miércoles, mayo 21, 2008

Armas en arados

Vuelvo convertido en el hombre fuerte cuya mirada es capaz de devastar a quienes una vez me hicieron daño. Ya no le temo a los espejos ni a las muchachas de ojos claros ni a los imbéciles de migraciones ni a las calles y sus reflejos.

Y sin embargo, no busco venganza ni despertar envidia. Busco simplemente el tránsito ligero de quien da un paso sin pensarlo y puede por eso darse el lujo de olvidarlo.

Quizás por ello me he vuelto tan implacable. Sí. Quizás en eso consiste esta fortaleza forjada de cicatrices. En volver convertido en sanador a donde una vez fui un asesino.

domingo, mayo 11, 2008

Delirio // Laura Restrepo

No sé, nunca he sido muy fanático de los premios Alfaguara. Alguna época les daba un poco más de importancia, pero definitivamente son más mercadeo que otra cosa. Puede que ligue como puede que no. Nada que ver con, por ejemplo, el premio Herralde, donde cada año te preguntas qué tan bueno será el libro, pero sabes que de 3.5 no baja. He leído premios Alfaguara que he calificado con menos de 2 estrellas en mi ranking personal. Ya, desde luego eso no quiere decir nada, es una visión absolutamente propia, pero creo que hay libros que, francamente, me han hecho perderle un crédito tremendo a esta editorial. Por ejemplo, El turno del escriba, una novela que es un ejemplo perfecto de un avión que llega a una aceleración brutal en tierra, pero que nunca llega a despegar. Tampoco soy un fanático de Abril rojo. He tenido varias discusiones al respecto, pero en fin.

Delirio llegó a mí en la forma de un regalo. Mi hermana (vaya un beso grande para ella en su primer día de la madre) me lo regaló unas vacaciones, el día antes de que yo me volviera a Argentina. Me dijo que lo había leído y que a ver qué me parecía. La llamé a los pocos días diciéndole que lo había empezado y que estaba muy emocionante. Al día siguiente no toqué el tema del libro hasta que ella me preguntó. Y tuve que decirle la verdad: "como que la segunda mitad decepciona, ¿no?". "Psé", me dijo ella, "pero quería saber si era solamente yo".

Mirando mi ranking, veo que le puse 2.5. Eso significa "pudiste ser mucho mejor...". Capaz es un poco abusivo, pero creo que quizás no hubiera sido tan duro con ella si no tuviera el rótulo gigante de cuchucientasmil copias vendidas y ganadora del premio y demás. El argumento es francamente brillante: un hombre vuelve de un viaje y encuentra a su mujer completamente loca. Cómo y por qué ha ocurrido tal cosa es lo que se propone descubrir, y entra así, sin pretenderlo, a un mundo oculto y peligroso, donde se mezclan el narcotráfico, la guerrilla colombiana y el misterioso pasado de su mujer. La novela posee pasajes verdaderamente abrumadores y emocionantes, y llega a un clímax quizás demasiado temprano, porque de un momento a otro, como es la locura, todo lo que se había construido con minuciosidad y calma termina por derrumbarse antes de tiempo, dejándonos con varias páginas todavía por leer, pero que podrían tranquilamente no estar más allí. En fin, odio cuando eso pasa. Hay novelas que levantan vuelo demasiado tarde, como hay otras que caen antes de tiempo. Ambas cosas son imperdonables, pero lo primero es considerablemente menos grave. Delirio termina por convertirse en un ejercicio que fracasa al ligarse demasiado a otras novelas semejantes a su generación, al alejarse de su argumento simple pero terriblemente envolvente y efectivo.

Pero para no ser cruel con esta novela, creo que vale la pena decir que sí la recomiendo. No me la compraría, pero sí diría que vale la pena pedirla prestada y echarle un ojo. Deja el sinsabor de que pudo ser algo más, pero por otro lado sus buenos momentos también la hacen una novela que no se olvida fácilmente. Lo que es yo, no vuelvo a comprar un premio Alfaguara solo por el rótulo, claro está. Pero tampoco dejaré de estar atento a los andares de Laura Restrepo. Puede ser que, como otros antes que ella, llegue el momento en que despegue y todo haya valido la pena.


