Habrás vivido para descubrir
que los días pasarán cambiando de color,
un paseo sublimal a fuerza de volvernos viejos. Pero ya no podríamos esperarnos en los refugios de siempre, en el poyal de la chimenea junto al fuego fatuo.
Tal vez ya te he dejado,
quizás ahora entiendo que los finales los escriben los momentos que no esperamos.
Ya ni siquiera procuré buscarte,
inerme como siempre he sido, anclado a mi vereda, mirando todo retorcerse, terminando de entender
que ni siquiera puedes verme, que ya estoy demasiado lejos.
Ha sido un día feliz.
Has de haber oído los silbidos ceseantes de la estación que llega,
de los ciclos y las cosas que han caído en gigantescos agujeros invisibles,
donde cae también la posibilidad de olvido,
la palabra que enseña a desaprender
el idioma en que decimos los finales.
Y sabré que no podrías alcanzarme, que el dolor de todo lo que no dolía irá desvaneciéndose
y yo estaré tan lejos.
que los días pasarán cambiando de color,
un paseo sublimal a fuerza de volvernos viejos. Pero ya no podríamos esperarnos en los refugios de siempre, en el poyal de la chimenea junto al fuego fatuo.
Tal vez ya te he dejado,
quizás ahora entiendo que los finales los escriben los momentos que no esperamos.
Ya ni siquiera procuré buscarte,
inerme como siempre he sido, anclado a mi vereda, mirando todo retorcerse, terminando de entender
que ni siquiera puedes verme, que ya estoy demasiado lejos.
Ha sido un día feliz.
Has de haber oído los silbidos ceseantes de la estación que llega,
de los ciclos y las cosas que han caído en gigantescos agujeros invisibles,
donde cae también la posibilidad de olvido,
la palabra que enseña a desaprender
el idioma en que decimos los finales.
Y sabré que no podrías alcanzarme, que el dolor de todo lo que no dolía irá desvaneciéndose
y yo estaré tan lejos.
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on martes, noviembre 03, 2009
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dolor,
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