La vida es cruel en ese sentido. No te da a nadie que quiera oír, te da a demasiados que necesitan ser oídos y te ha concedido, como si fuera un don, la capacidad de hablar por otros. Nadie parece descubrir, sin embargo, que entre tantas voces la tuya está enterrada, como un susurro de auxilio que se pierde entre los labios.
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on lunes, abril 28, 2008
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