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Recomendable: Para cuando queremos algo muy sudamericano, que te sumerja muy rápido y que no te cree grandes expectativas.
Se lo regalaría a: Alguna persona de esas que conoces una noche y con la que te llevas increíble, pero cuando siguen viéndose descubres que fue cosa del momento.

Ficha técnica:

Restrepo, Laura
Delirio - Alfaguara
2004
352 p.; 24x15 cm.
ISBN: 958-704-145-3










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"Supe que había sucedido algo irreparable en el momento en que un hombre me abrió la puerta de esa habitación de hotel y vi a mi mujer sentada al fondo, mirando por la ventana de muy extraña manera. Fue a mi regreso de un viaje corto, solo cuatro días por cosas de trabajo, dice Aguilar, y asegura que al partir la dejó bien, Cuando me fui no le pasaba nada raro, o al menos nada fuera de lo habitual, ciertamente nada que anunciara lo que iba a sucederle durante mi ausencia, salvo sus propias premoniciones, claro está, pero cómo iba Aguilar a creerle si Agustina, su mujer, siempre andaba pronosticando calamidades, él ha tratado por todos los medios de hacerla entrar en razón pero ella no da su brazo a torcer e insiste en que desde pequeña tiene lo que llama un don de los ojos, o visión de lo venidero, y solo Dios sabe, dice Aguilar, lo que eso ha transtornado nuestras vidas."
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sábado, mayo 03, 2008

Acúname, muchacha, no te conformes con no oír

Recordar aquello que me hizo ser un niño. Y todo lo demás. Haberme alimentado de mis juegos a escondidas.

Tú estás loco, paras inventando historias.

Y saber que es cierto y escuchar

que debes ser más serio y buscar a Dios,

pero quizás primero debes buscar en ti, me dije, y escribí una historia. Los caballos la oyeron, los amigos se fueron, los padres evitaron encontrarla, los profesores dijeron

no,

eso no se parece a Dios.

De qué te quejas ahora. ¿Volver a ser un niño? Date cuenta: siempre, siempre has estado solo.

martes, abril 29, 2008

El orden natural de las cosas // António Lobo Antunes

A los que se dan el tiempo para leer esta reseña. Les guste o no.

Me gustan los animales, los cementerios y las fotos. Hay en ellos una cualidad que no he encontrado nunca en nadie más, y esa es la cualidad de escuchar. Por eso quizás siempre me he decepcionado tanto de tantas personas. Mi perro nunca me ha dicho que no tiene cinco minutos para leer un párrafo que escribí con cariño. Claro que nunca lo ha leído tampoco, pero al menos hace el esfuerzo olisqueando un poco mi cuaderno y dejándose acariciar detrás de las orejas. Y nunca me ha salido con eso de que uno no debe estar triste porque se ve mal. No le importa en absoluto mientras le permitas estar contigo. Y yo se lo permito a casi todos. Si soy sincero, quizás él es el único que se lo ha ganado.

Pensando un poco en todo esto, dándome cuenta de lo terrible que es dejarse matar de a pocos por un silencio que me ha hecho olvidar cómo es mi voz, redescubro este libro, quizás uno de los más perfectos que he leído nunca. Probablemente uno de los mejores y ya. Un libro lleno de voces que nadie oiría de otro modo, un narrador que es Lobo Antunes y no es. Una voz que se pierde entre el ruido de otras. Siempre he adoptado ese paradigma para mi obra y siempre he declarado que Lobo Antunes es una de mis grandes influencias. Pues a esto se debe. A este silencio que Lobo Antunes me hace creer que puede ser vencido con un libro extraordinario como este.

Por cierto, tuve la suerte de ver a Lobo Antunes en la feria del libro de Buenos Aires hace ya unos años. Creo que es uno de los momentos más memorables que he vivido literariamente hablando. Dijo algo que no olvidaré nunca y es que los escritores tienen la facultad de dar voz a quienes no la tienen. Y esa idea me resultó cierta y terrible como una verdad que se lleva a cuestas, pero con orgullo. Hay mucho de eso, por ejemplo, en Rigor mortis. Lo cual me lleva a preguntarme si, finalmente, la voz propia se termina por extinguir en ese afán por llevar otras al renacimiento. Supongo que no lo sabré hasta que sea demasiado tarde o ya no importe más.

