición de la obra.
Pero en fin, no es este un post sobre el OuLiPo, ni tampoco sobre las muchas excelentes obras que emergieron de ahí. Pasa que con algunos libros, la idea en sí es una especie de representación de lo que uno supone o espera para ciertas cosas en su vida. Quizás eso es lo que me gusta tanto de ese "grupo" de libros que no son una obra para subrayar frases, sino para encontrar una mirada distinta, una visión del mundo que trasciende la nuestra o está colocada en cualquier otro lugar. Así es como leo yo, al menos, este Ejercicios de estilo que tiene mucho y poco de literario. El concepto es sencillo: una historia de lo más cotidiana y trivial. Luego, contarla de 99 formas diferentes, siguiendo un estilo impuesto por el título colocado a cada versión.
Y si bien es cierto el libro es una especie de paradigma para el OuLiPo, yo me pregunto si no es más bien ese continuo preguntarse qué hubiéramos hecho diferente, ese decidir de todos los días de "cómo" o "en qué momento" decimos y hacemos las cosas. Y sobre todo, si una vez dichas no hay vuelta atrás. Si uno no puede simplemente autodeterminar su estilo y cambiar su versión de la historia, si todo eso es una gran mentira o simplemente es una forma de hacer arte. Yo qué sé. No siempre funciona, porque buscar alivio en la realidad probablemente es ingenuo. Pero de vez en cuando me gusta echarle mano a este libro y leer alguno de los ejercicios por azar. Sólo para saber que siempre hay otra forma de leer la misma historia. Y que eso, al fin y al cabo, la convierte en una historia completamente nueva.
Se lo regalaría a: Capaz que este es uno de esos libros que si se los regalas a alguien no entienden por qué diablos se los diste.
¿Tomarían harto whisky?: Porque en la portada del librito este aparece la foto de Queneau haciendo payasadas, y ya una vez había visto una foto de Georges Perec que más bien tiene pinta de vocalista de banda alternativa de rock. Así que ahora me queda la duda de si se reunían a compartir ideas o si todos en el OuLiPo andaban medio pasados de vueltas.
Ejercicios de estilo - Ediciones Cátedra S.A.
1989
164 p.; 13x21 cm.
ISBN: 8437606756
"Notaciones
En el S, a una hora de tráfico. Un tipo de unos veintiséis años, sombrero de fieltro con cordón en lugar de cinta, cuello muy largo como si se lo hubiesen estirado. La gente baja. El tipo en cuestión se enfada con un vecino. Le reprocha que lo empuje cada vez que pasa alguien. Tono llorón que se las da de duro. Al ver un sitio libre, se precipita sobre él.
Dos horas más tarde, lo encuentro en la plaza de Roma, delante de la estación de Saint-Lazare. Está con un compañero que le dice: "Deberías hacerte poner un botón más en el abrigo." Le indica dónde (en el escote) y por qué.
Sueño
Me parecía que todo era brumoso y anacrado en torno mío, con múltiples e indistintas presencias, entre las cuales, sin embargo, sólo se dibujaba con bastante nitidez la figura de un joven cuyo cuello demasiado largo parecía anunciar ya por sí solo el carácter a la vez cobarde y protestón del personaje. La cinta de su sombrero había sido reemplazada por un cordón trenzado. Reñía luego con un individuo al que yo no veía; después, como presa del miedo, se metía en la oscuridad de un pasillo.
Otra parte del sueño me lo muestra caminando a pleno sol delante de la estación de Saint-Lazare. Está con un compañero que le dice: "Deberías hacerte añadir un botón en el abrigo."
En eso, me desperté.
Metafóricamente
En el centro del día, tirado en el montón de sardinas viajeras de un coleóptero de abdomen blancuzco, un pollo de largo cuello desplumado arengó de pronto a una, tranquila, de entre ellas, y su lenguaje se desplegó por los aires, húmedo de protesta. Después, atraído por un vacío, el pajarito se precipitó sobre él.
En un triste desierto urbano, volví a verlo el mismo día, mientras se dejaba poner las peras a cuarto a causa de un botón cualquiera."