En cuanto a este libro, decir es decir de más. Monólogos sobre la muerte, que se entrelazan en historias personales y delirios de locura, pasión, amor o soledad, y que se hunden debajo de ese olor a muerte que parece venir no solo de la pluma del narrador, sino también de los vientos que soplan en Portugal, un mundo lleno de cigüeñas que parecen llevar malos presagios, campos donde se esconden secretos que son revelados por la mano finísima y el escalpelo implacable de Lobo Antunes. Un diálogo de alguien que nos obliga a oír aunque no estemos acostumbrados a ello.

Y entre tantas cosas, este libro me recuerda que es posible ser oído, aunque solo sea entre una línea y otra. De otro modo, escribir sería vano, me digo, y todo esto que intentas en tu vida diaria, un intento absurdo por negar el orden, el orden natural de las cosas.

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Recomendable: Cuando el mundo no te presta sus oídos y necesitas encontrarlo entre tus propias voces.
Se lo regalaría a: Un par de personas que conozco. Para que sepan la importancia de detenerse a escuchar. La diferencia que puede hacer.
Whisky triple: Este es el segundo libro de una trilogía sobre la muerte de Lobo Antunes, iniciado por Tratado de las pasiones del alma y seguido por La muerte de Carlos Gardel. Aquel ya reseñado en este blog, este también altamente recomendable.

Ficha técnica:

Lobo Antunes, António
El orden natural de las cosas - Siruela
312 p.; 14 x 22 cm. - (Biblioteca Lobo Antunes) ISBN: 9788478444502







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lunes, abril 28, 2008

Alogia

La vida es cruel en ese sentido. No te da a nadie que quiera oír, te da a demasiados que necesitan ser oídos y te ha concedido, como si fuera un don, la capacidad de hablar por otros. Nadie parece descubrir, sin embargo, que entre tantas voces la tuya está enterrada, como un susurro de auxilio que se pierde entre los labios.

viernes, abril 25, 2008

La autopista del sur // Julio Cortázar

Hace un tiempo pensé que sería buena idea dejar de postear sobre cuentos y poner el libro completo. Pero después me recordé por enésima vez que este blog es mío y que si no me da la gana de que haya reglas no las hay y punto. Entonces el miércoles, mientras dictaba una clase, sugerí este título como un ejemplo perfecto del absurdo irrumpiendo en la realidad pero manteniendo la verosimilitud de la trama. Cuestión que luego vuelvo a mi casa, me doy cuenta que me volví a meter al cubo (expresión con pronta explicación en mi siguiente libro), y redescubro mis propia sugerencia cuando me doy cuenta que ese cuento es una metáfora de mis días recientes.

Eso es estar en el cubo, pero lo que es peor, acostumbrarte a él. Es decir, aceptar que no se puede salir y por lo tanto empezar a decorarlo y armar nuestra vida en el sistema mínimo que el cubo nos permite. Y creo que no puede haber metáfora más perfecta que esta (particularmente si vives en Lima en estos días en que el tráfico es una verdadera cárcel. Dicho sea de paso, vaya un aplauso para todos los que planificaron destruir la ciudad sin que nos demos cuenta, nos agarraron a todos, ¡muy buen trabajo!). En fin, lo interesante de este cuento es que el protagonista termina por volverse un amante de su prisión. No con la nostalgia amor/odio con que se vive en un encierro, sino con una verdadera adaptación a ese cubo del que hablo: un volverse parte de su fauna, un convertirse en el ser del cubo.

Y también el qué pasará si se destruye ese mundo perfecto y conocido en que se ha convertido la prisión que creíamos eterna. Mirar alrededor, pedir que dure unas horas más porque se sabe que cualquier encierro es solo temporal, que tarde o temprano aparecen las llaves, se desgastan las paredes, se termina la condena o sencillamente la inexorable muerte aparece para liberarnos.

¿El argumento? Un atasco de tráfico tan largo que obliga a las personas atrapadas en él a crear una nueva forma de vida: crean un sistema organizado, empiezan a buscar alimento y compartirlo y crean una sociedad en torno a ese atasco, una sociedad en la que todo funciona de acuerdo al encierro al que se han visto obligados: para sobrevivir, para encontrar las necesidades básicas y las no tan básicas, para encontrar el amor, la esperanza, ulteriormente, la vida.

No me quiero preguntar qué va a pasar conmigo cuando se disipe el encierro. Hay días que son para dormir y no para responderse preguntas. Al menos no para responderlas bien. En cuanto a Cortázar, he reseñado mucho de él en este blog, pero qué les puedo decir... Tiene demasiados cuentos a los cuales echar mano para esos días de estática.

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Recomendable: Para cuando estás en el cubo, pero no quieres salir, sea por la razón que sea.
Se lo regalaría a: Este año, a todos los que están esperando en el tráfico a que el auto del frente se mueva un centímetro.
Este cuento está en: Todos los fuegos el fuego (1966).
Whisky con link: La autopista del sur

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"A la cuarta vez de encontrarse con todo eso, de hacer todo eso, el ingeniero había decidido no salir más de su coche, a la espera de que la policía disolviese de alguna manera el embotellamiento. El calor de agosto se sumaba a ese tiempo a ras de neumáticos para que la inmovilidad fuese cada vez más enervante. Todo era olor a gasolina, gritos destemplados de los jovencitos del Simca, brillo del sol rebotando en los cristales y en los bordes cromados, y para colmo sensación contradictoria del encierro en plena selva de máquinas pensadas para correr. El 404 del ingeniero ocupa el segundo lugar de la pista de la derecha contando desde la franja divisoria de las dos pistas, con lo cual tenía otros cuatro autos a su derecha y siete a su izquierda, aunque de hecho sólo pudiera ver distintamente los ocho coches que lo rodeaban y sus ocupantes que ya había detallado hasta cansarse. Había charlado con todos, salvo con los muchachos del Simca que caían antipáticos; entre trecho y trecho se había discutido la situación en sus menores detalles, y la impresión general era que hasta Corbeil-Essones se avanzaría al paso o poco menos, pero que entre Corbeil y Juvisy el ritmo iría acelerándose una vez que los helicópteros y los motociclistas lograran quebrar lo peor del embotellamiento. A nadie le cabía duda de que algún accidente muy grave debía haberse producido en la zona, única explicación de una lentitud tan increíble. Y con eso el gobierno, el calor, los impuestos, la vialidad, un tópico tras otro, tres metros, otro lugar común, cinco metros, una frase sentenciosa o una maldición contenida."


domingo, abril 13, 2008

Estática

¿Por qué no me miras a los ojos y descubres lo que quiero decir? Tú haces todo lo que pretendemos de la vida y luego lloras en silencio sin que yo pueda alcanzarte, pero,

muchacha, tú sabes, tú eres la pieza, eres el baile cuando quiero bailar solo, tú congelas al mundo con tu brillo y tu belleza despreocupada,

paralízame también.

Déjame tan quieto como a un distraido que se te cruza.

Déjame inmóvil.

Esa es la maldita consecuencia de tu amor que es solo una perfecta comprensión, o este lujo de pasar tanto tiempo contigo.

Tú ríes y el mundo se detiene a verte y

paralízame también, amor, no me dejes moverme mientras eres tú misma,

tú eres la historia y la canción y el centro del que todos esperan ver girar al mundo, ¿me dejarías soñarte un día más? Quiero hacer que dure algunas horas,

quiéreme también

para no descubrir nunca si te amo o en realidad solo deseo ser tú.

jueves, marzo 27, 2008

Tommaso y el fotógrafo ciego // Gesualdo Bufalino

Amo la lluvia. Creo que es lo que más extraño de Buenos Aires. En Lima no llueve, aunque es cierto que el tener el mar tan cerca me hace olvidarme a menudo de ese detalle. Pero lo cierto es que hay pocas sensaciones parecidas a caminar bajo la lluvia oyendo música o echarse en la cama con un buen disco de fondo mientras la música se mezcla con ese ruido delicioso de gotas derramando en el cristal. Puede ser que el invierno todo me gusta. Que el invierno es uno de mis temas recurrentes y demás.

Lo pensaba hace unos días, cuando me sentía encerrado en un cubo. Una amiga me dijo que dibujaba cubos cuando se sentía encerrada. Así que cuando me sentí acorralado, lo practiqué. Supongo que mi amiga debe hacerlo en papel, pues ahora mi pared está llena de cubos y mi casa llena de preguntas al respecto. En fin... pero al final también me di cuenta que un cubo puede convertirse en un refugio si uno le pone las condiciones. Debería decírselo a mi amiga, que tan a gusto se siente conmigo en Arkabas, nuestro refugio del mundo. Desde aquí puedo contemplar el universo, salir y hacerle frente con una fuerza renovada; saber que hay cura para cualquier herida, en fin, dejarme llevar por el ruido que tanto me place escuchar. Pero eso sí, siempre me va a faltar la lluvia. La lluvia que representa esa excepción: la posibilidad de sentirme pleno en el mundo de allá afuera, de disfrutar el daño del mundo como siendo invulnerable a él al saberse dueño de un rincón propio, intocable.

Y todo esto no es más que una forma de vida. Una forma de vida que ya el maestro Bufalino se preocupó de convertir en una novela. Una novela fantástica, claro está. Como todo lo que hace Bufalino. Esta, su última novela (y para muchos su mejor obra), nos cuenta la historia de Tommaso Mulè, un conserje, o portero, ex-periodista y escritor, que se ha refugiado en el sótano de un edificio italiano y desde allí observa al mundo con una visión crítica, inquisitiva, artística. Por una de aquellas peripecias de la vida, se ve involucrado en un extraño incidente que lo obliga a repensar su confinamiento y optar por la posibilidad de resolver un misterio que solo él puede ver como un hecho concatenado.

Extraordinaria combinación de metanovela y experimentación lingüística, Tommaso y el fotógrafo ciego es una construcción desconfiada y desconfiable, donde el lector se ve a menudo cuestionándose la confiabilidad del narrador, de los hechos, de la novela en sí, no solo de esta, sino de cualquier tipo de creación mental.

Absolutamente imprescindible, esta novela 5/5 estrellas es una verdadera joya entre la constelación literaria de Bufalino, de la literatura italiana y del universo de las letras.

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Recomendable: Para cuando la agorafobia nos toma por completo y el mundo se convierte en un observatorio silencioso.
Se lo recomendaría a: Esas personas que prefieren sentarse en las esquinas de los cafés para observar a la gente.
Whisky con disculpas: No encuentro la portada del libro, ni siquiera en la página oficial. Maldito Herralde.

Ficha técnica:

Bufalino, Gesualdo
Tommaso y el fotógrafo ciego - Anagrama (Panorama de narrativas)
1998
240 p.; 13x20 cm.
ISBN: 8433908561

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"De niño me encantaba el rumor de la lluvia. Por las mañanas, sobre todo, en la duermevela cuando la sentía llegar confusamente a mis oídos, entre los vapores de un sueño plomizo, con el estrépito de una pajarera; o bien emulando el ruido de pisadas, de muchos pies, como una marcha o un sálvese quien pueda.

'¡Aquí estamos! ¡Llueve!', me decía una voz sin sonido. Un simple anuncio nada más, pero suficiente para suscitar en mí un estado de alegre inquietud..., una especie de omnibulación de los setidos que, libres ya de los fantasmas de la noche, ofrecían a los albores de la conciencia una golosa y plácida limpieza de la mente. Sabía entonces que era hora de levantarme de la cama, de lavarme, de vestirme..., pero me sentía demasiado tentado a disfrutar un poco más de las últimas escaramuzas entre las gotitas de agua de los cristales, cuya cadencia se acompasaba a la música que surgía dentro de mí unas veces apresurada, otras grave..., ora rock, ora misa cantada."

martes, marzo 25, 2008

Juramento de la lluvia

Yo tengo un pacto con la lluvia, muchacha: yo me dejo empapar por ella, siempre que aparece salgo vestido de gala para que arruine mis mejores trajes y jamás, por nada de este mundo, cargo conmigo un paraguas. A cambio, tengo la libertad de esperanzarme en una recompensa cualquiera. Y mi única recompensa hoy por hoy puedes ser tú. La lluvia no es benevolente, y eso me reconforta. Me empapa como si el mar me cubriera y se volviera una segunda piel sobre la mía, me hiela desde los nervios hasta el alma, me hace desear estar en casa, me hace desear estar contigo. Y jamás amaina cuando estoy, por ejemplo, esperando por un colectivo, cuando simplemente estoy fuera y por ese pacto no camino bajo los balcones sino en la intemperie, para permitir que me torture de esa manera dulce y enervante que sólo conoce la lluvia, entre sus tantos secretos. No, no es benevolente. Aprovecha toda promesa para obligarte a cumplirla hasta la infinitud. Pero de la benevolencia uno no puede esperar más que piedad, compasión, ayudas que no hacen demasiada diferencia. En cambio de la lluvia, de una lluvia que se niega a darme nada a cambio, sé exactamente qué esperar. Y lo único que yo logro arrancarle con las uñas empapadas por su velo eterno desdoblándose sobre mí, lo único que espero, es la espera misma. Es este vivir ya no soñándote, sino amaneciendo de los sueños para esperar que se me cumplan. Me hago fuerte esperándote porque mis dolores son insoportables pero solo quiero transitarlos, solo quiero estar mientras el tiempo se regocija y saber que tú estarás algún día, que mi esperanza aún la llevo conmigo y todo, pese a todo, con todo, sobre todo lo demás. Te extraño y te seguiré extrañando. Pero si la lluvia aún no ha roto con el eco de mi voz, si mis palabras te han llegado, tal vez algún día podamos pararnos bajo la lluvia y saber que es la misma en cada lado del espejo, del mundo, de estas ciudades que nos son ajenas. Quizás ambos podamos sonreír para sentirnos cerca, cerrar los ojos. Y ahí, al abrirlos, descubrir que estamos juntos, mirando el mar, extrañándonos por gusto, porque nuestras miradas convergen y nuestras manos se han enmarañado en una dulzura infinita que solo conoce aquél que ha aprendido, después de tormentas y marejadas, a esperar.

miércoles, marzo 12, 2008

Rigor mortis // Daniel Zúñiga-Rivera

Por Gladys (Arkabas)

Conocí a Daniel cuando decidimos formar la Editorial Arkabas. La empresa respondía a un sueño de Daniel y a un despertar en mi vida. Golpeada por la muerte de mi padre y la de mi hermano, decidí que no podía dejar mis ideas dormidas. Me lo debía y se lo debía a quienes, sin desearlo, me habían dejado perdiendo en el camino la posibilidad de terminar sus sueños o empezar algunos. Y así empecé a escribir hace un poco más de tres años y cada palabra, cada letra que puse en esa historia me llevaron, sin proponerlo, hasta aquí, hasta Daniel, hasta Arkabas.

Una tarde en la que estábamos organizando todo lo de la editorial, Daniel llegó con su manuscrito y con un favor en la boca. Me estaba dando el honor de reseñarlo y acompañarlo en el panel de su presentación.

No les voy a mentir, tenía miedo, porque el libro se titulaba Rigor mortis y yo, hacía muy poco, había enterrado bajo “mil metros” (guiño al primer libro de Daniel) un pedazo de mi corazón. Miedo a la presentación, miedo a la reseña, miedo a la muerte o más bien, como diría Daniel, miedo al ruido que deja la muerte.

Pero Daniel esta vez venía con una sorpresa. Algunos días después llegó el epílogo y encontré que Rigor mortis guarda para el lector la inequívoca certeza de que la esperanza es ineludible. Una esperanza real, tangible, tan tangible, que me miré al espejo y me vi envuelta en esa esperanza.

Rigor mortis
es una canción de muerte que llega a los oídos con clarísima definición. Los cuentos están escritos con una narrativa poética que nos desgarra el corazón y nos permite estar atentos al ruido, a la disonancia que produce la separación. Decidí leerlos mientras escuchaba el preludio del tercer acto de la Traviatta y encontré que Daniel, como Verdi, canta la muerte no canta sobre la muerte.

Y si en este punto ya se asustaron, quiero decirles que Daniel hace ver que estamos equivocados al escaparnos del tema de la muerte, porque al esconderlo nos ocultamos a nosotros mismos que solo sentimos la ausencia aquellos que hemos sido capaces de amar profundamente.

Recomiendo Rigor mortis porque sus relatos escritos en prosa musical nos llevan de la mano por los sentimientos de ausencia, abandono, soledad, impotencia y hasta miedo. Desmenuza con un estilo único las diferentes presencias de la muerte. Nos las entrega desde las miradas diferentes de sus aun más diferentes personajes y porque sus cuentos nos obligan, irremediablemente, a encontrar respuestas a nuestras propias muertes o a las ajenas. Léanlo, aunque le tengan miedo al tema. No solo porque al final nos entrega un mensaje de esperanza sino también para que se deleiten con su manejo del lenguaje.

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Recomendable: Para cuando creas que no hay muertes mejores.
Se lo regalaría a: A algún pata light, para que aprenda. Para que aprenda lo que es sentir de verdad.
Whisky con personalidad: Si este libro tuviera personalidad estaría vedado por la Iglesia porque sería a veces mujer y a veces hombre, dependiendo quien lo lea o quien llore con el.
Whisky en venta: Editorial Arkabas distribuye este libro. Así que si te da flojera ir a la librería, llámanos al 446-3517 y pide tu libro autografiado (nada de discriminaciones, hacemos envíos al exterior).

Ficha técnica:

Zúñiga-Rivera, Daniel
Rigor mortis - Mundo Ajeno Editores (Narrativa)
2008
74 p.; 13x21 cm.
ISBN: 978-603-45167-1-7




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"Toma a mi costado un puñado de esta arena y llora mientra la alzamos, soltando despacio la tierra alrededor, y las cenizas volarán con el viento a través de las montañas, y llevarán el grito de esas voces que no pueden gritar, y llevarán la canción que hemos aprendido a un lugar donde las piedras han caído y alguien necesita oirla cantar; toma este puñado conmigo, y esparce ese polvo plateado para que llegue lejos; a mi lado, siembra sus fragmentos en las grietas de mi corazón álgido, dame un color que no sea el que me da el silencio, dame un color que me deje olvidar ese destello y recuéstate a mi lado; siente los golpes de la tierra como un corazón luciente de calor, un murmullo que si escuchas bien (oyes los compases), se empieza a volver una melodía que llega a los oídos de ese pueblo tan lejano..."

domingo, marzo 09, 2008

Un intermedio

Sé que ahora tocaría una reseña, pero...


Han sido cuatro años desde la última vez que presenté un libro. En ese entonces pensaba que posiblemente no querría volverlo a hacer. No porque fuera una mala experiencia, sino porque descubrí que publicar es un oficio muy distinto al de escribir. Pero los años pasan y uno conoce gente que lo hace a uno renovarse. En cuatro años no solo cambié de opinión, sino que me convertí en editor para ayudar a otros a pasar por este proceso. Ahora me tocó a mí.

Este miércoles 12 de marzo a las 7 pm, en el Jazz Zone (Av. La Paz 646, Miraflores -en el centro comercial El Suche, al lado del hotel Maria Angola-), presento Rigor mortis, mi segundo libro. Y me parece mentira. Quería compartirlo con ustedes y, desde ya, están todos invitados a la presentación (le regalo un whisky doble a todos los que me digan que han llegado por intermedio del blog). A los que no viven en Perú pero les interesa el libro, abajo les dejo el link para que se contacten con la editorial y puedan hacer sus pedidos.

Gracias mil. Salud con todos.

Links:

miércoles, marzo 05, 2008

Ella dijo no me dejes nunca

Hubiera preferido amarte que morir. Y sin embargo, estoy aquí, tan muerto como aquel día en que despertamos juntos y no sabíamos qué hacer. Yo no soy feliz así. Sé que tú podrías serlo, pero también que hoy lloraste sobre mí y que no mentiste cuando dijiste "te necesito". Yo cavo mis tumbas con las manos lastimadas, pero las contemplo antes de entrar. Como si no pudiera evitar disfrutar la sensación del entierro en vida. Y aun así preferiría amarte.

Belle & Sebastian suena teatral con las luces apagadas, pero prefiero no meterme con los discos apropiados para momentos así. David Lynch distrae, me separa de la realidad donde me dolerías tanto, pero finalmente ni siquiera él puede evitar la parte de los créditos. Mi perro me presta atención hasta que el sueño le gana y la hora me va haciendo saber que también para mí es hora de dormir, que mañana habrá que trabajar, que despertaré así como he muerto, lastimado, cansado, lleno de pensamientos sobre presupuestos, libros, frases inconclusas, esos besos que uno le roba al tiempo, esa sensación de tenerte echada junto a mí y desear que todo acabe antes de que también nosotros tengamos que bajar el telón. Preferir amarte, desgarrarnos mutuamente, pretender que podemos olvidarlo todo, que somos otras personas. Pero sé también que al despertar continuaré quieto, con el mismo dolor, escuchando el mismo ruido. Todo, en fin, todo, pero nunca, nunca decir adiós.